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Cortes de tráfico insuficientes

La Escola Pàlcam de Barcelona reclama pacificar su entorno tras décadas de gestiones: “Necesitamos seguridad”

La actuación no logró suficientes votos en los presupuestos participativos, pero el distrito de Horta-Guinardó promete incorporarla en un próximo plan de inversiones

Barcelona prevé consolidar 11 pacificaciones tácticas y entornos escolares en seis distritos

Aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona durante la salida de los alumnos al finalizar la jornada escolar

Aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona durante la salida de los alumnos al finalizar la jornada escolar / Zowy Voeten / EPC

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Naïm Ait Fonollà

Barcelona
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A las nueve de la mañana, una valla de plástico corta durante unos minutos el tráfico en la estrecha calle de Rosalía de Castro, donde se encuentra la entrada principal de la Escola Pàlcam. No debería haberlos, pero algunos días hay vehículos circulando o aparcados frente a las puertas del centro. La llegada de los menores es visiblemente anómala: familias que acompañan a los más pequeños, alumnos que llegan antes de hora y peatones que intentan abrirse paso ocupan casi toda la calle, mientras algunas embarazadas, abuelas y párvulos esperan sentadas en los portales más cercanos.

Es una rutina cotidiana en esta escuela del Baix Guinardó, con más de 70 años de trayectoria. La dirección del centro explica a EL PERIÓDICO que lleva “quince o veinte años” reclamando una transformación de su entorno para hacerlo más seguro. En 2025 trató de canalizar la demanda a través de los presupuestos participativos de Barcelona, pero los 1.188 votos que logró no le bastaron para quedar finalista. Así, el statu quo persiste sin un calendario claro de solución. Portavoces municipales responden a este diario que conocen la petición del colegio y que “ya se han realizado los estudios previos de la propuesta”. “La idea es incorporar este proyecto en un próximo plan de inversiones”, aseguran.

Aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona durante la salida de los alumnos al finalizar la jornada escolar

Aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona durante la salida de los alumnos al finalizar la jornada escolar / Zowy Voeten / EPC

Durante el curso 2024-2025, Pàlcam contabilizó 2.045 alumnos, desde infantil hasta bachillerato y formación profesional, que forman parte de un total de 1.491 familias, según datos facilitados por el equipo directivo. Toda esta comunidad educativa se concentra cada día en un acceso que la dirección considera insuficiente, especialmente a la hora de la salida. “A las cinco de la tarde se llena toda la calle, algún día nos ocurrirá algo”, advierte Mónica López, codirectora de la escuela.

El centro y el distrito aplican desde hace años varias medidas para reducir la presión en la calle. Las entradas están escalonadas entre las 8:00 y 9:00 de la mañana. Durante esta franja horaria se coloca la valla que impide temporalmente el paso de vehículos. “Nos la dio el Ayuntamiento, pero después la tenemos que retirar porque es una calle transitada”, explica López, que calcula que este sistema funciona “desde hace quizás veinte años”. La salida resulta más difícil de modular porque la jornada lectiva termina prácticamente a la misma hora para la mayoría del alumnado. “Los alumnos más pequeños salen un poco antes, pero no podemos hacer que unos salgan a las cuatro y otros a las cuatro y media. Hay una organización curricular detrás”, señala.

Aglomeración de padres y vehículos estacionados durante la salida de los alumnos de la escuela Pàlcam, esta semana

Aglomeración de padres y vehículos estacionados durante la salida de los alumnos de la escuela Pàlcam, esta semana / Cedida

Portales llenos y estacionamiento ocasional

El corte puntual de tráfico evita que los coches recorran toda la calle en los momentos de mayor afluencia, pero no erradica el problema de fondo. La dirección del centro describe una acumulación de personas que se desborda hacia las porterías particulares y que genera molestias al vecindario. “Los alumnos que llegan antes se esperan junto a las familias. ¿Dónde se sientan? En los portales de los vecinos”, resume López. La escena coincide con la percepción de los padres. “Hay momentos en que se acumula mucha gente, especialmente por la tarde, y no te queda otra que ir esquivando”, explica Jaume Romero, mientras espera sentado en el acceso de una finca. Nerea Zuazu, madre de un alumno, coincide: “Se forman muchos grupos de gente, de todos los cursos. No se puede ni caminar para salir”.

