Primera cosecha experimental
Barcelona empieza a producir su propia marca de aceite extra virgen con olivos recuperados en Collserola
La iniciativa, impulsada por la asociación L'Olivera y la Fundació Catalunya La Pedrera, aspira también a que las fincas cultivadas actúen como barreras para la prevención contra fuegos forestales
CONTEXTO | Collserola, un polvorín natural que registra un incendio cada 10 días

Un trabajador limpia la finca de la familia Reverter, en Sant Just Desvern, dentro del proyecto de recuperación de bancales de olivos que L'Olivera y Fundació La Pedrera desarrollan en Collserola. / Fundació Catalunya La Pedrera

Cuando hace ahora 60 años, el 2 de febrero de 1956, una terrible ola de frío siberiano barrió Catalunya y dejó en el Pirineo el récord de 34 grados negativos, en Barcelona se congeló el agua de todas las fuentes, los estanques se convirtieron en bloques de hielo y muchos propietarios de fincas agrícolas de la sierra de Collserola, que sobrevivían con cultivos de viña, aceituna y algún que otro almendro, abandonaron definitivamente la actividad. "Fue una helada brutal, que no solo afectó a la capital catalana, pero que aquí tuvo un punto de inflexión: si entonces el 21% de la superficie del ahora parque natural estaba dedicada a la agricultura, en la actualidad solo lo está el 6,4%", explica Miquel Rafa, director de Sostenibilidad y Territorio de la Fundació Catalunya La Pedrera. Eso hizo, prosigue Rafa, "que lo que era un mosaico vegetal, con distintos tipos de vegetación, separados por terrazas y bancales, se convirtiera en una masa continua de bosque, con el riesgo que eso implica a la hora de afrontar un posible incendio forestal".
Entre aquella masa espesa de bosque resistieron, sin embargo, algunas decenas de olivos que han seguido siendo productivos, todos estos años, pese a encontrarse prácticamente ahogados por la maleza. Eso ha animado a la fundación La Pedrera, en colaboración con la cooperativa L'Olivera, a poner en marcha un proyecto de recuperación del cultivo del olivar en Collserola. "En total, se han identificado 156 hectáreas con potencial para la actividad agrícola, aproximadamente un 2% de la superficie del parque natural", detalla Pau Moragas, responsable de producción de la cooperativa, que tiene su sede en Vallbona de les Monges (Urgell) y que desde 2010 gestiona también la finca de Can Calopa, donde ya se está elaborando vino.
"El aceite se ha elaborado con tres variedades de aceituna autóctonas catalanas: la arbequina, la vera del Vallès y la becaruda, un tipo de oliva muy interesante y que se está volviendo a redescubrir", prosigue Moragas. Todos los olivos, tanto los veteranos que ahora se han recuperado (algunos de ellos ya centenarios) como los que se han ido plantando de nuevo, son cultivados de modo ecológico. La cosecha se hizo el pasado invierno de manera manual y el fruto recogido se sometió a un proceso de extracción con batido ligero a baja temperatura, lo que permitió obtener un producto de alta calidad.

Botellas del Oli Nou de Barcelona, elaboradas con aceite de Collserola. / Fundació Catalunya La Pedrera
El aceite de Collserola "es un alimento, además, con múltiples valores añadidos, ya que tiene un valor territorial, porque contribuye a la prevención de incendios y a la recuperación del mosaico agrícola; tiene también un valor social, porque se elabora en el marco de un proyecto de inserción social, y representa, finalmente, un valor cultural, porque preserva la tradición agraria de la zona", subraya el responsable de producción de L'Olivera. "Tenemos un superalimento que es 100% mediterráneo al lado de casa y era una lástima no aprovecharlo", proclama el impulsor del proyecto, que advierte de que la iniciativa se enfrenta, no obstante, a dos retos importantes, "la fauna silvestre y el vandalismo". Si todo va bien, a partir del 2028, está prevista una producción aproximada de entre 5.000 y 6.000 kilos de olivas, equivalentes a unos 1.500 litros de aceite.
Un molino en el área metropolitana
La primera remesa del bautizado como Oli Nou de Barcelona se ha prensado en las instalaciones que L'Olivera tiene en la comarca del Urgell, "pero la intención es encontrar una ubicación en el área metropolitana para poder construir un molino aceitero o almazara en algún municipio de la zona, donde no solo se produciría el aceite de Collserola, sino también el de los particulares que están empezando a plantar fincas de olivar en la zona", indica Moragas.
El proyecto, para el que la fundación La Pedrera tiene "un presupuesto elástico, en función de las necesidades que vayan surgiendo", explica Miquel Rafa, sigue adelante con contactos con ayuntamientos y propietarios de fincas, "a los que se está proponiendo la posibilidad de firmar acuerdos de custodia del territorio, una fórmula que permite actuar rápido y avanzar en la plantación de nuevos olivos", agrega el director de Sostenibilidad y Territorio de la entidad. "Se está llevando a cabo un trabajo minucioso de detección de fincas y la iniciativa irá creciendo a medida que se puedan ir desbrozando y limpiando", señala.

Aspecto de una finca cultivada con olivos en plena sierra de Collserola. / Fundació Catalunya La Pedrera
El ritmo al que se vaya ampliando la superficie cultivada con olivos dependerá, asimismo, de las restricciones que imponga la peste porcina africana (PPA), que de momento mantiene restringidos los movimientos dentro del área de Collserola. "Aunque las labores agrícolas sí están permitidas, la PPA obliga a adoptar unas medidas de seguridad que lo ralentiza todo", lamenta Rafa. Con todo, "hasta octubre no será el momento de volver a plantar arbolado, de manera que confiamos que para etonces la situación se haya normalizado", indica.
La iniciativa, en la que trabajan personas con discapacidad o con riesgo de exclusión tutelados por L'Olivera, "ha despertado interés, también porque es una forma de realizar gestión forestal y prevenir incendios en una zona donde hay muchas residencias y un alto riesgo", destaca Rafa. "Es un proyecto escalable, que se puede trasladar a otros territorios de Catalunya y con cultivos como el almendro o el algarrobo, que se adapten a cada terreno", concluye Moragas.
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