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Mirador atestado

Barcelona acordará cambios con los vecinos en el Turó de la Rovira tras resurgir el malestar por la masificación turística

El ayuntamiento anuncia la creación de un grupo de seguimiento formado por miembros del consistorio y asociaciones vecinales que estudiarán medidas a partir de junio para preservar el patrimonio y paliar las molestias en el entorno

Resurge el malestar en el Turó de la Rovira por los botellones y los saltos a la valla: "Todos los días se cuelan"

Varias personas en las baterías del Turó de la Rovira, en la cima de la colina tras la hora de cierre del recinto, en Barcelona.

Varias personas en las baterías del Turó de la Rovira, en la cima de la colina tras la hora de cierre del recinto, en Barcelona. / MANU MITRU

Jordi Ribalaygue

Jordi Ribalaygue

Barcelona
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El ayuntamiento de Barcelona ha anunciado este lunes que creará un grupo de seguimiento del Turó de la Rovira, donde han reaparecido las quejas vecinales por los botellones y la masificación turística en la cima tras dos incidentes recientes en las inmediaciones de los antiguos búnkers del Carmel. Representantes del distrito de Horta-Guinardó así lo han anticipado en una reunión que han mantenido con miembros del Consell Veïnal del Turó de la Rovira. La entidad ha advertido que, hace dos semanas, unos jóvenes amagaron con agredir a una pareja dentro de su casa, colindante con la valla que envuelve el recinto donde se emplazó la batería antiaérea durante la Guerra Civil y que decenas de personas trepan a diario tras la hora de cierre. Días después, un conductor bebido atropelló a uno de los vigilantes que controla los accesos que ascienden a la cumbre.

El distrito apunta que la mesa de trabajo se constituirá en junio y se marca el objetivo de “reforzar la coordinación municipal y avanzar hacia una gestión más ordenada, sostenible y consensuada” de la colina, convertida en uno de los miradores de Barcelona que más visitantes atrae. Lo presidirá la concejala de Horta-Guinardó, Sara Belbeida, y lo conformarán integrantes de diferentes áreas municipales (se prevé que incluya a componentes de Parques y Jardines, Movilidad, Turismo y Seguridad) y también de asociaciones vecinales del Carmel y Can Baró.

El ayuntamiento explica que "este grupo analizará, debatirá y propondrá las actuaciones necesarias en el Turó de la Rovira para abordar los retos de preservar este patrimonio y al mismo tiempo mejorar la convivencia con la vecindad”. En paralelo, el consistorio está elaborando un informe para incorporar el Turó de la Rovira a los Espacios de Gran Afluencia (EGA), como también los son la Sagrada Família o el Park Güell, en los que se prevén medidas particulares por concentrar afluencias masivas de público, de las que el espacio público y la convivencia se resienten. “Ese análisis permitirá al ayuntamiento disponer de datos rigurosos sobre los usos de ese espacio, que ayudarán a la toma de decisiones y definir los criterios de gestión”, postula el distrito de Horta-Guinardó.

Reforestación del monte

Por su parte, el Consell Veïnal del Turó de la Rovira ha comentado a la salida del encuentro que el ayuntamiento se ha comprometido a llevar a cabo unas primeras labores de reforestación, como la organización reclama para tapar claros junto al vallado y su entorno. Se pretende así dificultar que allí se asienten grupos a beber alcohol al atardecer y durante la noche, lo que deriva en ruidos y molestias para los residentes de las inmediaciones.

Barcelona, 01/04/2026 Barcelona. El descontrol vuelve al mirador del Turó de la Rovira: botellones y mucho ambiente que se cuela en el parque los viernes y sábados provocando quejas vecinales. Jordi Ribalaygue. AUTOR: MANU MITRU

Jóvenes en los búnkers del Carmel, tras la hora de cierre del recinto histórico, en Barcelona. / MANU MITRU

A su vez, el Consell Veïnal del Turó de la Rovira urge a la Guardia Urbana a requisar bebidas a los visitantes e intensificar controles y sanciones a quienes salten la reja fuera del horario de apertura de las baterías. Alertan de que el histórico paraje ha devenido en un “botellódromo” nocturno, tanto para turistas como para algunos residentes de la ciudad. “La cifra de los que se reúnen para hacer botellón una vez que el recinto ha cerrado puede superar los dos centenares”, calcula la entidad.

“Las consecuencias de todo esto los sufrimos dos barrios, el Carmel y Can Baró”, señala. “Van desde entradas a casas, destrozos de vehículos particulares (pintadas e incluso incendios), llamadas a puertas y timbres durante toda la noche, meadas en los portales e, incluso, palizas a mayores por parte de los visitantes ebrios”, desgranan. La agresión que indican se refiere a la que unos jóvenes propinaron a un anciano a la puerta de su casa hace un par de años, apalizado tras fotografiar a los muchachos por saltar el cercado que rodea los búnkers.

El último percance con daños personales es el atropello a un operario de 58 años que regula el tráfico en dos calles que ascienden al Turó de la Rovira, donde solo se permite la circulación de vehículos de residentes y servicios. El trabajador pasó un par de días hospitalizado al sufrir una fuerte herida en la nuca, dos costillas rotas y contusiones en un brazo, ha enumerado el Consell Veïnal del Turó de la Rovira. La entidad ha urgido al teniente de Seguridad, Albert Batlle, la teniente de Urbanismo, Laia Bonet, y el comisionado de Turismo, José Antonio Donaire, a que intervengan ante las quejas y asuman responsabilidades.

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