La inmigración, de cerca
Granollers, la ciudad que convive con dos realidades vecinales entre la frontera y el centro
El diverso barrio del Congost lamenta que estar "en tierra de nadie" le lleve a caer en un vacío de servicios públicos
En la zona de Ponent, los vecinos ponen el acento en la vida comunitaria, como solución para la convivencia
ENTREVISTA | Alba Barnusell: "Resolver temas como la vivienda es la mejor manera de hacer frente a la extrema derecha"

Cristian González, vecino del barrio del Congost de Granollers. / Ferran Nadeu / EPC

Esta entrevista forma parte de la serie 'La inmigración, de cerca' con la que EL PERIÓDICO pone el foco en los retos sociales a los que se enfrentan los alcaldes, en primera línea, desde los ayuntamientos de Catalunya.
La calle Narcís Monturiol marca, sobre el papel, la frontera entre Canovelles y Granollers, en el Vallès Oriental. Pero para quienes viven allí, esa línea no siempre es tan clara: los vecinos no saben a quién dirigirse cuando hay un problema, cuando falta mantenimiento o cuando necesitan una respuesta rápida. "Estamos en tierra de nadie", repiten a EL PERIÓDICO. A varios barrios de distancia, ya en pleno Granollers, en un taller de cerámica de la Asociación de Vecinos del barrio de Ponent, tres mujeres -Emilia, Felisia y Rosario- coinciden en que, como muchas ciudades medianas, la localidad convive con episodios de delincuencia e incivismo, pero evitan hablar de un problema generalizado. Son la cara y la cruz de un municipio diverso, en el que los residentes extranjeros suponen ya el 15,68% de la población total, de 63.897 personas, según datos de 2024 del Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat).
La sensación para quienes viven en el barrio de frontera, el Congost, es de "desatención" y de una transformación acelerada del entorno. "La impresión es que somos la última prioridad”, resume Bárbara, vecina "de toda la vida". Su lista de quejas es concreta: "Falta seguridad, mantenimiento y convivencia". “No digo que antes fuera perfecto, pero había otra tranquilidad. Ahora hay más discusiones, alguna pelea puntual y ambientes que te hacen ir con más cuidado, sobre todo por la noche”, explica. "Hay parques que se ensucian y tardan en limpiarse, bancos que pasan semanas estropeados", se queja. En su opinión, la clave no es quién vive allí, sino cómo se cuida el espacio común.

Bárbara, vecina del barrio del Congost / Ferran Nadeu / EPC
"Antes había más vida de barrio. Ahora no siempre es así: encuentras botellas en el suelo, más ruido y momentos en los que prefieres no pasar por según qué calles a según qué horas”, explica Cristian González, de 33 años. Evita señalar colectivos y matiza su diagnóstico: "Si hay trapicheo, si hay peleas, si hay incivismo, lo que quieres es que se note que alguien lo controla, sea quien sea quien lo protagonice". La percepción vecinal, sin embargo, contrasta con los datos oficiales.

Un coche de la policía local de Granollers en el barrio del Congost / Ferran Nadeu / EPC
"Se nota más movimiento"
“Problemas hay, como en muchos sitios”, resume Rosario, en su taller de cerámica del barrio de Ponent. Y aunque reconoce que en algunos puntos se nota “más movimiento”, vinculado a pequeños robos o conflictos puntuales, y que la sensación de seguridad cambia según la hora, admite que ella no lo percibe en su día a día. En ese contexto, Rosario y sus dos compañeras ponen el acento en la vida comunitaria, en la red vecinal que no solo crea convivencia, también permite acompañar a personas mayores, avisarse ante incidentes y trasladar quejas de forma más organizada.

Barrio del Congost en Granollers / Ferran Nadeu / EPC
El contraste con el Congost, explican algunos residentes, está precisamente ahí. En la zona de Narcís Monturiol persiste una sensación de periferia pese a estar en Granollers. "Pagamos en Granollers, somos Granollers, pero a veces parece que se note poco”, resume Bárbara. El mensaje que se repite, con matices, es claro: más mantenimiento, más mediación y más presencia pública para que una frontera administrativa no acabe convirtiéndose en una frontera de servicios.
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