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Una biografía en los cielos

La pasión por los aviones, el accidente en Oporto y las puertas blindadas por el 11-S; la vida del comandante Ramon Vallès

El piloto, que se ha convertido en un fenómeno didáctico en televisión y las redes sociales sobre volar, publica un libro que repasa su trayectoria

Ramon Vallès, el comandante de Iberia que 'enseña' a pilotar en Instagram: "Vivimos un periodo glorioso en seguridad"

Ramon Vallès, en la cabina del avión, en una de la fotos que ha colgado en Instagam.

Ramon Vallès, en la cabina del avión, en una de la fotos que ha colgado en Instagam. / Instagram / RG7

Toni Sust

Toni Sust

Barcelona
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Explica Ramon Vallès en el libro que acaba de publicar, ‘¡Bienvenidos a bordo! Les escibre su comandante' (geoPlaneta, 2026) que recuerda perfectamente cómo cuando él era un niño resultaba “fácil” acceder a la cabina de los pilotos “para admirar con los ojos como platos toda aquella cantidad de instrumentos”. Es algo, añade, que hoy resulta inviable durante un vuelo, en el que las puertas blindadas de las cabinas recuerdan como los atentados del 11-S del 2001 lo cambiaron todo, incluidas las medidas de seguridad en los aviones.

Pero más allá de esa barrera entre los pasajeros y el comandante Vallès –ahora, dice, los niños tienen que fotografiarse en la cabina ya con el aparato en tierra-, este hijo de Piera y vecino de Igualada (Anoia), donde vive, cuando no vuela, con su mujer, Margarita, con la que ha tenido un hijo y dos hijas, sigue disfrutando de su trabajo, y de su labor divulgativa sobre lo que es volar, tanto en programas de televisión como en la red social Instagram, donde suma 360.000 seguidores a los que en los últimos años ha explicado cómo funciona un avión, porque no se cae fácilmente y cómo de importante y cada día más lograda es la seguridad en los vuelos.

“Por qué soy piloto”

“La respuesta a la pregunta de por qué soy piloto está en mi padre. Él fue la principal pieza en el puzle de mi vida”, escribe Vallès al iniciar el libro. Su padre, Ramon como é, quiso ser mecánico de aviación. La muerte prematura Joan Vallès, el abuelo del comandante, lo impidió. Tocaba ayudar y se dedicó a la mecánica de coches, en la que prosperó. Pero le transmitió ese interés a su hijo y le permitió que volara, en todos los sentidos, y así fue cómo la familia Vallès puso un pie en la aviación. No sin que la madre, que sigue viva, intentara sin éxito orientar al primogénito hacia la universidad para alejarlo de lo que consideraba un oficio arriesgado. Por ella, Vallès estudió tres años Ingeniería Técnica en Navarra antes de dejarlo y centrarse en su pasión.

Vallès, con un ejemplar de su libro.

Vallès, con un ejemplar de su libro. / El Periódico

Formado en el Aeroclub Barcelona-Sabadell a partir de 1987, en 1998 ingresó en Iberia. Dicho así, en 15 palabras, el trayecto parece fácil, pero como él lo explica, no lo fue tanto. Pero lo logró. Primero como copiloto, y luego ya pasó “al asiento de la izquierda”, el del comandante. Ahora, relata en su biografía, queda a menudo con aspirantes a volar que, con sus familias, le visitan para preguntarle cómo seguir su camino. Y él les cuenta cómo fueron esos 11 años de trabajo y espera.

El primer vuelo

“Uno de los momentos más notables que recuerdo fue el día en que, después de una práctica de vuelo, mientras regresábamos al estacionamiento, Álex me pidió que detuviera la Cessna y, sin parar el motor, se bajó, y yo me fui solito otra vez a volar. Era mi primer vuelo solo”, explica en el libro Vallès. Álex era Álex López Sagués, su instructor: “Mirar a la derecha y ver el asiento vació me causó una impresión muy potente”.

