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Desde 1817 en Hospital

La histórica feria de Sant Ponç resiste en el Raval con menos paradas y escaso relevo: "Antes había puestos a ambos lados de la calle"

La cita tiene raíces medievales y aún reúne a medio centenar de paradistas, que alertan de la pérdida de tradición, las dificultades logísticas y el cambio de público

La resistencia de los clientes septuagenarios de la Boqueria: "Si pudiera, vendría más"

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Naïm Ait Fonollà

Barcelona
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La calle Hospital de Barcelona huele este lunes a romero, tomillo, miel, membrillo y fruta confitada. Es el día de la Fira de Sant Ponç en el Raval y, desde primera hora, las paradas llenan el tramo entre la plaza de Sant Agustí y la Rambla con hierbas medicinales, ramilletes, bandejas de fruta y productos que muchos compradores buscan cada año. La feria, documentada en este punto de la ciudad desde 1817 aunque con raíces medievales, reúne en esta edición una cincuentena de puestos y mantiene el vínculo con una tradición surgida de herbolarios y apicultores.

Sant Ponç conserva la apariencia tradicional, pero los varios paradistas reconocen a EL PERIÓDICO que la feria ya no tiene la envergadura de otros años. Algunos de ellos recuerdan cuando había puestos a ambos lados de la calle, más presencia de hierbas y más movimiento. Ahora hay algún que otro tramo sin puestos, dificultades para montar las paradas, un notable cambio de público y un relevo generacional poco claro. Sin embargo, la jornada sigue concentrando compradores fieles, vecinos que vuelven por costumbre y visitantes que se acercan por curiosidad.

La miel de proximidad, entre el clima y los costes

Sergi Pinyol, propietario de Mel Pallars, lleva 35 años viniendo a Sant Ponç. Es apicultor y empezó solo en el oficio. Su fórmula para sobrevivir ha sido producir, transformar y vender directamente, sin intermediarios. “La miel al por mayor nunca ha generado dinero”, explica desde una parada donde las variedades más compradas siguen siendo la de romero y la del Pirineo. “Cada día la gente mira más que sea de proximidad”, añade. Tiene clientes fijos desde hace décadas y otros que lo buscan antes por internet para comprobar el origen del producto y el proceso de elaboración.

El interés por la miel de kilómetro 0 compensa solo un poco que el sector está cada vez más tensionado por el clima y los costes de producción. Pinyol describe una apicultura más difícil, con colmenas que salen débiles del invierno y floraciones tempraneras que se traducen en una producción más irregular. “Las abejas van en declive”, resume. Este año, explica, la campaña del naranjo no ha dado resultado y las colmenas llegan con menos fuerza para subir al Pirineo. “Se muere la mitad de las cajas cada año. Es un problema, la apicultura acabará prácticamente a cero”, advierte. En su parada, la miel se compra por salud, sobre todo como sustituto del azúcar. Muchos clientes la piden para resfriados o dolores de garganta.

Hierbas para nuevos públicos

Gabriel Serra vuelve este año a Sant Ponç con su parada Ona Mare Terra después de haber dejado de venir tras la pandemia. Lleva 32 años como herbolario y regresa al Raval porque considera esta feria una cita propia del oficio. “Es una feria mítica: es el patrón de los herbolarios y los apicultores, una tradición que no se debe perder”, afirma. En su puesto, uno de los productos más pedidos durante la mañana son las hierbas que ayudan a adelgazar: una mezcla que recomienda para la aligerar la digestión, la retención de líquidos y el metabolismo.

La feria de Sant Ponç 2026, de origen medieval, que llena la calle Hospital del Raval de puestos de miel y hierbas aromáticas

Las hierbas medicinales son un imprescindible de la feria de Sant Ponç / Pau Gracià / EPC

Serra detecta un público más diverso que el de ediciones anteriores. Hay compradores que conocen las plantas y preguntas por usos concretos, alternados con los que se acercan mucho más dudosos: “Vienen clientes que sorprenden porque tienen mucha cultura de hierbas, y hay otros que pregunta qué es esto”. Defiende que la medicina tradicional y la convencional deberían estar “más unidas”. Recuerda que los antibióticos “han salvado muchas vidas”, pero sostiene que algunas infusiones pueden ayudar en problemas cotidianos y reducir el uso innecesario de fármacos.

Conocimiento popular diluido

Otro comercio similar es L’apotecari, que participa en la feria desde 2018. Laia Altarriba cuenta que vende sobre todo hierba fresca, miel y ramilletes. Altarriba nota un cambio en la forma de acercarse a la herboristería. “Antes venía gente muy concienciada, ya conocía los productos. Ahora vienen más a pasar el día, como si fuera una fiesta”, explica. Las plantas más reconocibles siguen siendo el tomillo y el romero y Altarriba ha aprovechado para lamentar que el conocimiento popular se está perdiendo. Sin embargo, hace una valoración positiva de las primeras horas de la jornada: “Podemos estar contentos”.

Maria Riart, propietaria de Codonyeria Maria, tiene 66 años y viene a la feria desde que tenía solo 10. Su negocio se centra en el membrillo, cada vez con más opciones sin azúcar. La gente comprar “por recuerdo y tradición”, asegura. Riart conserva la memoria de una feria mucho más intensa: “Trabajábamos 24 horas, la jornada empezaba cuando venían a comprar los clientes que salían del Liceu”, rememora. Hoy lamenta que se hayan perdido elementos que formaban parte de la jornada, como la presencia de los santos. Lo que se mantiene, dice, es que “el público aún se acuerda de esta fiesta”.

Fruta confitada para clientes fieles

Lluís Masfarné se define como colaborador de la parada Carmen Maicas, donde venden fruta confitada. Desde hace seis años, acude a apoyar a su mujer y a su hija en una fecha que viven con especial ilusión. El vínculo familiar con la calle Hospital se remonta a años atrás. Su mujer vivió durante décadas en esta zona y tenía la parada bajo el balcón de casa. “Para ella y para mi hija es el día más esperado del año”, explica. En el mostrador hay cereza, naranja, ciruela, higos y arrope, un dulce elaborado con calabaza, que en esta edición lo están vendiendo más de lo esperado.

La feria de Sant Ponç 2026, de origen medieval, que llena la calle Hospital del Raval de puestos de miel y hierbas aromáticas

Fruta confitada en la feria de Sant Ponç 2026 del Raval / Pau Gracià / EPC

Masfarné distingue entre el público que mira y el que compra. “Turistas vienen muchos, pero no compran”, afirma. Según explica, el cliente principal es gente que acude expresamente a buscar fruta, a menudo personas mayores o hijos que compran para padres que ya no pueden desplazarse. “Hay clientes fijos. Algunos ya no pueden venir y vienen sus hijos a buscarlo para ellos”, cuenta.

Detrás de algunas paradas hay proveedores que llevan décadas vinculados a Sant Ponç. Ramón Vila, comercial de conserves Vilamajor, explica que la empresa suministra fruta confitada a la feria desde hace 45 años. La compañía, con producción en Tàrrega, trabaja sobre todo para pastelerías artesanas y mantiene una relación estable con varios paradistas. Vila apunta que muchos puestos se han perdido por el relevo generacional y ha provocado un cambio en el volumen de producto distribuido. “Algunos hijos se han metido en los negocios para seguir los pasos de los padres, pero el siguiente relevo ya veremos”, comenta. Conserves Vilamajor elabora macedonia especialmente para Sant Ponç. Esta festividad, explica, no es la principal fuente de ingresos de la empresa, pero mantiene un peso en la facturación anual por la relación con los vendedores y por la calidad visual que exige la fruta confitada.

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