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La inmigración, de cerca

Refuerzo escolar y talleres a medida para integrar a los adolescentes emigrados a El Prat: "Si me equivoco lo vuelvo a intentar"

El consistorio señala que adapta sus recursos a las necesidades de cada estudiante, trabajando en colaboración con las familias para superar barreras educativas, económicas o culturales

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Estudiantes de los talleres de catalán en el centro cívico Palmira Domènech de El Prat.

Estudiantes de los talleres de catalán en el centro cívico Palmira Domènech de El Prat. / Marc Asensio Clupes

Àlex Rebollo

Àlex Rebollo

El Prat de Llobregat
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Esta entrevista forma parte de la serie 'La inmigración, de cerca' con la que EL PERIÓDICO pone el foco en los retos sociales a los que se enfrentan los alcaldes, en primera línea, desde los ayuntamientos de Catalunya.

Pasan las cuatro de la tarde y en una de las aulas del centro cívico Palmira Domènech de El Prat de Llobregat un total de nueve jóvenes entre 12 y 16 años repasan los tiempos verbales en catalán. Este día toca, entre otros, el ‘passat anterior d’indicatiu’, un duro hueso incluso para nativos. El contenido forma parte de los talleres de refuerzo que, en alianza con los institutos de la localidad, el Ayuntamiento de El Prat ofrece a adolescentes extranjeros que han aterrizado en la ciudad en los últimos años y que necesitan de ese empujón adicional para poder seguir las clases, que mayoritariamente se imparten en catalán.

Habitualmente, el contenido de estos talleres es algo más lúdico y focalizado en la práctica oral. Es decir, que se centran en romper el miedo a lanzarse a hablar una nueva lengua. Sin embargo, algunos padres han solicitado repasar los tiempos verbales, dado que forman parte del temario del instituto y consideran que necesitan un extra. Sin problema. Ninguna queja en el aula. Libreta y ‘boli’; y a conjugar.

El objetivo de la actividad, que lleva alrededor de una década en funcionamiento, va más allá del simple hecho de hablar o entender mejor el catalán y desde la administración local aspiran a que sean una herramienta en pro de la cohesión social y funcionen como puerta de entrada a otras actividades y a conocer a otros jóvenes de la ciudad. Los talleres, en los que en la actualidad participan 38 alumnos de entre primero y cuarto de la ESO, son sólo así uno de los engranajes que usan en El Prat de cara a la integración del alumnado recién llegado.

Estudiantes de los talleres de catalán de El Prat practican el 'passat anterior d'indicatiu' en el centro cívico Palmira Domènech.

Estudiantes de los talleres de catalán de El Prat practican el 'passat anterior d'indicatiu' en el centro cívico Palmira Domènech. / Marc Asensio Clupes

Aunque el porcentaje de población extranjera en la localidad es bajo (11,06%) en comparación con el de otras localidades de la zona como L’Hospitalet (27%) o Cornellà (18%), El Prat también ha notado el aumento de personas de otros países, lo que obliga a la localidad a actuar para evitar que los recién aterrizados queden al margen.

Mirada transversal

Joan Carles Navarro, jefe de sección de Educación de El Prat, explica que en la ciudad no tienen un recurso específico pensado para el alumnado extranjero, sino que incorporan una “visión de diversidad” en todos los proyectos que llevan a cabo. Señala Navarro que la Oficina Municipal de Escolarización (OME) tiene dos vertientes. Por un lado, los propios recursos del Departament de cara a la educación obligatoria, como, por ejemplo, las aulas de acogida, que se han multiplicado por todo el territorio catalán —este mismo curso han pasado de 1.363 aulas a 1.635 en toda Catalunya— y que aspiran a dar una atención más personalizada y reforzar el aprendizaje del catalán. Por otro lado, sigue Navarro, está el acompañamiento a las familias.

Dounia, una de las alumnas de los talleres de catalán de El Prat.

Dounia, una de las alumnas de los talleres de catalán de El Prat. / Marc Asensio Clupes

En este segundo apartado, si hay situaciones socioeconómicas o culturales desfavorables se conecta directamente con los Servicios Sociales y, desde el punto de vista de la inclusión, se ponen en marcha los recursos del plan educativo de entorno para promover la equidad y la cohesión más allá de la educación formal —apartado en el que El Prat ya fue pionera hace 20 años en Sant Cosme y luego extendió al resto de la ciudad— y el acompañamiento en actividades extraescolares o de verano.

