El desafío rural en la provincia
La 'Barcelona despoblada' rehabilita vivienda asequible para atraer a jóvenes: "Si te esfuerzas, en los pueblos sí hay futuro"
Municipios rurales se alían con la Diputación para ofrecer alquiler de protección oficial revitalizando equipamientos en desuso
Los alcaldes de Gallifa, Vallcebre y Sora explican a EL PERIÓDICO cómo luchan por la supervivencia de sus pueblos
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Una familia regres a casa tras la llegada del bus escolar. / FERRAN NADEU
La realidad de las grandes ciudades de Catalunya contrasta con la de los municipios rurales en peligro de extinción, siempre hostigados por la despoblación. Un desafío al que paradójicamente también se enfrenta la provincia de Barcelona, donde las grandes densidades poblacionales en torno a la capital conviven con las de pueblos de unos pocos cientos de habitantes como Gallifa (Vallès Occidental, 171 habitantes), Sora (Osona, 225 habitantes) o Vallcebre (Berguedà, 260 habitantes).
Según los últimos datos del Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat) del 2023, uno de cada tres municipios de menos de 1.000 habitantes de la provincia registró un saldo migratorio negativo entre la población de 15 a 34 años. De la mano de la Diputación de Barcelona (DIBA), estos municipios están lanzando pequeñas iniciativas de alquiler asequible en vivienda rehabilitada a partir de escuelas, masías o equipamientos municipales en desuso por tal de atraer a jóvenes y fomentar el arraigo en pro de la supervivencia de las poblaciones.
“Hemos salido de la fatalidad de que en estos municipios rurales no hay futuro: si te esfuerzas, sí”, explica a EL PERIÓDICO el alcalde de Gallifa, Mateu Comalrena. La localidad vallesana es una de las que trabajan con la DIBA para generar oferta de vivienda. Primero, impulsó el registro de solares sin edificar y después rehabilitó en 2021 una vivienda unifamiliar cedida al consistorio para destinarla a protección oficial para jóvenes; más tarde hizo lo mismo en la finca Can Munné. En un caso más reciente, la reforma se hizo por etapas y se entregaron las llaves del último apartamento hace tan solo 3 meses.
"El objetivo es contribuir a que la gente no tenga que irse de su pueblo"
"El acompañamiento técnico y económico de la DIBA a los municipios más pequeños les da herramientas y favorece que los más jóvenes puedan acceder a una vivienda", resume Gemma Badia, diputada de Vivienda de la DIBA y alcaldesa de Gavà. “No se trata sólo de falta de vivienda: para los pequeños municipios es clave tener pisos asequibles, para atraer a gente joven y sostener la estructura económica”, explica David Mongil, jefe de la Oficina de Vivienda de la DIBA, quien se marca como objetivo "contribuir a que la gente no tenga que irse de su pueblo".
Según los datos del Idescat, un total de 3.844 vecinos de municipios de menos de 2.000 habitantes de la provincia de Barcelona se trasladaron a ciudades de más de 50.000 vecinos. En Gallifa, por ejemplo, la caída demográfica de la última década ha ido acompañada de un descenso de la población joven y de un parque residencial envejecido: de sus 130 viviendas familiares, 58,10% superan los 45 años de vida. La localidad tocó fondo demográfico con 167 vecinos el año de la pandemia, el valor más bajo de los últimos 15 años.

Mateu Comalrena, alcalde de Gallifa. / Ferran Nadeu / EPC
Vivienda para la supervivencia de los pueblos
Otro ejemplo de cómo combatir la despoblación a través de la atracción de jóvenes es el de Vallcebre. El diagnóstico es claro desde hace años: “Era una cuestión de pérdida de habitantes, falta de vivienda y envejecimiento de la población”, explica Jordi Lapuente, primer teniente de alcalde. Ya en 2010 el consistorio elaboró un estudio de viabilidad de vivienda social y, a partir de ahí, fue encadenando intervenciones: Cal Mestre, una antigua residencia del maestro junto a la escuela; la masía de Castellnou, que combinó uso residencial y proyecto de emprendimiento; Can Costa, cuya rehabilitación permitió adjudicar cuatro viviendas de protección oficial; y las antiguas escuelas de Sant Julià, reconvertidas en alquiler social.
La lógica del programa de la DIBA parte de una idea clave: antes de construir, hay que mirar qué patrimonio existe ya. “Lo primero que hacemos es comentar a los ayuntamientos que prioricen intervenir en el tejido residencial que ya tienen, en los edificios que ya existen en el municipio", señala Mongil. Y añade que, “si los entes locales tienen alguna vivienda en desuso, lo primero que hacen es ofrecer ayudas para rehabilitar y promocionar un uso asequible”.
"Es un placer ver ahora rehabilitadas las viviendas municipales que antes estaban abandonadas"
El problema en los pueblos, no obstante, no es únicamente la pérdida de jóvenes. Los que quieren quedarse no encuentran dónde independizarse porque el mercado de alquiler es casi inexistente y el parque de viviendas está envejecido y poco adaptado a las necesidades actuales. “En Gallifa el problema es la falta de vivienda: todas las casas están ocupadas y no hay de disponibles”, aclara el alcalde Comalrena.
Para Vallcebre, la vivienda tampoco es una cuestión menor. “Es el ser o no ser de un pequeño municipio”, sostiene el regidor Lapuente. Y añade que, cuando una familia se instala en el pueblo, ocupa una casa y, a su vez, puede sostener la escuela, abrir un negocio o mantener actividad durante todo el año. “Es un placer ver ahora rehabilitadas las viviendas municipales que antes estaban abandonadas y a punto de caerse”, concluye Lapuente. Gallifa, de hecho, ya plantea una segunda fase de su proyecto: ofrecer suelo público a los jóvenes para que puedan seguir viviendo en el municipio cuando dejen los apartamentos de emancipación.

Una familia pasea en Gallifa (Vallés Occidental). / Ferran Nadeu / EPC
Un mapa rural en especial atención
Con poco más de 200 habitantes y una demografía envejecida, en Sora ha visto cómo los jóvenes en edad de emanciparse acaban marchándose por la escasa oferta de vivienda. El Ayuntamiento también disponía de patrimonio público y equipamientos en desuso que se tradujeron en vivienda asequible. Con el apoyo de la DIBA, el antiguo edificio del consistorio se rehabilitó y se transformó en dos alojamientos dotacionales para jóvenes.
El reto de la despoblación es especialmente visible en el mapa rural barcelonés. De los 112 municipios rurales de las comarcas de Barcelona, 98 están considerados Municipios Rurales de Especial Atención (MREA). En conjunto, suman poco más de 50.000 habitantes, apenas el 0,86% de la población, pero ocupan casi el 40% del territorio. Asimismo, en la provincia, casi uno de cada diez habitantes vive en municipios de menos de 10.000 habitantes, donde el mercado residencial tiende a ser menos dinámico y la vivienda vacía o infrautilizada es más común.
Desde 2016, la DIBA tiene registradas 278 solicitudes a cargo de ayuntamientos de reformas, acondicionamientos y rehabilitaciónes ya finalizadas, con 595 viviendas reformadas y más de 11,1 millones de euros en ayudas. Por lo que se refiere a la compra de vivienda por parte de los consistorios, constan 147 solicitudes, 202 viviendas compradas y más de 9,1 millones invertidos. Las ayudas pueden alcanzar los 80.000 euros en rehabilitación y hasta 100.000 euros en adquisición si se compra más de una vivienda o un edificio externo en municipios de hasta 10.000 habitantes.
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