Reforestación de las ciudades
Barcelona busca 500 árboles para acabar de reponer los que la sequía mató: "Hay más demanda que oferta"
Municipios próximos a la capital extienden la búsqueda de arbolado a Francia e Italia ante la falta de existencias, retrasan la reposición de vegetación, optan por ejemplares de tronco más fino y reservan la adquisición de variedades que dejan crecer en los viveros
Un 'boom' de pedidos tras la sequía dificulta la reposición de árboles en el área de Barcelona

Un árbol recién plantado en una plaza del barrio de la Verneda i la Pau, en Barcelona. / MANU MITRU

Varias ciudades de la provincia de Barcelona han cambiado de planes, se han resignado a aceptar ejemplares con tronco aún estrecho y han buscado incluso fuera de España para sortear los impedimientos para conseguir suficiente arbolado en Catalunya tras la sequía. Sirva como ejemplo el Ayuntamiento de Sabadell, que ha flexibilizado proyectos y presupuestos para no quedarse sin árboles, “ajustando medidas, incorporando especies alternativas o buscando nuevos proveedores”, también en el sur de Francia e Italia. El consistorio manifiesta que “se han podido ejecutar las plantaciones previstas, aunque con más dificultades en alineaciones de calle donde hay que mantener especies concretas, como almeces o ‘koelreuterias’”.
El Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet también admite un “problema importante de suministro de las especies más utilizadas en la ciudad”, lo que augura que “aún comtinuará unos años” por la resaca del descenso de los pedidos y la producción durante la sequía. “Hemos tenido problemas de suministro no solo de especies concretas, sino de arbolado de calidad”, analiza el gobierno local, que reconoce un contratiempo para suplir ejemplares muertos durante las restricciones de consumo de agua.
Como paliativo, Santa Coloma está plantando ejemplares “más jóvenes, de diámetro inferior” y protegidos por “cuatro tutores”, ha cambiado la especie prevista en ciertos tramos y empezó hace dos años a reservar la adquisición de árboles que siguen creciendo en el vivero antes de llevárselos más gruesos al ejercicio siguiente. En algún caso, el consistorio ha tenido que “aceptar que la reposición se hará en dos años”.

Un tocón de un árbol talado en un alcorque del Eixample, en Barcelona. / MANU MITRU
Barcelona no ha escapado de los inconvenientes para hacerse con las especies y medidas que ha solicitado, en especial en variedades de clima cálido y templado. Lo atribuye al "aumento simultáneo de la demanda tras la sequía, porque muchos ayuntamientos han iniciado campañas intensivas de plantación a la vez". El ayuntamiento estima que los 500 árboles que le faltan para cubrir los que se secaron en la etapa con escasez de precipitaciones se planten durante la próximas campañas de verano y otoño.
Terrassa afirma que, en buena medida, ha conseguido los árboles que ha reclamado. "No obstante, en ocasiones hemos tenido que visitar más de un vivero para encontrar algunas especies", puntualiza. El ayuntamiento añade que otras veces ha tenido que "esperar para recibir especies pedidas con raíz desnuda", que se comercializan sin maceta o sin un cubrimiento de tierra.
Del mismo modo se expresa el gobierno municipal de L'Hospitalet de Llobregat: "Las especies más complicadas para el suministro han sido las sóforas piramidales, hace años que la estructural piramidal es muy utilizada y cuesta encontrar. Cuesta encontrar tipuanas y almeces de perímetros grandes. No obstante, no ha representando un problema real para las plantaciones". Destaca que ya se han puesto más de 2.000 ejemplares de los 2.500 que se planifica plantar este 2026.
En cambio, Mataró señala que "hay especies que no se encuentran en el mercado por la alta demanda desde hace un par de años". Estima que no está recibiendo entre el 10% y el 15% de las variedades que solicita, por lo que cambia de tipo de árbol para no afectar a las plantaciones. "En casos concretos, si no podemos cambiar especies, se pospone la plantación para años posteriores", agrega.
Mezcla de factores
Los productores de árboles hablan de una combinación de factores que contribuye a que ciertas especies y ejemplares robustos no abunden. “Hay una fuerte demanda, también arrastramos una crisis desde 2008 porque estamos muy vinculados a la construcción y muchos viveros cerraron”, observa un cultivador de la provincia de Barcelona. “Hay medidas de árboles que ya no valen lo que valían, tenemos el problema de que el transporte es más caro, y quizá quien hacía 1.000 árboles ahora hace 500, porque antes se los ha tenido que comer o quemar… Es un sector un poco escarmentado y la mezcla de todo complica encontrar muchas cosas”, interpreta.

Árboles recién plantados en el barrio de la Verneda i la Pau, en Barcelona. / MANU MITRU
“Hay más demanda que oferta”, corrobora otro viverista catalán. “No tenemos productores para toda la demanda existente, pero es un problema en toda Europa -amplía-. No hay suficientes árboles para suministrar y tardamos cinco o seis años en cultivarlos. Son cultivos muy largos, las cadenas se rompen porque los viveros no tienen continuidad y hay menos cultivadores, con lo que hay menos producto aunque la demanda continúa siendo la misma”.
Los viveristas consultados coinciden en que, más que la respuesta a la pasada sequía, el repunte de los encargos de los municipios viene marcado por la necesidad de adquirir variedades resistentes a un clima cada vez más cálido y seco. “La fuerte demanda ha venido en base al cambio climático y la creación de refugios climáticos”, sostiene un empresario. “Todos los ayuntamientos vienen a coincidir a menudo en especies más aclimatadas -continúa-. En la baja disponibilidad en España se suma que vienen viveros de otros países europeos a comprarnos, porque vendemos más barato y tenemos buena planta”.
Municipios de otros puntos de Europa también están adoptando variedades aptas al calor, con lo que crece la competencia por unas mismas tipologías. “En Francia están consumiendo los mismos árboles que en Barcelona”, resalta un vendedor. Aunque las peticiones crezcan y los clientes se diversifiquen, los tiempos de producción no se acortan. “Un árbol puede tardar de siete a 10 años hasta que se puede poner en la ciudad, son seres vivos, no se les puede dar más prisa”, recuerda un viverista. “Si quiere plantar, a las administraciones no les queda otra muchas veces que cambiar de variedad u optar por un árbol más pequeño -constata-. Si no vienen con esa mentalidad, no plantarán”.
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