La visita de León XIV
El padre Faustin, rector de Sant Agustí: “Omella me dijo en septiembre que teníamos que arreglar la iglesia por si venía el Papa”
El sacerdote hizo de chofer a Robert Prevost en Tanzania en 2003: “Mi madre me dijo que no sería cura porque era un trabajo de blancos, pero un día vi a un obispo negro y supe que era posible"
Dos filipinos y dos tanzanos: así es la orden de "contrabandistas de la fe" del Papa en Barcelona
El Papa visitará la parroquia de Sant Agustí del Raval la mañana del 10 de junio

El padre Faustin sostiene una foto del papa León XIV, el pasado martes en la parroquia de Sant Agustí. / Ferran Nadeu / EPC

El padre Faustin John Mlelwa, rector de la parroquia de Sant Agustí, en el Raval, está francamente cansado. Le duele un pie: “Parece que los zapatos no son buenos”. Pero sobre todo está muy cansado de atender a todos los periodistas que le han preguntado por el papa León XIV, a quien conoció en Tanzania, donde compartió un largo viaje con él, y que visitará su iglesia durante el viaje que hará a Barcelona los días 9 y 10 de junio. En Sant Agustí, el Papa se reunirá con entidades sociales.
El padre Faustin nació en 1962 en el sur de Tanzania, en la provincia de Njombe, “en un pueblo perdido allá por la sabana. Se llama Mabanda. Ahora vive mucha gente, 10.000 personas, entonces solo había 300. Ahora hay cinco o seis escuelas. Cuando yo era niño, solo había una”, explicaba el pasado martes a este diario. Cada verano vuelve a casa para visitar a su madre, que tiene 91 años. “Paso un mes con ella”. En Tanzania, ya como sacerdote, se convirtió en chófer ocasional de Robert Prevost en 2003, cuando el ahora Pontífice era Principal de la orden de los Agustinos, a la que Faustin Pertenece. Y ya lo ha contado mil veces. “Es muy molesto contarlo tantas veces, todos hacen las mismas preguntas”.

Faustin Mlelwa, frente a la iglesia de Sant Agustí. / Ferran Nadeu / EPC
Un largo viaje
Un día, en septiembre pasado, el cardenal Juan José Omella acudió a Sant Agustí a dar misa. Explica Faustin que al final de la ceremonia el arzobispo echó una mirada al techo del templo. Debió de hacer cara de cierta preocupación. “Se veía que estaba un poquito mal”, admite Faustin. Y Omella le dijo: “Tienes que arreglar bien esta iglesia. Puede ser que el Papa venga”.
Fue entonces cuando el tanzano supo por primera vez que había posibilidades de que volviera a ver a Robert Prevost años después de hacerle de chófer durante cerca de 2.000 kilómetros, de Dar es Salaam a Songea y volver: “Es una persona muy sencilla. En el coche íbamos él, otro religioso que se había sacado el carnet de conducir hacía muy poco, y que no quiso conducir para no poner en peligro al Principal, y yo. Conduje la mayor parte del viaje, pero Prevost quiso llevar el coche un rato”. Todo fue bien, no hubo incidentes.
Faustin no solo hizo de conductor. También tradujo homilías de Prevost del inglés al suajili, lengua oficial en Tanzania, que es la segunda del sacerdote: “Mi lengua materna es el bena”, un idioma bantú propio del sur del país.
El cura blanco y el obispo negro
Mlelwa lleva ocho años en la parroquia de Sant Agustí. Cinco como vicario y los últimos tres como rector. Su primer contacto con la religión le fascinó. “En mi pueblo los niños casi no iban a la iglesia, solo los mayores. La primera vez que fui a una iglesia tenía 10 años. Al ver cómo hablaba el sacerdote, cómo actuaba, me impresionó, me emocionó. Le dije a mi madre: ‘Yo quiero ser como él’. Pero ella me contestó que eso era imposible. Me dio que los sacerdotes eran gente que había estudiado y que era un trabajo de blancos. Porque ella nunca había visto un sacerdote negro”.
Faustin, el tercero de seis hermanos, no se desanimó. “Con 10 años entré en la catequesis para bautizarme y hacer la primera comunión. Hicimos un campamento de una semana para prepararnos para la confirmación, y el día que la hice vino un obispo que era negro. Era negro como yo. ¡Y estaba haciendo lo mismo que el cura blanco! Y entonces me dije: ‘Es posible’”.
Hasta entonces no había ido a la escuela. Le enseñaron a leer en catequesis. Luego, ayudado por un amigo de su padre, empezó a estudiar primero de primaria a los 12 años, con otros niños de seis. Y en 1981 fue al seminario. Es sacerdote desde 1996. “Mi padre no quería que lo fuera pero el día que me ordenaron lloró de emoción”. Estudió Teología durante tres años en Roma, se ordenó como diácono en Valladolid y volvió a Tanzania, donde fue sacerdote durante 15 años. “Luego pedí irme a Perú”. En ese país un día volvió a ver a Prevost, aunque entonces solo pudo saludarle brevemente, cuando él ahora Papa lo vio de lejos y pidió encontrarle un momento.
Un hábito negro
De Perú se trasladó a España: “Primero me dijeron que iría a Madrid. Estaba muy contento, tenía amigos allí”. Pero al final le enviaron a Barcelona. No fue, dice, lo mejor para seguir aprendiendo castellano, pero se le ve perfectamente integrado. Cuenta que le sorprendió “muchísimo” que hicieran Papa a Prevost: “No esperaba que una persona tan simple y a la que conozco lo fuera.”

El padre Faustin se coloca el hábito negro que ha comprado para recibir al Papa sin ir de blanco como él. / Ferran Nadeu / EPC
El padre Faustin se prepara para las fotos. En África iba con hábito blanco, y aunque en España le tocaría ir de negro, mantuvo el original: “¿Para qué comprar otro?”, se pregunta entre risas. Pero ahora se coloca el hábito negro que ha adquirido para la visita de León XIV: “Para no ir de blanco como él”. Y camina por la iglesia, donde una plataforma elevadora está colocada cerca del altar. Ya se ha reparado una gran parte del techo, pero faltan algunos arreglos.
El martes, como hace cada día, el rector de Sant Agustí celebró una misa a las 19.00 en la capilla que queda a la derecha del presbiterio, mirando al altar. Sus feligreses son filipinos, peruanos, ecuatorianos: “Vienen algunos catalanes, españoles, pero casi todos han vendido los pisos y se han ido a otros barrios”.

El sacerdote, el pasado martes en una de las capillas que están junto al presbiterio, donde oficia misa cada día a las 19.00. / Ferran Nadeu / EPC
La última entrevista
Pese a que este martes empezó proclamando el hastío que le causaba la insistencia de los periodistas -“Siempre hacen las mismas preguntas, es una gran molestia”-, el padre Faustin acaba cogiendo el teléfono a otro informador que le llama para pedirle una cita. Contesta con aire cansado, algo teatral, y una sonrisa pícara: “Sí, podéis venir mañana. ¿Solo serán 10 minutos, eh?”. Y se ríe a carcajadas.
La iglesia de Sant Agustí será recordada como la que un día acogió al papa León XIV, pero eso no debe orillar la constatación de que su párroco tanzano, el religioso socarrón que vio que podría ser cura cuando descubrió que había obispos negros, merece sin duda una visita.
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