Después de Sabadell llegó Miami, no sin sufrir un par de ‘turbulencias’. Primero el avión de Madrid a Nueva York llego con retraso y él perdió el de Miami: tocó dormir en un banco del Aeropuerto JFK una noche. Ya en Miami, entraron en el piso donde se había instaladao y le robaron todo el dinero en efectivo que llevaba. Amagó con regresar a casa al día después, pero sus padres, vía llamada a cobro revertido, le quitaron la idea de la cabeza. “A partir de ese día, todo funcionó a pedir de boca”.

Siguió su formación de vuelo en la localidad de Vero Beach, a 250 kilómetros de Miami, con avionetas Piper y tras una experiencia estadounidense extraordinaria –“Una etapa que retomaría si pudiera echar el tiempo atrás”- , y luego regresó a España y pasó los exámenes preceptivos en la Escuela Nacional de Aeronáutica, en Salamanca.

Kirk Douglas, pasajero

Antes de llegar a Iberia, Vallès logró algunos trabajos más o menos ocasionales, como el traslado de una avioneta Cessna bimotor de Miami a Barcelona, pasando por Groenlandia, Islandia y Manchester, entre otras etapas, o pilotar un pequeño reactor, un Cessna Citation, para vuelos privados, en el que un día llevó a Kirk Douglas de Barcelona a Palma. “Good landing”, le dijo el actor al abandonar el aparato.

Ya de forma estable, voló en un SAAB 340 para Regional Líneas Aéreas y, menos tiempo, con un Fokker-50 para Air Nostrum. Poco después llegó al destino que perseguía: en 1998 fue aceptado en una convocatoria de Iberia y un tiempo después empezó a volar en un Airbus A320, uno de los de la flota de corto y medio alcance. Ocho años después pasó al pasó al A340, de largo radio, con el que ya empezó a cruzar el Atlántico.

Comandante

En 2015, logró pasar al asiento de la izquierda: se convirtió en comandante. Cuenta Vallès que en esa posición de liderazgo lo que corresponde es asumir “la gestión total de cada vuelo, que no se limita solo al pilotaje del avión”. Añade que lo lógico, si no hay circunstancias adversas, es que quién pilote más tiempo sea el copiloto. Su primer vuelo como comandante fue un Madrid-Múnich, el 9 de abril del 2016.

Como suele subrayar en sus mensajes en redes y los medios de comunicación, la seguridad lo es todo para él: “Es el pilar que soporta nuestra profesión”. Por eso los accidentes son una cuestión capital para él. Entre los ajenos, destaca el bimotor de la Fuerza Aérea Uruguaya que en 1972 se estrelló en los Andes, y que libros y películas, la última, ‘La sociedad de la nieve’, en 2023, han recreado. Pero también Vallès tuvo su accidente.

El accidente de Oporto

En el libro lo cuenta en tercera persona, como si le causara cierto pudor. Sucedió el 14 de mayo de 1997, siendo él copiloto en un avión turbohélice. 34 pasajeros. Madrid-Oporto. Al llegar, llevando él el avión, observó en la pista en la que debía aterrizar unos banderines rojos que indicaban que no podía hacerlo allí. Ya era demasiado tarde para subir y seguir volando, y solo pudo hacer un giro brusco a la izquierda para evitar el obstáculo señalado. Esa parte de pista estaba en obras. “La rueda derecha del tren principal se arrancó y los pilotos perdieron totalmente el control de su avión. El resto de agujeros que tenían por delante acabaron arrancando la totalidad de las ruedas, las hélices se rompieron al impactar contra el suelo, una parte de la cola fue arrancada por el impacto de la pata izquierda del tren de aterrizaje y el avión acabó arrastrado por el suelo hasta que se detuvo por la propia fricción”.

Aquello acabó sin desgracias personales. Un susto tremendo. “El copiloto de esta historia era yo”, escribe en su libro Vallès, que ahora, con 60 años, encara cinco más de carrera, hasta su jubilación, si las normas no cambian. Habrá sido una vida apasionante, la que deseaba, y la que muestra a cada uno de sus seguidores, en sus mensajes, cuando explica dónde va la gasolina en un avión, o cuando publica una foto solo o con su mujer, Margarita, corriendo, porque además es ‘runner’, en alguno de sus destinos, entre vuelos.

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