Reforestación de las ciudades
Un 'boom' de pedidos tras la sequía dificulta la reposición de árboles en el área de Barcelona
La capital y otras ciudades topan con problemas de suministro de variedades muy solicitadas y ejemplares con troncos gruesos para suplir la vegetación arrasada por dos años con escasez de lluvias y restricciones en el consumo de agua
Barcelona busca 500 árboles para acabar de reponer los que la sequía mató: "Hay más demanda que oferta"
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Un alcorque vacío en una calle de Barcelona / MANU MITRU

Entre las víctimas que se cobró, la última sequía en Catalunya se encarnizó con el arbolado de ciudades y pueblos. Solo en Barcelona murieron 7.500 ejemplares mientras las restricciones hídricas permanecieron vigentes entre febrero de 2023 y abril de 2025. Con el fin de las limitaciones al consumo de agua hace un año, los pedidos de los ayuntamientos a los viveros catalanes crecieron para reponer la vegetación malograda. La siembra ha sido intensa en los últimos meses: a últimos de 2025, la capital catalana había reemplazado 5.200 árboles abatidos por la temporada sin apenas lluvia y, a finales de abril, eran unos 7.000, cerca del 93% de los que fueron arrasados. No obstante, no todo lo que se perdió se ha podido sustituir todavía en el área de Barcelona. De hecho, la capital y otros municipios han topado con dificultades para proveerse de los árboles que han requerido para borrar el rastro de la sequía en las calles.
“Tenemos problemas de suministro, estamos intentando comprar pero no nos suministran todos los que pedimos”, explicó el director de espacio público del distrito de Sant Martí, Joan Carles Altamirano, en un consejo de barrio a principios de abril. Expuso que el consistorio solicitó “un número elevado de árboles cuando acabó la sequía” pero afirmó que ha habido escasez de ejemplares: “Intentamos comprar árboles para replantar y a los viveros se les había muerto una gran cantidad; además, todos los ayuntamientos estaban a la vez intentando comprar árboles, con lo cual había muchos menos de los que los ayuntamientos estaban intentando comprar”.
“Ha habido un problema de falta de ‘stock’ de algunas variedades y, en algún caso, se han agotado”, coincide el presidente del Gremio de Jardinería de Catalunya, Miquel Marín. Añade que la “falta de planificación” también contribuye a que no predominen ciertas clases de árbol. “Los viveristas asumen un riesgo preparando unas especies sin otro criterio que su intuición”, recalca. “Su temporada empieza hacia octubre y ahora se acaba -ilustra-. Si me encargan un proyecto en octubre, me preocuparé por localizar 20 árboles de un determinado tipo pero, actualmente, es fácil no poder conseguir todo lo que se pide”.

Tres alcorques vacíos en la Dreta de l'Eixample, en Barcelona. / MANU MITRU
“Hay siete u ocho variedades que todo el mundo busca en este momento”, apunta el presidente de la Federación de Agricultores Viveristas de Catalunya, David Borda. Infiere que, “si todos buscan lo mismo, llega un momento en que no hay ‘stock’”. Entre los más buscados, cita el arce de Montpellier (“tenerlo ahora es oro”, dicen en los viveros), el almez (reclama poca agua), el tejo (estilizado e idóneo para vías estrechas) y el arce común.
Año preelectoral
El productor menciona que se dio una escalada “muy grande” de pedidos de los ayuntamientos tras levantarse el decreto por la sequía. “Hubo un incremento el año pasado que está aguantando en este, las previsiones para otoño y el año que viene son buenas y, además, será año electoral, que es sinónimo de mantenimiento”, evalúa.
Borda atestigua que las quejas por las carencias de existencias proceden “desde enero” de distintas localidades, “sobre todo del área de Barcelona”. “Ciertas variedades faltan pero, si los técnicos son suficientemente diligentes y profesionales, hay otras para suplir y, si no, deben demorarse seis meses y esperarse a la próxima campaña”, resuelve.

Un alcorque vacío en la calle Astúries, en la Vila de Gràcia, en Barcelona. / MANU MITRU
El viverista niega que la sequía haya diezmado a las más de 200 empresas que cultivan plantas en la comunidad. Aún más, defiende que la producción es equiparable a los niveles previos a la sequía: “Hay árboles y quien ha planificado los tiene. Y quien no hace previsión y quiere ir a los precios de años atrás, no los encontrará. Si una ciudad se ha quedado sin plantar, es porque ha ido tarde o porque no tenía suficiente presupuesto para lo que buscaba, porque las plantas están subiendo de precio por los costes, que se han encarecido”.
Menos gruesos
Según varias fuentes, la principal insuficiencia radica en que no abundan las tallas de tronco de mayor grosor, a partir de 18 o 20 centímetros de diámetro y que requieren unos años de crecimiento. “Se han agotado en muchas especies y, en la obra pública, no es lo mismo árboles de 12 centímetros de perímetro que otros más grandes”, distingue un técnico de una empresa de jardinería.
“Ese es el problema, tenemos que esperar a que crezcan -prosigue-. Son calibres muy vulnerables, incluso si un niño se agarra al árbol. Hay tipos en los que 14 o 16 centímetros ya son un problema y estamos cada vez reduciendo más el tamaño de lo que se elige porque, de lo contrario, se requiere tiempo. Es difícil dar con almeces de 18 a 20 centímetros. También se buscan ejemplares bien formados y similares entre ellos, lo que también es una dificultad”.

Árboles recién plantados en el barrio de la Verneda i la Pau, en Barcelona. / MANU MITRU
“Se piden perímetros grandes porque tienen mejor apariencia y para hacer frente al vandalismo”, comenta Marín. Explica que, en su ausencia, se propone a las administraciones cambiar de especie o de grueso de tronco, lo que no siempre se acepta: “Si se quiere un almez, hay que conformarse con uno de 16 a 18 centímetros. Habitualmente, los proyectos no se quedan sin plantar, sino que se opta por otra variedad o un calibre justamente inferior al que se busca”.
“Según variedades y calibres, se han acabado, y se necesitan tres, cuatro o cinco años para reponerlos”, abunda Borda. Agrega que, más que los efectos de la sequía, los viveros han notado un ascenso de los encargos de las ciudades porque “están obligadas a cambiar la tipología de arbolado por las olas de calor y la contaminación”. “Sobre todo se piden almeces, encinas, árboles mediterráneos… Son variedades que han venido para quedarse”, atisba.
Precisamente, el cambio climático empuja a alcaldías de otros estados europeos a adquirir especies resistentes a las altas temperaturas en los viveros catalanes. “Vienen a comprarlas porque, en sus países, pueden valer el doble y allí no producen tanto”, argumenta Borda. “Allá arriba también hace más calor y hemos vendido mucho a Holanda, a Alemania… Se han movido antes que algunos de aquí”, sentencia.
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