Colectivos vulnerables
Unas 60 personas sin hogar se instalan en dos solares de L'Hospitalet tras ser desalojadas de Barcelona y el aeropuerto
El consistorio hospitalense subraya la necesidad de políticas coordinadas y recursos estables para evitar que el sinhogarismo se desplace
CONTEXTO | Barcelona desaloja en la Zona Franca el mayor campamento de personas sin hogar de la ciudad

Ropa tendida entre tiendas de campaña de personas sin hogar que pernoctan en un solar del polígono Pedrosa de L'Hospitalet. / Zowy Voeten

Barcelona desalojó a las personas que acampaban en tiendas a lo largo del paseo de la Zona Franca hace poco más de dos meses argumentando la necesidad de actuar contra una plaga de ratas. Semanas después, la situación de sinhogarismo que vivía la zona, lejos de arreglarse, se ha esparcido a otros puntos de la zona. En esta centrifugación de la pobreza, dos solares del polígono Pedrosa —colindante con la Zona Franca— de la vecina L’Hospitalet de Llobregat (Barcelonès) esconden ahora entre muros, árboles y arbustos alrededor de otras 60 tiendas con personas que antes pernoctaban en los terrenos de la capital catalana.
Casi medio centenar de tiendas se ubican en un único solar situado a pocos metros del colosal pabellón Hall 0 que Fira Barcelona construye junto a la plaza Europa de L’Hospitalet. El desarrollo económico que refleja el futuro equipamiento social contrasta así con la pobreza que se observa en el vecino descampado y en otro contiguo, con otra decena de tiendas y sus respectivos inquilinos. Muchos de ellos explican a EL PERIÓDICO que llegaron hace entre dos y tres meses, después de que Barcelona desalojara el paseo de la Zona Franca, donde habían acampado anteriormente. Otros dicen que se instalaron más recientemente, después de que también les pusieran problemas para pernoctar en el aeropuerto.
Mohammed y Marina son las personas que más tiempo llevan instalados en la zona: cerca de dos años. Ambos comentan que, hasta hace dos o tres meses estaban solos, y que la gente empezó a llegar desde el desalojo en Barcelona. Señalan que en un primer momento, cuando la mayoría se instalaron, hubo algunas peleas, pero que ahora ya hace tiempo que no hay problemas y que “cada uno hace su vida”.

Parte de una cocina improvisada en un sola del polígono Pedrosa de L'Hospitalet. / Zowy Voeten
Los solares del polígono Pedrosa se han convertido en un refugio temporal para migrantes de alrededor del globo. Se ubican en una zona sin viviendas que generen quejas, cerca de la Zona Franca —donde muchos siguen empadronados y acuden cada día a ducharse, lavar la ropa o revisar el correo— y de estaciones de metro que permiten una fácil conexión con la capital catalana o Mercabarna, donde algunos de los residentes trabajan.
Álex, de 48 años y proveniente de Colombia, explica que lleva poco más de un mes en el solar. Dice a este diario que reside en España desde hace algo más de siete años y que cuenta con papeles y trabajo, pero que se quedó en la calle tras un proceso de separación con su mujer. Destaca que trabaja en limpieza y que puede ducharse y comer en el trabajo cada día. Pero que, aún cobrando entre 1.100 y 1.200 euros al mes, no logra encontrar una vivienda que pueda costearse, ya que por una habitación en L’Hospitalet le piden entre 550 y 600 euros al mes, además de fianza, y todavía tiene que pargarle dinero a su expareja. Álex recuerda que, tras algo más de dos meses pernoctando en el aeropuerto, un día ya no le dejaron quedarse, por lo que prefiere el solar a Barcelona, ya que, remarca, “no hay peleas” y “es muy seguro”.
A consulta de este diario, el propio Ayuntamiento de L’Hospitalet insiste en que cualquier respuesta a los asentamientos informales “debe ir acompañada de políticas metropolitanas de vivienda, recursos estables y coordinación supramunicipal”, porque sin ello “los desalojos sólo trasladan el problema de un sitio a otro”.

