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Un referente del diseño de los años 30

Barcelona estudia el modo de rescatar el icónico rótulo de Cacaolat en la antigua fábrica de Letona

En el inmueble industrial de la calle Pujades está prevista una gran promoción privada de pisos, cuya licencia de obras ha caducado

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El rótulo de Cacaolat, en lo alto del edificio medio en ruinas de la antigua fábrica de la calle Pujades

El rótulo de Cacaolat, en lo alto del edificio medio en ruinas de la antigua fábrica de la calle Pujades / FERRAN NADEU

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
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Los años 30 fueron una edad de oro del diseño en y la tipografía en Barcelona, una década, echada a perder por la Guerra Civil, en la que sucedió, según Enric Satué, gran especialista en la materia, algo hasta entonces inaudito. Los productos que compraban los trabajadores (un bote de detergente, los recambios de las maquinillas de afeitar, el papel higiénico) estaba preciosamente empaquetados. El diseño había dejado de ser algo exclusivo de las élites adineradas y en mitad de aquella revolución estética nació en 1933 Cacaolat, un producto también innovador, leche desnatada mezclada con una proporción de cacao que nada tenía que ver con el chocolate espeso que hasta entonces se servía en los salones de té. Fue un éxito y llegó al público con una tipografía que ha sido un icono de la historia local, por eso se ha visto ahora en el brete el Ayuntamiento de Barcelona de qué hacer con el rótulo de gran tamaño que aún corona lo que fue la fábrica de Letona en la calle de Pujades. Estaba a punto de ir, como tantísimos rótulos del paisaje de la ciudad, a la basura, pero en un feliz giro de los acontecimientos se ha decidido, in extremis, salvarlo.

De la antigua fábrica de la calle de Pujades, entre Marina y Joan d’Austria, queda solo la fachada frontal, que se ha considerado necesario preservar para atestiguar el pasado industrial de esa parte de la ciudad. Es un edificio de 1955 que lleva la firma de Joan Soteras, un arquitecto que exploró la línea brutalista en algunos de sus trabajos, como, por ejemplo, en compañía de Francesc Mitjans, en la construcción del antiguo Camp Nou. Suya era también la inconfundible silueta de la Olivetti de las Glòries y del hoy decadente Palau Municipal d’Esports de Montjuïc.

Licencia de obras caducada

La fachada de Pujades será la cara visible de un bloque de 273 pisos que está previsto levantar en el inmenso solar que hay justo detrás. Bueno, estaba, porque ha caducado la licencia de obras que solicitó la empresa constructora y le fue concedida en noviembre de 2020, indican fuentes municipales a este diario. No consta ninguna nueva petición de licencia para iniciar los trabajos. Es un solar maldito desde que cerró sus puertas y que ha cambiado varias veces manos.

El rótulo, bastante intacto, está sobre esa fachada, justo al lado de otro que sentimentalmente quizá emociona menos a los consumidores, el de Letona. Cuál será la será la solución para esa inconfundible letra cursiva de Cacaolat (Coca-Cola, por cierto, consideró en su día que era un plagio y quiso llevar el tema a juicio) es una incógnita que el ayuntamiento están todavía en vías de despejar, pero, según fuentes municipales, la solución pasara por conservarlas, a poder ser como una muestra de arte urbano.

La fachada de la fábrica, vista por detrás, con el resto del edificio ya demolido.

La fachada de la fábrica, vista por detrás, con el resto del edificio ya demolido. / FERRAN NADEU

La medalla por esta misión de rescate se le puede conceder a Laura Meseguer, internacionalmente reputada profesora de tipografía, que hace meses se alarmó y comenzó una ronda de consultas al Museu del Disseny y al Museu d’Història de Barcelona. El primero, víctima de una desnortada navegación cultural estos últimos años, se espantó primero por el tamaño de la pieza. El segundo siempre podría darle cabida, por ejemplo, en una de sus varias sedes, la Oliva Artés, donde se exhibe una interesante colección sobre la industrialización de Barcelona y su impacto en la sociedad. No sacó nada en claro Meseguer, pero, en el fondo, prendió una mecha que es la ahora está a punto de estallar en lo que podría ser el mejor de los finales. Según fuentes municipales, el Museu d’Història estudia estos días cómo y dónde dar cabida a la pieza.

