Hábitat en peligro
La proliferación de los patos que ‘derrotaron’ al Mercado de la Estrella amenaza el equilibrio de su lago
Los ánades, que superan la veintena incentivados por la alimentación humana, pueden degradar los ecosistemas acuáticos urbanos al depredar intensamente a libélulas y anfibios
Barcelona estudia qué hacer con los patos de un lago que se vaciará por las obras de un mercado
Barcelona desbloquea la polémica reforma del mercado de la Estrella y amnistía a los jardines del Baix Guinardó
El mercado de la Estrella de Barcelona se trasladará a una carpa para ser reparado

Un mujer pasea junto a los patos de los Jardins del Baix Guinardó el pasado martes. / MANU MITRU / EPC

Vigorosos y en número creciente, los patos del lago de los Jardins del Baix Guinardó chapoteaban el pasado martes al sol. Los ánades son parte del bando victorioso en la crisis que se generó entre los vecinos de la zona y el Ayuntamiento de Barcelona cuando este anunció, en marzo de 2022, que trasladaría a esos jardines, y en concreto al lugar donde está el lago y en el que viven los patos, la carpa provisional del Mercado de la Estrella, por la necesidad de hacer obras en su emplazamiento habitual, entre las calles de Pi i Margall y Providència.
“Hace dos semanas nacieron seis, los más pequeños. Otros son medianos y otros grandes. La verdad es que los ves pequeños y en un fin de semana crecen de repente. Y luego un día los ves que corren, como hicieran prácticas, y un fin de semana desaparecen, y se quedan los mayores. He llegado a contar 22 patos. A veces se van y vuelven”, explica Carlos, un habitual del parque.
El traslado que no fue
El mercado está en Gràcia, a menos de 10 minutos de los jardines, que forman parte ya del distrito de Horta-Guinardó. Los vecinos de la zona iniciaron una campaña en contra del traslado, gran intensidad y que llegó al frente judicial, con la que logró condicionar al Ayuntamiento de Barcelona, que inicialmente insistió en que no había un escenario alternativo. En medio de una polémica que se prolongó cuatro años, con notables diferencias entre residentes y ayuntamiento, entre vecinos y paradistas y entre Barcelona en Comú y el PSC, las obras del mercado se fueron retrasando, a la par que lo hacían los trabajos de instalación de la carpa, que nunca llegó a convertirse en una realidad. Los paradistas iban recibiendo, entre sorprendidos y molestos, nuevos aplazamientos de su exilio laboral temporal, y entre tanto varios bajaron definitivamente la persiana.

Un grupo de personas observa con regocijo a los patos del lago, el pasado martes. / MANU MITRU / EPC
Con el argumento, precisamente, de que al haber menos paradas la complejidad de las obras se reducía, cuatro años después de anunciar la carpa provisional, el ayuntamiento reculó. En marzo pasado, el gobierno de Jaume Collboni anunció que en los Jardins del Baix Guinardó no se instalaría nada y que los trabajos se harán en el propio mercado, sin necesidad de que los que allí siguen trabajando se vayan. Y así, llegó la segunda vida de los patos del lago de los Jardins del Baix Guinardó.
No alimenten a los patos
Entre los argumentos esgrimidos por varias entidades vecinales, como ‘Salvem el Parc’ para rechazar el mercado provisional, constaba el rechazo a la tala de árboles necesaria, la pérdida de un espacio para los residentes, niños y mayores, y los patos. La comunidad ánade fue un motivo de preocupación también para el propio consistorio, cuando se daba por hecho que no podrían seguir allí.
En mayo de 2025, cuando se preveía iniciar las obras de instalación de la carpa un mes después, el ayuntamiento informó de que se estaba planteando lo que iba a hacer con las aves, que desde 2020 frecuentan los jardines y que son vecinos cuya presencia los humanos agradecen visiblemente. Pero esa interacción entre paseantes y los patos incluye un fenómeno ya habitual con otros animales que tiene efectos muy negativos: los paseantes los alimentan, y de esta forma alteran su equilibrio natural
Residentes y migratorios
“El incremento del pato ‘collverd’ (ánade real o azulón en castellano) en Barcelona y su área metropolitana es un hecho innegable que se ha dado por distintos motivos, quizá lo ha estimulado el aumento de vegetación acuática en algunos estanques artificiales”, afirma Sergi Garcia, ambientólogo y miembro de la asociación Galanthus. “Aunque buena parte de la población es residente, en invierno se añaden ejemplares migratorios en función de la dureza de los inviernos: cuando son fríos en el norte de Europa, bajan a latitudes más temperadas”, añade.
El problema, indica Garcia, es que el crecimiento de la comunidad de patos “está inflado artificialmente”: “La alimentación directa por parte de los ciudadanos permite unas tasas de cría muy superiores a las que los estanques naturales podrían sostener de forma natural”. Y eso tiene un efecto potencial negativo: “El resultado es una población semidomesticada con conductas alteradas. La sobrepoblación degrada gravemente los ecosistemas acuáticos urbanos, ya que los patos depredan intensamente libélulas y anfibios, de los estanques donde están y de los que visitan de forma itinerante”. “Es contrasentido sacrificar el potencial ecológico de esos estanques para mantener una especie generalista en condiciones de domesticidad”, concluye el ambientalista.

Los palmípedos nadan en el lago que debía desaparecer para la carpa provisional que ya nunca se hará. / MANU MITRU / EPC
Control municipal
Preguntado por este diario, el consistorio explica que el Ayuntamiento de Barcelona tiene un ojo en los ánades, aunque no ha tenido que activar plan alguno al anularse la instalación de la carpa que los dejaba sin lago. Fuentes municipales subrayan que pese a que el consistorio tiene claro que este no es el hábitat natural de las aves, intenta acompañarlas, en algunos espacios coloca rampas para facilitar sus movimientos, mientras no deja de advertir a la ciudadanía de que no debe alimentarlos, que es algo que ha sido decisivo para que vivan allí.
El ayuntamiento ha hecho campañas de comunicación en este sentido, que abarcan a distintas especies, porque se intenta que los barceloneses no den de comer tampoco a palomas y jabalís, por citar otros dos casos en los que se da la alimentación antrópica, la que los humanos procuran a los animales. “Si se les da de comer, se inicia un proceso de fidelización a determinados espacios verde de la ciudad que a menudo no reúnen las características óptimas para su desarrollo”, indican las fuentes del consistorio. Ajenos a este debate, los patos de los Jardins del Baix Guinardó, saborean su victoria, celebran el buen tiempo y comen de lo lindo.
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