El centro educativo sostiene que la situación ha mejorado parcialmente en los últimos años. Durante la pandemia se consiguió que se restringiera el estacionamiento en horario escolar en el tramo más próximo a la escuela, una medida que no se cumple al 100% pero ha despejado un poco la entrada principal respecto a cursos anteriores. Sin embargo, López considera que la solución actual sigue siendo precaria. “No pedimos cerrar la calle todo el día, lo que necesitamos es seguridad”, subraya. Su propuesta pasa por una pacificación que permita el paso de vehículos fuera de las horas de entradas y salidas, pero que proporcione más espacio peatonal delante de la escuela, aleje los coches del entorno inmediato y cree zonas de espera más amables.

Una moto junto a la aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona al finalizar la jornada escolar

Una moto junto a la aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona al finalizar la jornada escolar / El Periódico / Zowy Voeten

Se ofrecieron a pagar las obras

Pàlcam ha intentado desbloquear la actuación por distintos medios. López asegura que han presentado dos proyectos de pacificación elaborados con arquitectos y que llegó a plantear que la escuela asumiera el coste total de la obra o parte de ella. “Preguntamos al consistorio cómo tenían que ser las modificaciones para pagarlas nosotros, pero nos rechazaron la propuesta porque es un espacio público”, relata. Insisten en que no reclaman un trato de privilegio, sino una actuación similar a la que ya se ha aplicado en muchos otros entornos escolares de Barcelona.

La última vía para intentar desbloquear la transformación fueron los presupuestos participativos de Barcelona 2024-2027. La propuesta de mejora del entorno y la seguridad de la Escola Pàlcam, valorada en 1,29 millones de euros, no apareció entre los proyectos seleccionados al superar el importe disponible en el distrito. La dirección admite que esperaba un mejor resultado, teniendo en cuenta el tamaño de la comunidad educativa del centro, y hace una autocrítica sobre la movilización lograda: “Llegamos tarde y no supimos comunicar bien la importancia que tenían los votos”, reconoce López.

Aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona durante la salida de los alumnos al finalizar la jornada escolar

Aglomeración de padres y familiares en la entrada de la escuela Pàlcam de Barcelona durante la salida de los alumnos al finalizar la jornada escolar / Zowy Voeten / EPC

Tras quedar fuera de ese proceso, la reivindicación permanece abierta, aunque la codirectora reconoce cierto desgaste. “Estamos decepcionadas. Hemos presentado proyectos, nos hemos ofrecido a pagar las obras, hemos contactado con gente y ya no sabemos qué más hacer”, afirma. En marzo de 2025, una proposición aprobada en el pleno del distrito de Horta-Guinardó planteó recuperar el programa Protegim les Escoles y situó a Pàlcam en un calendario de actuaciones para 2028, aunque el centro asegura que no ha recibido una concreción formal que le permita dar por cerrado este horizonte. “Si me dijeran de verdad que en dos años lo tenemos hecho, firmaría. El problema es que nos han dicho varias veces que éramos los siguientes”, lamenta.

Por el momento, cada jornada escolar empieza con la colocación de la valla en la calle Rosalía de Castro. A primera hora, el corte de tráfico más o menos ordena la afluencia, por la tarde resulta insuficiente. López lamenta que, mientras no llega una actuación definitiva, se pierden comunidad, cohesión social y vínculos de barrio. “En otros centros, las familias se quedan un rato después de la salida. Aquí es imposible, no hay comodidad para quedarse”, resume.

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