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En Barcelona

Maite Pons, 78 años, tras dar la vuelta al mundo en crucero en 129 días: "No tuve un momento de aburrimiento"

La hiperactiva jubilada confiesa no haber echado de menos su casa en el Raval, tras hacer amigos de numerosos países

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Maite Pons Pallarès, jubilada que acaba de dar la vuelta al mundo en crucero en 129 días, a bordo del 'Costa Deliziosa'.

Maite Pons Pallarès, jubilada que acaba de dar la vuelta al mundo en crucero en 129 días, a bordo del 'Costa Deliziosa'. / EPC_EXTERNAS

Patricia Castán

Patricia Castán

Barcelona
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Maite Pons Pallarès llega a la entrevista en una granja del Raval de Barcelona, cerca de su casa, con una camiseta que dice “yo nunca viví el 9 de enero”. La compró a bordo el 'Costa Deliziosa', del que desembarcó a principios de abril tras una fabulosa vuelta al mundo en crucero en 129 días. Para esta hiperactiva jubilada que siempre va en bicicleta y pronto cumplirá 79 años, ha sido una “experiencia única”.

¿Qué pasó el 8 de enero?

Has ido adelantando horas y más horas, así que pasas del 8 al 10. Tengo cuatro ‘diplomas’ (los entregan en los barcos) de cada vez que cruzamos el Ecuador. Vas subiendo y bajando, subiendo y bajando.

Resúmanos su ruta.

Fueron 27 países y cinco continentes. Pasamos por Barcelona, Casablanca y Tenerife. De ahí ya cruzamos el Atlántico y paramos en Barbados. Después el canal de Panamá, que fue una experiencia súper chula. Por un tema de político se eliminó la escala en Ecuador y pasamos a Perú y Chile. Pasamos la Navidad en la Isla de Pascua por Nadal. Luego para llegar a Australia, pasamos por siete u ocho isla. Algunas maravillosas, como Mystery Island, y muy exóticas. Luego seguimos por Asia, yo ya conocía Japón, pero también visitamos varias ciudades de Vietnam, China, India, Sri Lanka, isla Mauricio, Maldivas, tres puertos de Sudáfrica. Luego Cabo Verde, y de allí ya a Las Palmas y por fin a Barcelona. Otras vueltas al mundo a veces pasan por EEUU, pero yo ya había viajado allí antes.

¿Había planeado el viajazo toda la vida?

Que va, me enteré por casualidad de que una amiga francesa iba y se había producido alguna cancelación en octubre. Fue un arrebato. Yo embarqué en Barcelona el 27 de noviembre y regresé al mismo puerto el 4 abril, lo que resulta comodísimo. Pero la mayoría de gente lo planifica con mucha antelación e ilusión. Algunos habían hecho hasta tres o cuatro vueltas al mundo más.

¿Hay que ahorrar mucho para permitírselo?

Trabaje 39 años en una empresa química, en atención al cliente y llevo años jubilada y viajando. En este caso tuve suerte porque las plazas se venden rápido y yo encontré esa oferta final, que me permitió viajar sola en camarote con balcón por 31.000 euros. Incluía todo el viaje, las comidas, vinos y cervezas en los restaurantes, entretenimiento, tasas y 12 excursiones. Luego compré otras y muchas visitas las hice por libre con gente que vas conociendo.

Paso por el canal de Panamá durante la ruta de Matie Pons.

Paso por el canal de Panamá durante la ruta de Matie Pons. / EPC

Iba con una conocida y vuelve con una red internacional de amigos…

Estoy invitada a ir a Madrid, a Vigo, a Las Palmas, a Granada, a Italia, Francia, Alemania…. También espero que vengan a verme aquí a Barcelona, claro, es un intercambio. Yo hablo francés y un poco de inglés, pero de tanto jugar cada tarde que podía al bridge –una de sus pasiones—casi he aprendido italiano. Y he dado clases de catalán a Antoine y Muriel, una pareja de franceses que iba a viajar a Catalunya. También he conocido suecos, americanos… aunque había bastantes españoles.

¿Es el viaje de su vida?

Pienso que es algo que habría que hacer al menos una vez. Vale la pena y lo antes posible, cuando aún tienes energía. Porque muchos lo hacen demasiado al final de su vida. Y de hecho ha habido alguna hospitalización durante la ruta y algún fallecimiento a bordo, como suele pasar en estos viajes, porque son largos y aunque hay algunos viajeros jóvenes, la mayoría son maduros, y algunos muy mayores.

Imposible no preguntarle cómo se hace una maleta así.

Es lo bueno de ir en crucero, porque en un avión ya te cobran 55 euros por una maletita de cabina en un vuelo corto. Aquí me llevé dos bolsas de viaje grandes, una mochila y un neceser. Y volví con otra maleta llena de compras. Porque había cogido demasiadas prendas de abrigo y pocas de verano, y al final en todas partes hizo buen tiempo. Yo solo llevaba ropa de vestir para Navidad y Año Nuevo, y tuve que comprar más para algunas cenas.

