Mobiliario urbano
Barcelona paga 1.419 euros por cada banco y la mitad por cada silla que compra e instala
La ausencia de asientos en tramos con pendiente y donde proliferan las terrazas o los modelos disuasivos para evitar que pernocten personas sin hogar centran algunas de las quejas y reclamaciones con el mobiliario urbano de la ciudad
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DATOS | ¿Con cuántos vecinos compartes los bancos de tu barrio en Barcelona?
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Bancos en el paseo de Gràcia, en Barcelona. / JORDI COTRINA
Barcelona se ha aprovisionado de 8.613 bancos, sillas y mesas para calles, paseos y plazas entre 2023 y 2025. El ayuntamiento precisa que el coste de obtener e instalar cada banco se sitúa en 1.419,01 euros de media. En el caso de las butacas individuales, el precio es justo la mitad, 774,43 euros de promedio por la compra y el montaje por unidad. Aunque sin grandes diferencias entre un ejercicio y otro, la mayor remesa del último trienio fue la de 2024, con 3.058 adquisiciones de mobiliario urbano. En 2023, se contabilizaron 2.954 y la cifra más baja resultó ser la de 2025, con 2.601 incorporaciones.
No existe una demanda común de una entidad que abogue por incrementar la dotación de asientos en la ciudad. En todo caso, las grandes cifras no son el mejor baremo para cuestionarse si Barcelona tiene suficientes asientos en su espacio público. Cabe descender a nivel de barrio o, incluso, planteárselo calle a calle para palpar insuficiencias que, en todo caso, siempre resultan una impresión particular.
“Las calles verticales y con pendientes no tienen bancos”, se quejan en el tejido vecinal de Sagrada Família. La plataforma Can Baró dice que, en su caso, las aceras son estrechas y sería difícil colocarlos en vías empinadas. "Somos un barrio de montaña, pero los bancos que hay en las plazas siempre están ocupados: aquí cualquier trayecto cuesta y cada vez hay más gente mayor”, observa.
“Estamos llenos de asientos, son de toda la vida pero se van reparando, jamás se ha protestado”, celebra el Movimiento Diagonal Mar. “No tenemos problema, hace poco se han sustituido en la rambla Prim, lo que sí hemos pedido muchas veces es que limpien debajo de los bancos”, cuenta la Asociación de Vecinos del Maresme. “Pedimos bancos hace unos años y los colocaron, lo que sí faltan son papeleras”, distingue la Asociación de Vecinos de Zona Universitària.

Bancos modelo romántico en la Rambla de Catalunya, en Barcelona. / JORDI COTRINA / EPC
“En la calle Sant Pere Més Baix, hay solo cuatro asientos individuales, suelen estar dañados u ocupados por turistas que comen y la gente mayor no se puede sentar”, critica la Asociación de Vecinos de Casc Antic. “Tenemos queja de una reforma reciente en la calle Elkano, donde no han instalado ningún banco”, expresan en el Poble-sec.
Escasez en Ciutat Vella y Gràcia
Ana Menéndez, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona (FAVB), señala que “en calles y plazas con saturación de terrazas acostumbran a faltar” bancos. Cita la calle Blai, Enric Granados, la plaza Reial y la de George Orwell y “muchas plazas pequeñas de Ciutat Vella, como la de Les Olles y Manuel Ribé”. “Es un clásico”, subraya.
Gràcia concentra la cifra más baja de asientos en la ciudad. Àngel Urraca, de 61 años y con movilidad reducida, reside en el distrito. “En particular, me faltan bancos en la calle”, manifiesta. “Reformaron Pi i Margall y pusieron algunos, pero no muchos, y hay en el paseo de Sant Joan, pero faltan en todo el casco antiguo -analiza-. Cuando voy con mi mujer y veo un banco, me siento, pero a veces no me puedo parar porque, si hay algunos, siempre están llenos”.

Banco modernista de piedra en el paseo de Gràcia, en Barcelona. / JORDI COTRINA / EPC
Para Urraca, la cantidad existente de asientos en Gràcia es “totalmente insuficiente”. “Hay espacio para poner más, lo que pasa es que el hueco en las plazas está ocupado por las terrazas”, comenta. “Tampoco hay en la calle Bruniquer, en Ramón y Cajal, en Torrent d’en Vidalet, en Encarnació o en Cartagena, que hace una subida terrible hasta la clínica Puigvert... Tienes que acabar apoyándote en el capó de un coche para descansar”, atestigua.
Arquitectura hostil
Vecinos consultados también aluden a la proliferación de sillas en vez de bancos. La Fundación Arrels, referente en el apoyo a personas sin hogar, las señala como muestras de los 1.200 elementos de arquitectura hostil que identifica en Barcelona y que advierte que afectan en especial a quienes viven al raso.
La directora del máster de Ciudad y Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya, Mirela Fiori, opina que sustituir “bancos alargados y poner sillas fijas dispuestas de forma muy individual” es “una política muy hostil”. “Es un urbanismo muy defensivo o preventivo, que busca que la gente no ensucie, no pernocte y acaba expulsando no solo a los colectivos que supuestamente son indeseables, sino también a los ancianos, por ejemplo”, alerta.

Bancos en el paseo de Sant Joan, en Barcelona. / JORDI COTRINA / EPC
Anna Maria Puig, investigadora de la Universitat de Vic sobre ciudades sostenibles y entornos urbanos saludables, defiende que los asientos individuales cumplen la función de descanso "igual" que un banco de varias plazas. “Si están suficientemente cercanos para conversar, se puede mantener la función social”, aduce la experta, que pone el acento en el confort: “El contexto es importante y, si es un lugar para quedarse, el entorno tiene que ser agradable y seguro”.
El director del máster en diseño de mobiliario de la escuela Elisava, Ricard Ferrer, reconoce que existe un debate sobre modelos que son disuasivos para que personas sin techo no se echen a dormir: “Es un tema delicado, que se debe trabajar con sensibilidad. No tiene fácil solución. Quizá sí que se podrían repensar los bancos, sería un camino”.
Supresión de asientos
Barcelona ha eliminado asientos en algunos puntos alegando quejas por problemas de convivencia, como ocurrió el verano pasado en la supermanzana de Sant Antoni. “La retirada de bancos no puede basarse en molestias, sino que es necesario que la cuestión se eleve al rango de daño o problema”, postula Màrius Navazo, especialista en espacio público del grupo de estudios Gea21. Propone tomar las superaciones de niveles de ruido o un proceso de mediación con resultado estéril como factores que motiven una supresión que juzga drástica. “La ciudad necesita bancos para que las calles no sean inhóspitas”, blande.
“A veces se puede reorientar un banco o cambiar la iluminación para reducir la sensación de inseguridad, pero no quitar el banco”, desecha Fiori. “Retirar bancos no es la solución, poner sillas aisladas fijas tampoco y los bancos de hormigón frío sin respaldo acaban echando a todos, no solo a los que quieren echar”, remata.
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