Durante este año
El Moll de la Fusta de Barcelona rehabilitará sus cinco pérgolas para acoger usos ciudadanos, juegos y un único bar
El Port de Barcelona prevé primero cubrir las estructuras para crear sombras para la estancia ciudadana, y después instalar nuevas actividades lúdicas
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Paseo con las cinco estructuras de madera del Port Vell. El Port de Barcelona inicia su restauración para dedicarlas a actividades lúdicas y para el descanso. / Ferran Nadeu / EPC

Las pérgolas de madera onduladas del Moll de la Fusta volverán a acoger nueva actividad, tras más de 25 años desde que cerraron los antiguos restaurantes a los que daban cobijo. El Port de Barcelona invertirá al menos 500.000 euros este año en crear espacios lúdicos para el uso ciudadano, con juegos, actividades culturales y zonas de estancia con sombras para el descanso. De las cinco estructuras, solo una se destinará a un bar.
El puerto ya ha dado los primeros pasos para la reconversión del paseo, con el fin de que no sea solo una zona de paso. Se trata de una actuación con distintas fases. Para empezar, ya ha completado todos los trámites para iniciar la rehabilitación de las estructuras de madera, dañadas por el paso del tiempo y su exposición a la intemperie.

Paseo con las cinco estructuras de madera del Port Vell. / Ferran Nadeu / EPC
Para verano
Asimismo, esta misma semana ha aprobado también llevar a cabo la siguiente intervención, cubrir las estructuras para poder crear sombras. Recorrer el Moll de la Fusta, el itinerario natural para ir desde Colón hacia la Barceloneta o Via Laietana, puede resultar muy duro en momentos de máxima radiación solar. La prioridad es crear refugios climáticos y ganar confortabilidad aprovechando que ya existen estas emblemáticas estructuras. El deseo del puerto es intentar poder llegar a tiempo para que estén listos en verano, explica el director del Port Vell, David Pino. Con ello, se prevé que el paseo empiece a ganar vida.
El Moll de la Fusta quiere ser un lugar "en el que estar, y en el que pasen cosas", señala el director del Port Vell, David Pino

Zona de paseo por el Port Vell, en el Moll de la Fusta, que se reformará este año para acoger actividades lúdicas. / Ferran Nadeu / EPC
El tercer paso, el que marcará más el cambio del actual paseo, será dotar de actividad todo el conjunto. El puerto trabaja junto con el Ayuntamiento en la definición de usos ciudadanos, deportivos y culturales. Aún por acabar de concretar, la idea es que se trate de una zona con juegos, ludoteca y armarios con libros. También actividades deportivas. En definitiva, convertir el lugar en "un espacio en el que estar y en el que pasen cosas", señala Pino. Para explicarlo, se remite a la plaza de las Glòries, donde hay, por ejemplo, una biblioteca de juegos a libre disposición y mesas para que el público familiar pase un buen rato al aire libre.
El objetivo es que esté todo listo a finales de año.
Habrá que buscar, eso sí, quién podrá gestionar de forma adecuada las nuevas actividades, sea una entidad o el distrito. Otra posibilidad es que el adjudicatario del único bar que se prevé en todo el paseo se encargue de ello. Asimismo, junto a una de las cinco pérgolas, la que se ubica delante de la plaza del Duc de Medinaceli, se reformará el pequeño espacio de juegos infantiles para que gane mayor envergadura. El objetivo es que esté todo listo a finales de año.

Zona de juegos infantiles del Moll de la Fusta que se reformulará para ganar embergadura. / Ferran Nadeu / EPC
Las estructuras parten de cuando el Ayuntamiento otorgó en 1988 la explotación por diez años de cinco locales: el Blau Marí, Distrito Maritimo, Traffic, la Cerveseria del Moll y el Gambrinus.
Cambiará así de nuevo un paseo que, desde su creación, ha vivido dos etapas muy diferenciadas. Para muchas personas jóvenes o llegadas a la ciudad en los últimos años, se trata de un simple lugar de paso en la fachada marítima con unas estructuras onduladas de madera. Pero para las generaciones que vivieron las Olimpiadas, el muelle estará siempre relacionado con los restaurantes que acogían, como recuerda La Gamba -o escamarlán- gigante de Alfredo Arribas y Mariscal, que sigue reposando sobre una de las pérgolas.

Aspecto del Moll de la Fusta en 2001, cuando funcionaban los antiguos restaurantes y espacios de ocio. / ALBERT BERTRAN
El paseo nació con la llamada 'apertura al mar' de la ciudad, como un balcón que discurría paralelo al muelle, y bajo el cual pasa el tráfico de la Ronda Litoral. En 1988 el Ayuntamiento otorgó en concesión por diez años la explotación en este lugar a cinco locales. Se elevaron entonces las cinco estructuras para acoger restaurantes con terraza: el Blau Marí, el Distrito Maritimo, el Traffic, la Cerveseria del Moll y el Gambrinus, sobre el cual se posó el popular crustáceo.
Tras desmantelar los locales, el Ayuntamiento reformó y volvió a colocar La Gamba en 2004.
El ruido del tráfico y la apertura de nueva oferta de ocio en el Maremagnum y alrededores llevó al declive de los locales, tras intentar antes otras actividades de ocio nocturno. El Ayuntamiento no renovó la concesión y, tras solo una década de actividad, el espacio pasó a convertirse en un paseo sin actividades fijas.
Al desmantelar los locales, se mantuvieron los pilares y la estructura que sostenía las cubiertas. El Ayuntamiento se quedó con La Gamba de Arribas y Mariscal y, tras una restauración y a petición de su diseñador, la volvió a colocar en 2004 sobre la misma estructura que había pertenecido al Gambrinus.
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