Crónica
"Perdemos ventas, ganamos paz mental": así es el primer Sant Jordi de los floristas de Barcelona fuera de La Rambla
Las vendedoras explican a EL PERIÓDICO cómo viven su primera diada trasladadas a plaza Catalunya por las obras en la emblemática avenida
CONTEXTO | Los puestos de flores abandonan la Rambla y se instalan en la plaza Catalunya por las obras

Europa Press
Las floristas de la Rambla de Barcelona están viviendo el primer Sant Jordi fuera de su escenario habitual. Las obras del emblemático paseo las obligaron a trasladarse en febrero a plaza Catalunya, donde permanecerán de forma provisional hasta, al menos, la primavera de 2027. Así, este 23 de abril se ha convertido en una prueba de fuego para unas paradistas acostumbradas a asociar la jornada de la rosa a una Rambla en la que no pueden estar este año.
El contraste entre las floristas entrevistadas por EL PERIÓDICO desde primera hora de la mañana es evidente. Mientras unas ven más espacio, tranquilidad y hasta un ambiente nuevo, otras admiten desorientación entre la clientela y pérdida de identidad al alejarse de un enclave histórico en el imaginario barcelonés. En este nuevo emplazamiento, las paradas han recibido a media mañana las visitas del alcalde Jaume Collboni y del conseller de la Presidència de la Generalitat, Albert Dalmau.
José González, de La Flor de la Rambla, es de los que ha empezado el día con buen tono. “Es la primera vez lejos, pero es plaça Catalunya, es perfecto”, resume. A su juicio, el cambio le ha permitido ganar espacio y paz mental después de meses conviviendo con polvo, ruido y estrecheces. “Hemos perdido un pelín de venta, pero hemos ganado en paz mental y tranquilidad, que también es importante”, explica. Incluso destaca elementos que distinguen esta diada de otras: la música, el ambiente y una plaza más abierta que la Rambla en obras. Su valoración del inicio de la jornada lo resume a la perfección: “Espectacular”.

El florista José González saluda al alcalde Jaume Collboni. / Pau Gracià / EPC
En Flors Carolina ofrecen una mirada amable sobre el traslado. Su historia tiene un valor especial: su parada, fundada en 1888, es la más emblemática de la Rambla y conservará su estructura histórica cuando vuelva al paseo, ya que está distinguida con un premio FAD de 1992. Carolina Pallés, propietaria de la floristería, asegura que está “encantada” con la ubicación provisional y que, al menos en su caso, la clientela ha seguido respondiendo. “No hemos perdido nada. Nos han buscado una buena ubicación y de aquí a un año volveremos”, afirma. Aunque admite que la Rambla de les Flors “es nuestra vida”, defiende la reforma y cree que el paseo necesitaba una puesta a punto. El traslado, confirma, les ha permitido conocer nuevos clientes y dar visibilidad a sus flores entre personas que, quizá, nunca bajaban a la Rambla. “Hay gente de esta zona que nos pide que no nos vayamos”, explica.
No todos los establecimientos comparten ese entusiasmo. Andrea Pérez, trabajadora de Flors Raquel, admite que vive esta primera diada fuera de la Rambla con incertidumbre. “No sabemos muy bien si la gente está entendiendo que las paradistas típicas de la Rambla están aquí”, explica. En su caso, el traslado también afecta a un elemento menos tangible: “Pierdes un poco la identidad”. El principal obstáculo, añade, es que mucha gente aún no tienen claro dónde encontrarlas. Según comenta, parte de la confusión viene de mensajes contradictorios sobre si las paradas estarían en el Portal de l’Àngel o en otros puntos del centro.
"Hay mucha diferencia con la Rambla"
Arnau Moya, florista de Moya Shop, percibe una caída clara de afluencia. “Se nota mucho, hay mucha diferencia con la Rambla”, dice. Reconoce que plaza Catalunya es un lugar de paso, pero insiste en que por estar habitualmente en “un lugar tan icónico como la Rambla y un día tan especial como Sant Jordi, trabajar aquí se hace extraño”. En su parada se intenta mantener el optimismo, pero sin esconder que el arranque ha sido “un poco más flojo” que otros años.

Los floristas de la Rambla de Barcelona viven su primer Sant Jordi en plaza Catalunya. / Pau Gracià / EPC
En Flors Maria-Laura, su propietaria, Laura Gómez, va un paso más allá: para ella la pérdida principal es el contexto. “No es la Rambla”, resume. “Ahí la gente va a pasear y compra. Aquí el flujo es distinto, la multitud pasa para ir a buscar el tren o el metro”, resume. Asegura que ya se han notado menos ventas y que la clientela habitual ha tenido que ser avisada por Instagram y otros canales para no perderlas de vista. Este Sant Jordi lo vive “con nostalgia” y con cierto deseo de regreso. “Que los vecinos suban un poco más arriba”, pide a quien hoy haya ido a la Rambla y no las encuentre.
En el intento de mantener vivo el vínculo emocional con el paseo, la asociación Amics de la Rambla ha impulsado este Sant Jordi varios gestos simbólicos, entre ellos una alfombra floral en Santa Mònica y actos de apoyo a las floristas para subrayar que, aunque este año no estén en su ubicación habitual, siguen formando parte del imaginario del paseo.
En plaza Catalunya, la sensación dominante ha sido la de una diada de transición. No todas las floristas la viven igual, pero comparten un mismo punto de partida: Sant Jordi sigue siendo un gran día para vender rosas, aunque este año toque hacerlo a unas calles de distancia del lugar que durante décadas dio sentido a su oficio.
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