“Tenemos un equipo de dos personas que analizan qué oferta es más adecuada según el perfil, la edad, sus intereses o las condiciones familiares”, remarca. La idea es adaptarse y ser conscientes de las realidades de cada niño y trabajar de la mano con las familias para atender y dar respuesta a las barreras que pueden frenar la educación e integración del joven, como que toda la familia se vea forzada convivir en una misma habitación o que, por razones culturales o religiosas, haya padres que se nieguen a que sus hijas hagan piscina, por ejemplo.

"Si me equivoco, lo vuelvo a intentar"

A pesar de que algunos llegaron a Catalunya hace apenas unos meses, los alumnos de los talleres ya demuestran un conocimiento notable de la lengua. Son ejemplo de ello Mateo y Mahiara, ambos alumnos de primero de la ESO y originarios de Colombia. “Llegué hace dos años y medio. Mi madre ya vivía aquí y primero vine de vacaciones. Me gustó y al cabo de un poco me vine”, explica Mateo, de 13 años y estudiante en el instituto Salvador Dalí, quien apunta como una de las principales motivaciones que en Colombia “no hay tantas oportunidades”.

Mateo valora como “muy buena” la experiencia en los talleres. Igual que lo hace Mahiara, de 12 años y alumna del instituto Estany de la Ricarda. Hace tan solo siete meses que llegó a El Prat, donde ya vivía su padre. Reconoce que el encarar una nueva lengua le producía “un poco de miedo”, pero que con el apoyo de Judith, la educadora del taller de catalán, lo ha ido perdiendo: “Si me equivoco, lo vuelvo a intentar”. Preguntada sobre como cree que le puede ayudar aprender la lengua, Mahiara explica que tienen algunos amigos que hablan catalán entre ellos y reconoce que cuando llegó no les comprendía. “Ahora ya lo entiendo y hablo con ellos mucho mejor”, manifiesta.

De un modo similar habla Dounia, de 15 años, originaria de Marruecos y alumna del Estany de la Ricarda: "Los talleres me ayudan a perder la vergüenza, a hablar y a equivocarnos". "Antes no sabía decir nada, pero escuchando mucho ahora lo entiendo muy bien, aunque me falta algo de vocabulario", admite por su parte Leonardo, italiano de 12 años y estudiante del Salvador Dalí.

A la izquierda, Mateo, a la derecha, Maihara, ambos alumnos de los talleres de catalán de El Prat para jóvenes de la ESO.

A la izquierda, Mateo, a la derecha, Maihara, ambos alumnos de los talleres de catalán de El Prat para jóvenes de la ESO. / Marc Asensio Clupes

Además de los talleres, Mateo y Maihara comparten otro espacio en el centro cívico: las Tardes Joves. Se trata de un espacio de encuentro entre jóvenes en los centros cívicos para llevar a cabo distintas actividades de ocio en pro de esa integración en el tejido social que busca fomentar el consistorio. La idea es que cada niño encuentre aficiones que le interesen y pueda practicar más allá de las propias Tardes Joves y conocer a jóvenes de otras partes de El Prat.

Que uno de los talleres se lleve a cabo en el centro cívico Palmira Domènech refuerza aún más esta idea. Domènech fue una de las primeras educadoras sociales de Catalunya y la directora del Centro de Esparcimiento de la Cooperativa Obrera de Viviendas, ‘la Cope’, durante el tardofranquismo. El consistorio pratense valora que el trabajo de Domènech fue “muy importante para la dinamización y cohesión del barrio” en un momento en el que muchos migrantes del resto de España llegaban a Barcelona y su conurbación. Así, el centro busca “dar continuidad a la labor de la activista” y replicar ese mismo trabajo con migrantes que ahora llegan desde un poco más lejos.