Se la ve en forma ¿no se ha traído algún kilo de más?

Al principio gané un par de kilos, pero enseguida me controlé porque si te dejas llevar es peligroso….[ríe] Vigilé el colesterol y el peso, y a la vuelta me he hecho unas analíticas y todo bien. Piense que ya tienes un buffet con comida de todo tipo para desayunar, para comer, hay meriendas, cenas de gala… Mucho para elegir, pero siempre hay frutas y opciones sanas. Hay que saber renunciar a la tentación de los postres…

Maite Pons Pallares, Jubilada que ha dado la vuelta al mundo en crucero en cuatro meses

Durante su visita a la isla de Pascua, en la Polinesia. / EPC_EXTERNAS

¿Ha llegado a aburrirse de tanto navegar?

No me he aburrido ni un solo momento, incluso me ha faltado tiempo. Los días de escala haces excursiones o descubres los destinos por tu cuenta y los días previos un guía en español te ayuda a planificarlo porque quieres ver muchas cosas y solo en algunos destinos como Japón o Australia haces noche en el puerto.

¿Cómo organizaba su agenda a bordo?

Los días de navegación hay tantas actividades que no llegas a todo. Yo hacía un taller de manualidades por la mañana, mira todas la pulseras que llevo hechas por mí... También alternaba pilates, fitness, yoga.. Jugaba al bridge, al bingo a veces, bailaba todas las noches, aunque la mayoría de veces a medianoche tras el piano bar en directo se acababa la animación, salvo en las noches temáticas que había discoteca… Algunos creyeron que yo había sido bailarina, jaja. Y cada día había teatro, con algunos espectáculos increíbles, por los que en tierra pagarías mucho dinero. Y además había varios bares y coctelerías donde conocer gente y tomar algo. Y tenía un abono de spa, y también momentos de introspección para hacer un poco de diario a bordo y dibujar.

¿Estuvo en contacto con la familia?

El wifi del barco era caro, primero utilizaba el de las terminales de llegada para llamar, pero luego descubrí distintas aplicaciones y planes muy asequibles que servían para la mayoría de países y hasta para alta mar, excepto en islas pequeñas.

¿Surgen muchos gastos extra?

La verdad es que yo he gastado poco, aparte de compras y desplazamientos en las escalas, y algún masaje como capricho. Casi todas las necesidades están cubiertas. Ni siquiera necesité el ‘todo incluido’ porque yo solo bebo un poco con las comida. Y eso que solo había hecho un crucero en toda mi vida. También fue importante llevar un buen seguro de viaje, a mí me tuvieron que atender un día en la consulta médica del barco porque tenía mucha tos, pero no fue nada.

¿Tuvo alguna mala experiencia o algún día de mala mar?

El barco no se movió apenas, tan solo me tuve que tomar una biodramina por prevención en la parte final. Y por la noche se duerme de coña. En cuanto a la ruta, las escalas siempre son muy seguras. En realidad, ¡me han robado el monedero nada más volver a Barcelona!

¿Cuál era el perfil más habitual a bordo?

Había muchas parejas, pero también muchos viajeros viudos o separados, como yo, que viajaban con amigos o incluso solos. En estos cruceros largos o transatlánticos el ambiente es distinto a los de una semana, donde todo es mucho más acelerado. Aquí el servicio era fantástico.

Maite Pons Pallares, Jubilada que ha dado la vuelta al mundo en crucero en cuatro meses

Pons, durante la visita a Sidney. / EPC_EXTERNAS

¿Y se crearon nuevas parejas, como sucedía en ‘Vacaciones en el mar’?

Sí que ha surgido alguna, y algún romance he visto. Es fácil conocer gente, y además hay tiempo y oportunidad de compartir buenos momentos. Pero sobre todo puedes hacer amigos para siempre.

¿Qué visita ha disfrutado más?

Hemos visitado lugares increíbles, he podido hacer esnórquel en las mejores aguas y hacer fotos submarinas. Pero a mí me gustan mucho las grandes ciudades y muy modernas, como Tokio, Hong Kong y Singapur. Traigo conmigo más de 3.500 fotos.

Debe tener un montón de anécdotas.

Sí, como en Panamá, cuando olvidé retrasar el reloj y tras unas compras llegué al punto de recogida del autocar y no había nadie. Entonces me di cuenta de que eran las 15.30 y no las 14.30 y tuve que buscar un taxi para llegar al barco corriendo. Pero en el camino nos paró la policía y tenían mi foto, porque habían dado la alerta. Entonces me acompañaron al autocar del grupo francés y pude llegar con ellos. Y al llegar a Barcelona con tanto equipaje me dejé el neceser en la terminal, tuve que volver y allí seguía. Me acompañó un viajero alemán con el que hice amistad y al que enseñé la Rambla.

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