Tiendas de campaña y una bandera del Barça en un descampado del polígono Pedrosa de L'Hospitalet de Llobregat. / Zowy Voeten
Asentamientos en L'Hospitalet
Fue el PP de L’Hospitalet el que hace unas semanas dio a conocer la existencia de este nuevo asentamiento. A preguntas de los populares, el gobierno municipal explicó que tiene detectados dos asentamientos "consolidados", ambos en solares de titularidad privada. Uno de ellos es el del polígono Pedrosa, "en crecimiento" por actuaciones recientes "en el término de Barcelona", y el otro es el de Can Rigalt, enquistado desde hace años y donde el consistorio recuerda que ya se han realizado actuaciones de retirada de barracas y chabolas, "aunque persisten algunas en puntos concretos".
En el caso de Pedrosa, el ejecutivo local reconoció en una respuesta al PP que el Ayuntamiento de Barcelona avisó sobre la actuación "de saneamiento" prevista en asentamiento de la Zona Franca y que esta "podía provocar desplazamientos y afectar a la zona" del polígono, lo que permitió activar recursos "de forma preventiva", pero no evitar que aumentara el número de personas en el asentamiento.
Preguntadas por ambos asentamientos, fuentes municipales explican que ya han iniciado los correspondientes expedientes de disciplina urbanística contra los propietarios de los terrenos afectados para que "procedan a su limpieza, desocupación y cierre correcto". Así, en el caso de Can Rigalt destacan que "la propiedad está gestionando los permisos para llevar a cabo estas acciones" y que, en ambos, si se incumplen las respectivas responsabilidades impodrán "multas coercitivas".
Los asentamientos son la parte más visible de un fenómeno que en los últimos años ha ido a más en L'Hospitalet, Barcelona y otros municipios metropolitanos. En el último recuento oficial de L'Hospitalet, llevado a cabo en diciembre de 2025, se localizó a 117 personas durmiendo en la calle y un total de 185 personas en situación de sinhogarismo, sumando calle y recursos de alojamiento.
Esperanzas de un futuro mejor
Abdelghani, de 35 años y originario de Argelia, expone que confía poder hacerse autónomo en un futuro cercano, montar un taller y contratar a algunos de los jóvenes con los que convive en el descampado más poblado del polígono hospitalense. "Así todo el mundo gana: nosotros y España", defiende este argelino que lleva un año en España y habla cinco idiomas, asegura en un perfecto inglés.
Él es uno de los múltiples desalojados del paseo de la Zona Franca en febrero de este 2026. Al igual que Oualid, de 23 años y también procedente de Argelia, él también terminó en este mismo solar después de que se desmontara el campamento de la Zona Franca. Confía en que el proceso de regularización de migrantes le permita tener papeles para poder trabajar de lo que sea. Y señala que antes ya había vivido en Francia y que ahí había trabajado de electricista, en un restaurante o en la obra, pero aquí "es muy difícil" hacer nada si no tienes papeles.

Tiendas de campaña y otros enseres en un descampado del polígono Pedrosa de L'Hospitalet. / Zowy Voeten
Ambos jóvenes y otros compañeros suyos lamentan la falta de oportunidades y las dificultades con las que se encuentran para poder salir de la calle. Además, algunos de ellos explican que cuando los desalojaron de la vecina Zona Franca perdieron parte de sus pertenencias, lo que ha hecho que su día a día sea aún más complicado. En el otro solar la radiografía es similar. Mohammed G. afirma que tiene 30 años y que nació en Palestina, aunque ha vivido buena parte de su vida en Alemania, concretamente, desde que tenía 13 años. En su caso, señala que lleva nueve meses residiendo en España, muestra que es solicitante de asilo y dice que está a la espera una respuesta de la administración para regularizar su situación.
La Síndica de L'Hospitalet, Merche García, destacó esta misma semana durante la presentación de su informe anual en el Pleno de este mismo abril que su oficina había vuelto a recibir quejas de personas sin hogar por falta de recursos, por problemas con el centro residencial Els Alps o por problemas con el empadronamiento. Por ello, insistió en la necesidad de "implementar recursos eficientes y planos de trabajo" que den respuesta a estas situaciones de vulnerabilidad y a desplegar el Plan de Abordaje del Sinhogarismo 2025–2030, que el propio ayuntamiento aprobó también en diciembre de 2025 y que debe ayudar a solucionar parte de los problemas señalados por la defensora ciudadana.
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