Un patrimonio singular

¿Quién fue el autor de aquella tipografía en 1933? No hay que descartar que, efectivamente, fuera una acertada adaptación del logotipo de Coca-Cola. Lo que sí se sabe es que Pepi, el niño de la imagen corporativa que en una mano llevaba la cartera de la escuela y, con la otra, cargaba al hombro una botella del producto, lo dibujó Joan Gil Gil, pintor e ilustrador de fama entonces. Y lo que se sabe también es que hasta podría decirse que el Cacaolat fue gestado como idea en Hungría. Marc Viader, fundador de Letona, y su hijo Joan viajaron en 1931 a la Feria Internacional de Budapest, un lugar perfecto en aquella época para conocer las novedades industriales de mundo. Entre los expositores estuvo en aquel certamen László József Biró, que dio a conocer el invento por el que ha pasado a la historia, el bolígrafo, pero en lo que se fijaron los Viader fue en unos refrescos de leche y cacao. De regreso a Barcelona, con una receta secreta, nació Cacaolat y, lo dicho, su logotipo eterno.

Joan Viader, en 1930, tres años antes del nacimiento de Cacaolat.

Joan Viader, en 1930, tres años antes del nacimiento de Cacaolat. / Archivo Joan Viader

El problema es que en Barcelona la palabra eterno puede llegar a ser sinónimo de caduco. La ciudad tuvo la mencionada eclosión de diseño en los años 30 y luego en los 80 y 90 fue de nuevo célebre por lo mismo. El propio Satué, antes, durante y después de los Juegos Olímpicos fue protagonista de esa segunda edad de oro y, ya puestos, autor de una interesante colección de libros sobre el diseño y su historia. También creadores como Juli Capella y Claret Serrahima entendieron que había que documentar en libros lo que estaba sucediendo, sin saber, claro, lo que pasaría después, que ese inmenso catálogo de rótulos y diseños que, por ejemplo, caracterizaban las calles de la ciudad iba a desaparecer a una velocidad inusitada.

Una de las página de 'Barcelona gráfica' y una muestra, padados los años, del patrimonio perdido.

Una de las página de 'Barcelona gráfica' y una muestra, pasados los años, del patrimonio perdido. / AMERICA SÁNCHEZ

Sirve como ejemplo esta página entresacada al azar del libro que América Sánchez sacó a la venta en el año 2001, ‘Barcelona gráfica’. El volumen muestra 1.834 piezas interesantes del paisaje cotidiano de la ciudad. En esa página aparecen 16. Doce ya no existen, dos han sido modificadas y solo dos han sobrevivido.

Hojear aquel libro es hoy algo descorazonador. La supervivencia del rótulo de Cacaolat, una alegría. Pero es también una invitación en toda regla a echar un vistazo a cómo otras ciudades han encarado esta nefasta pérdida de diseño en sus calles, que lo más común es que haya dado paso a las imágenes corporativas de grandes empresas que abren tiendas idénticas en todas partes, vamos, la antítesis de la originalidad.

Una sala del Neon Muzeum de Varsovia, que atesora los rótulos de la Guerra Fría tras el Telón de Acero.

Una sala del Neon Muzeum de Varsovia, que atesora los rótulos de la Guerra Fría tras el Telón de Acero. / N. M.

Alrededor del año 2005, en Nueva York, Berlín, Varsovia, Londres, Las Vegas y otras urbes surgieron iniciativas para salvar, aunque fuera en museos, todos aquellos carteles que de otro modo hubieran terminado en el contenedor de los escombros. En el de Nueva York, por ejemplo, no se impuso ningún tipo de criterio restrictivo, o sea, que el rótulo de cualquier ‘grocery’ que anunciara pastrami con tipografía común fue bienvenido. El museo de los neones de la capital de Polonia tiene también su qué, porque presume, y es verdad, de ser un testimonio de la publicidad luminosa en los años de la Guerra Fría.

Ha habido en España también declaraciones de intenciones similares, no tan exitosas y más en Madrid que en Barcelona. En 2020 es sí, nació la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico, a la que Meseguer podrá anunciar que ha puesto todo de su parte para salvar un tesoro: el rótulo de Cacaolat.

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