Comisiones municipales
Barcelona convocará una reunión extraordinaria con el puerto ante el aumento de la llegada de cruceristas en 2026
Los desembarcos de barcos turísticos subieron durante el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo de 2025, en el que se rozaron los cuatro millones de turistas que atracaron en la ciudad
El Port de Barcelona advierte que erradicar los cruceristas en escala no resolvería la saturación turística

Cruceros en el muelle Adossat del Port de Barcelona. / Ferran Nadeu

La llegada de cruceristas a Barcelona subió en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo periodo de 2025. Los datos municipales apuntan a que los desembarcos de cruceros que atracaron en el puerto experimentaron un crecimiento interanual del 23,2% en enero, un 20,3% en febrero y un 48% en marzo, mientras que descendieron un 16,1% en abril respecto al mismo mes del año pasado. Basándose en esa evolución, el Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado este miércoles en la comisión de economía que se convoque con urgencia una sesión extraordinaria del consejo para la sostenibilidad de los cruceros. En el organismo participan el consistorio, la autoridad portuaria, instituciones como la Generalitat o la delegación del Gobierno y diversas entidades, como patronales empresariales, sindicatos y asociaciones de vecinos.
ERC ha formulado la petición, que ha cosechado el apoyo del PSC, Barcelona en Comú y los republicanos. Junts se ha abstenido y PP y Vox han votado en contra. El teniente de alcalde de Turismo, Jordi Valls, ha reiterado que el gobierno socialista de la ciudad tiene “la voluntad de reducir los cruceros que hacen escala” en Barcelona hasta el punto de erradicarlos, como anunció el alcalde, Jaume Collboni, la semana pasada. “No aportan valor añadido”, ha alegado Valls. Ha añadido que el ejecutivo municipal pretende tomar una “posición fiscal muy agresiva” para desincentivar a los barcos turísticos que fondean durante menos de 12 horas en el puerto.
El ayuntamiento quiere subir el impuesto de cuatro a ocho euros a los cruceristas de escala a partir del año que viene y que la Generalitat levante el tope para que el recargo pueda elevarse aún más. El comisionado de Turismo del consistorio, José Antonio Donaire, ha afirmado que el incremento de la tasa sería un “elemento desicentivador” para tratar de conseguir que “no haya ningún crucero de escala”. Ha apuntado que los pasajeros de esas embarcaciones “tienen un impacto muy fuerte sobre Barcelona y hacen un gasto muy reducido”. Ha cuantificado que “le cuestan 3,1 euros a la ciudad y dejan solo 3,3 euros en términos fiscales”, aparte de la masificación que generan sobre todo en Ciutat Vella y otros impactos negativos que ha enfatizado que se quieren evitar.
Ritmo de récord
El concejal Jordi Coronas (ERC) ha observado que la actividad crucerista “no solo no ha disminuido, sino que crece de forma sostenido a ritmo de récord”. En todo 2025, casi cuatro millones de cruceristas hicieron parada en Barcelona, un 9,3% más que en 2024. El republicano ha augurado que el aumento puede proseguir hasta 2030 y llegarse a los cinco millones de turistas procedentes de cruceros. “Ante el aumento de la actividad de los cruceros, no basta con plantear espacios de debate o buenas intenciones, como el deseo del alcalde de que se reduzcan los cruceros, lo que hasta ahora no se traduce en cifras oficiales”, ha cuestionado Coronas.
Jordi Rabassa (BComú) también se ha declarado escéptico con el anuncio de Collboni. “Decir que queremos cero cruceros de escala y no explicar qué cantidad de cruceristas implica el resto de cruceros con salida o entrada del puerto es prácticamente no decir nada”, ha discutido. Aunque ha respaldado que se cite, Rabassa cree que el consejo para la sostenibilidad de los cruceros “servirá de poco” y ha reclamado “implicación política” para poner coto a los “turistas ‘fast food’”.
Joana Ortega (Junts) ha defendido que su grupo se abstuviera para tolerar que la sesión de debate se organice. En todo caso, se ha desmarcado de lo que ha juzgado como una “mirada simplista” sobre el fenómeno turístico y un postulado “demasiado centrado en el decrecimiento”. Ha apelado a que Barcelona ha de ser una “ciudad abierta”, que el puerto es un “gran activo económico y estratégico” de la ciudad y que el turismo de cruceros “puede ser una oportunidad bien gestionada” para generar actividad económica y puestos de trabajo. Víctor Martí (PP) ha reprochado que los partidos de izquierda observen el turismo como un “problema” al que poner más límites y Gonzalo de Oro (Vox) ha desechado la proposición por considerarla criminalizadora.
Valls ha compartido que el puerto y el turismo son claves para la economía de Barcelona. “¿Pero el turismo puede hacer que Barcelona muera de éxito? Sí, claramente”, ha advertido. A su vez, ha destacado el acuerdo para que el puerto reduzca de siete a cinco las terminales de cruceros en 2030. “Más tarde o más temprano harán que se reduzca el número de cruceristas, lo más importante es la reducción del 16% en la capacidad de acogida de las terminales”, ha apreciado Donaire. “De facto, hablamos de un PEUAT en el puerto”, ha equiparado el comisionado, haciendo un paralelismo con el reglamento que restringe la apertura de hoteles en las zonas turísticas de la urbe.
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