Entrevista
Marc Suárez, artesano de las tartas de lujo de la élite internacional: "Sentí pánico cuando recibí el encargo de una boda real en París"
El joven, vecino de Esparreguera, explica cómo dio el salto en su carrera y cómo diseñó una gran tarta para la realeza de Oriente Medio

Marc Suárez, en la redacción de El Periódico / Núria Garrido / Núria Garrido

"Me defino más como artesano que como pastelero", dice Marc Suárez, un catalán de 35 años que se ha convertido en referente de la pastelería creativa de superlujo a nivel internacional. Tanto es así que su última entrega fue una gran tarta de boda para una familia real de Oriente Medio, que celebró el evento en la mismísima Ópera Garnier de París. La creación, de más de tres metros de altura, le llevó a Suárez cuatro meses de trabajo y salió de su taller de Esparreguera (Baix Llobregat, Barcelona), municipio donde vive.

Tarta de boda para una familia real de Oriente Medio en la Ópera Garnier de París / Kristine Grinvalde
El salto al lujo internacional
En su primera entrevista, concedida a este diario, Suárez explica que, curiosamente, no estudió ni pastelería ni bellas artes. "Estudié Protocolo y Relaciones Internacionales, pero al final la vida te acaba llevando por ciertos caminos", explica. Hace 15 años, cuando aún estudiaba y ya era aficionado a hornear "cupcakes" y bizcochos, creó una página de Facebook donde subía sus postres y empezó a trabajar en una 'bakery'. "Allí aprendí muchísimo", recuerda, pero quería emprender por su cuenta. "He crecido en una familia de autónomos y lo llevo en el ADN, así que decidí empezar presentándome a concursos de pastelería creativa para ganar nombre", explica.

Marc Suárez prepara la tarta en la Ópera Garnier de París / Kristine Grinvalde
Ganó los tres certámenes a los que se presentó en un mismo año. En 2019, le otorgaron el premio al mejor pastelero escultor del mundo y se disponía a iniciar un 'tour' por 17 países dando formación. Pero, antes de empezar la gira, llegó la pandemia y se canceló todo, menos sus ganas de emprender. Así que abrió una pequeña pastelería en su ciudad, Esparreguera, que funcionó muy bien, pero a los dos años bajó la persiana. "Morí de éxito y cerré. No podía sostener el nivel de producción que mis clientes pedían en un espacio tan pequeño. Además, llegué a la conclusión de que aquello no era lo que yo quería. Yo no he venido aquí a hacer croissants. A mí, lo que más me fascina es construir cosas, crear proyectos".
Y eso ha hecho. Su marca, 'Marc Suarez Luxury Cakes', realiza una producción muy limitada de diseños que, más que pasteles, él denomina "piezas decorativas hechas con materiales comestibles, exclusivas e irrepetibles". La mayoría los entrega en eventos de superlujo en zonas como la Costa Azul, París, Lago di Como o Florencia. "Apenas trabajo en Catalunya porque aquí no hay mercado de lujo", cuenta.

Marc Suárez, durante su entrevista con El Periódico. / Núria Garrido / EPC
Espectáculo comestible
Sobre el caso de la boda real árabe en la Ópera Garnier, explica que fue el 'wedding planner' quien le contactó (por cierto, el mismo que contrató una de las hijas de Donald Trump). Le pidieron que creara un pastel "superexclusivo, que no pudiera estar en ningún otro sitio". Y así lo hizo: "Estuve dos meses haciendo bocetos, hasta que lo tuve: un enorme relicario, ensalzado por la propia arquitectura del lugar, que guardaba un pequeño tesoro en su interior. Como en una ópera, el pastel cambiaba de forma y se abría un telón que revelaba los anillos de los novios".
"Normalmente, este tipo de cliente quiere cosas muy distintas o extravagantes. Quieren que la foto sea espectacular. No les importa tanto si se va a comer o no, aunque obviamente hay una parte comestible", explica. Y es que, aunque toda la creación estaba hecha con materiales comestibles, la parte pensada para cortar en raciones y degustar era un bizcocho que había en el interior de la obra. "Lo demás es un pastel de exhibición", explica su creador.

Suárez introduce la parte comestible de la tarta en la Ópera Garnier de París / Kristine Grinvalde

Boceto con el diseño de la tarta de Marc Suárez / Kristine Grinvalde
La puesta en escena dejó impresionados a los clientes. "La novia se puso a llorar de emoción y me llamó para darme la enhorabuena", recuerda Suárez satisfecho. Aunque, a pesar del éxito reconoce que su primera reacción al recibir el encargo fue de "pánico", seguida de una "crisis existencial": "A veces me pregunto por qué me dedico a esto, porque paso muchos nervios. Pero entiendo que forma parte de mi trabajo y vale la pena", concluye.
Muchos se preguntarán cuánto vale una pieza así. Cuatro meses de trabajo, transporte hasta París, diez trabajadores... "Todo ello se paga, y se paga caro", reconoce el artesano a este diario. Sin querer desvelar la cantidad exacta, revela que su precio supera los 100.000 euros.

Últimos preparativos de la tarta en la Ópera Garnier de París / Kristine Grinvalde

Llegada de la tarta a la Ópera Garnier de París desde Esparreguera (Barcelona) / Kristine Grinvalde
"Un buen producto requiere tiempo"
Sus ingredientes secretos, asegura, son el tiempo y la paciencia. "Ahora todo es inmediato, pero las cosas buenas suceden cuando hay tiempo de por medio. Un buen producto requiere tiempo", reflexiona, y añade: "También es importante darse la oportunidad de equivocarse. Las nuevas generaciones no admiten el error, les genera mucha frustración, pero forma parte del proceso", asegura por su experiencia como profesor en el Gremi de Pastisseria de Barcelona.

Marc Suárez, en la redacción de El Periódico. / Núria Garrido / EPC
Ya en un tono más distendido, preguntado por cómo diseñaría su propia tarta de boda, responde entre risas que no tendría ninguna porque "enloquecería" por su extremo perfeccionismo, y que optaría por algo más simple. "Encargaría algún postre tipo milhojas. Me encanta el hojaldre", contesta. En casa del herrero, cuchara de palo.
Sobre su dulce favorito, su elección también es sencilla: "Me flipa el chocolate negro. Me puedo hinchar. Hay uno de Aldi que me gusta muchísimo: una tableta con chocolatinas individuales de 70 % de cacao". ¿Y de placer salado? "La pizza. Me encanta".
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