Más allá de la ESO

Tanto Joan Carles Navarro, como Salvador Lou, técnico del servicio de Educació del ayuntamiento, y Carme Villen, coordinadora del plan educativo de entorno, explican que este modelo se mantiene pasados los estudios obligatorios. Hace años que El Prat desarrolla también programas contra el abandono educativo temprano. Aunque no están diseñados directamente para población extranjera, como ocurre en el resto de Catalunya, esta supone una parte significativa, dado que ese riesgo de dejar a un lado los estudios puede derivarse de condiciones socioeconómicas desfavorables, pérdida de cursos entre procesos migratorios o problemas en la homologación de títulos.

De nuevo, el acompañamiento al alumno va más allá de buscar opciones académicas y desde el consistorio han diseñado un itinerario que se extiende por todas las áreas económicas, educativas y sociales. Así, en el momento que un profesional detecta un joven con riesgo de abandono o que ya ha dejado los estudios, este entra en el circuito del servicio de Nuevas Oportunidades Educativas (NOE) y se activan los distintos recursos que su situación requiera, así como se le asigna una persona de confianza a la que poder dirigirse y que le acompañe durante el proceso de reintegración en el sistema educativo.

Judith, educadora de los talleres de catalán de El Prat, ayuda a Leonardo con unos ejercicios.

Judith, educadora de los talleres de catalán de El Prat, ayuda a Leonardo con unos ejercicios. / Marc Asensio Clupes

Lou destaca también la complicidad con la que cuentan con la Generalitat en todos los procesos. Apunta que a veces se encuentran con casos de jóvenes de 16 o 17 años que llegan y se encuentran en un limbo: no pueden acceder a la educación reglada porque no tienen el título de la ESO o no lo pueden homologar, pero tampoco a la formación de adultos porque no tienen 18 años. "Si hacemos un informe que justifique y explique bien su situación, desde el Departament permiten que pueda acceder tanto a estudiar idiomas como cursos para la obtención de la ESO de forma extraordinaria", remarca.

También ocurre algo similar con aquellos alumnos de los talleres que, al terminar cuarto de la ESO, todavía requieren de una formación extra de catalán y, en paralelo a los estudios que vayan a cursar, se les ofrece, mediante una autorización extra de la inspección estudiar en la escuela de adultos a pesar de no haber cumplido los 18 años. Todo ello dentro del paraguas que es el plan educativo de entorno de El Prat, que, incide Navarro, permite una mayor detección de las necesidades de cada caso, dialogar con la inspección educativa y, en definitiva, adaptarse a la realidad.

"No nos podemos quedar de brazos cruzados"

Karim Alami, director del CFA Terra Baixa de El Prat, apunta que la escuela de adultos pratense se ha ido adaptando a los nuevos perfiles que han ido recibiendo desde que el equipamiento empezó a funcionar, en 1977. Así, explica que, en los últimos 10 o 15 años, ha crecido el perfil de familias originarias, sobre todo, de Sudamérica, pero también de Marruecos o Pakistán, que aterrizan en la ciudad con jóvenes de entre 16 y 17 años. En la actualidad cuentan con unos 800 alumnos de cerca de 40 nacionalidades diferentes. Muchos son perfiles que no pueden acceder a la ESO ni a los cursos de la escuela de adultos, diseñados para personas a partir de 18 años. "No nos podemos quedar de brazos cruzados", remarca Alami, quien, como Salvador Lou, señala que, en estos casos, el consistorio elabora un informa para que desde el CFA y el Departament autoricen que el joven en cuestión se matricule en la escuela y no esté en la calle o en su casa sin hacer nada.

"La acogida es nuestro punto fuerte", sostiene Karim Alami. Señala que todo el profesorado juega un papel claro a la hora de atender a nuevos matriculados, definir sus perfiles y los itinerarios educativos más adecuados en función de gustos y necesidades. Con todo, el director del CFA Terra Baixa defiende que desde el equipamiento procuran garantizar un acompañamiento más allá de la matriculación y fomentar la inclusión: "La escuela es también un espacio de socialización y para crear vínculos". En esta línea, incide en que no dedican una atención específica a remarcar o dar a conocer los hechos diferenciales de cada cultura, lengua o nacionalidad, sino que tratan la diversidad como un "hecho natural" y el foco está en el aprendizaje y las oportunidades que ofrece el sistema de cara a reconducir a los alumnos hacia el sistema educativo.

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