Legislación en el horizonte
Las recetas de cinco expertos para frenar el cableado caótico en las fachadas de Barcelona: más control, pacto con las telecos y subvenciones
Administradores, instaladores, arquitectos, empresas y vecinos coinciden en que la normativa propicia el desorden en las instalaciones y proponen planes de retirada de cables, declaraciones de zonas protegidas o universalizar la protección de las fachadas, entre otras medidas
Barcelona aconseja reducir los cables en las fachadas mientras prepara una norma que obligue a hacerlo
Seis claves sobre la ley que deja sin retirar miles de cables en las fachadas de Barcelona

Barcelona trata de poner fin a las marañas de cables en las fachadas / PAU GRACIÀ

El busto de vaca de la antigua lechería de la carretera de Sants permanece rodeado de cajas y cables de fibra óptica. Fue uno de los estropicios que el historiador Agus Giralt difundió en las redes sociales en 2021 para lamentar los barullos de cables en las fachadas del barrio, de los que no se libran ni las que guardan valor arquitectónico y sentimental. Siguiendo el ejemplo, no pocos internautas compartieron imágenes similares de otros puntos de Barcelona. “Quizá hay más consciencia, pero cambio real no ha habido”, observa Giralt, a quien le duelen aún los mismos despropósitos que fotografió hace casi cinco años: “Continúa igual, algunos casos son muy poco respetuosos”.
“Caminas por la ciudad y te encuentras cables por todos lados”, lamenta Mikel Uriondo, presidente de la Xarxa Veïnal Gòtic. También alertó en 2021 que la proliferación de tendidos en las paredes afeaba al barrio histórico. “La ley es demasiado permisiva -opina Uriondo-. En calles estrechas canta mucho, hay fachadas cableadas de arriba a abajo… No debería permitirse”.
El enredo de cables generalizado con la extensión de la cobertura de telefonía e internet de banda ancha ha trastocado el aspecto de las ciudades. El Ayuntamiento de Barcelona ha publicado ahora una guía de buenas prácticas para evitar los desarreglos con el cableado, que no es de obligado cumplimiento. Se trata de un paso previo al cambio de ordenanza que el consistorio promete, ese sí preceptivo. Expertos consultados por EL PERIÓDICO inciden en que se requiere más control de la administración, que las compañías contraigan obligaciones para revertir la expansión caótica de los suministros y ayudas en especial para que los edificios se adapten para cubrir redes.
La ley “establece un interés general para este tipo de instalaciones, lo que justifica cualquier instalación y las compañías se encuentran legitimadas para pasar los cables por donde quieran o puedan”, expresa Carlos Fernández, abogado del despacho Roca Junyent. “Las comunidades de propietarios tienen muy poca fuerza sobre lo que ya se ha instalado -analiza-. Como hay un vacío sobre las fachadas que no están protegidas como patrimonio, no se puede hacer nada por mucha inspección que haya, a no ser que la comunidad tenga un acuerdo para negarse a instalar cables”.
“Tenemos que acabar con la brecha digital, ¿pero a qué precio?”, se pregunta Josep Maria Boronat, presidente de la Agrupación de Arquitectos para la Defensa y la Intervención en el Patrimonio Arquitectónico, vinculada al Colegio de Arquitectos de Catalunya. "Nos hemos acostumbrado a las marañas de cableado y la ciudad se ha resentido", evalúa. Sostiene que la ley española de telecomunicaciones “prioriza que haya fibra en todos lados por encima de cómo se instala”, lo que “limita la capacidad de control municipal e impacta de lleno en el paisaje urbano”. Para paliarlo, apuesta por declarar conjuntos protegidos a zonas enteras como Ciutat Vella para blindarlas frente al lío de conexiones.
“La ley prioriza que haya fibra en todos lados por encima de cómo se instala”, se quejan en el Colegio de Arquitectos
“Las comunidades son cada vez más reticentes a aceptar el cableado”, asegura la vicepresidenta del Colegio de Administradores de Fincas de Barcelona-Lleida, Elisabet Carbonell. Explica que los administradores reclaman con frecuencia a las operadoras que adecenten cajas y filamentos. “Pero chocamos contra una pared, no nos dan ninguna respuesta -afirma-. Es muy difícil que las compañías vengan, canalicen cableados y retiren los obsoletos. Además, el ayuntamiento no acaba de entrar ni de penalizar”.

La antigua vaquería de la carretera de Sants, con la testa de vaca envuelta de cajas y cables de fibra óptica. / AGUS GIRALT
Rápido antes que ordenado
El director gerente de la Federación Catalana de Empresas de Telecomunicaciones, Guillermo Canal, expone que se priorizó un despliegue rápido y amplio de la fibra óptica en vez de ordenado, abarrotando fachadas ya rebosantes del antiguo cableado telefónico. “Ese es otro problema. ¿Quién retira toda la infraestructura de cobre que ya no tiene uso? Cuesta una fortuna”, previene.
“En ningún momento se retiran las instalaciones antiguas”, corrobora el secretario del Gremio Metropolitano de Instaladores de Barcelona, Juan Antonio Jordán. Se declara partidario de endurecer la legislación, imponer sanciones y confiar el mantenimiento a una única entidad de control: “Las instalaciones eléctricas están mucho más reguladas y se supervisan antes de dar el servicio, lo que no pasa en las telecomunicaciones. Hay diferentes compañías, cada una ha tirado fibra por su cuenta y, además, los instaladores son de subcontratas que van a precios muy ajustados. Van a por faena y no miran si queda mejor o peor”.

Cajas y cableado de telefonía e internet en una finca del barrio Gòtic, en Barcelona. / PAU GRACIÀ
Boronat remarca que la administración ha de ser capaz de “ponerse firme ante las grandes compañías”. “Es un contrasentido que el esfuerzo de un particular o una comunidad de vecinos por preservar la fachada como se exige sea despreciado cuando se perfora o se daña con impunidad”, resuelve. Aboga por un “pacto de ciudad” entre el ayuntamiento y las distribuidoras para “priorizar la protección del paisaje urbano”, eliminando cableado en desuso y planteando que los beneficios de las empresas financien el soterramiento de instalaciones. “Debe haber un compromiso de todas las compañías; si no, será imposible”, advierte.
A fondo perdido
“El único que puede forzar una campaña para que esto se arregle es la administración del Estado, pero debe poner dinero a fondo perdido”, apunta Canal. “Se debería subvencionar a los edificios sin una instalación de infraestructura común de telecomunicaciones para que la pongan y, en paralelo, subvencionar a los operadores para que retiren infraestructuras inutilizadas o pongan orden en las instalaciones”, sugiere.
"Es muy difícil que las compañías vengan, canalicen cableados y retiren los obsoletos", lamentan los administradores de fincas
Fernández propone ampliar la regla que veta cableado a la vista en fachadas catalogadas al resto de inmuebles: “En las nuevas instalaciones, debería haber un control previo de la administración para tratar las fachadas como elementos protegidos. Y si una comunidad quiere que se quiten cables, la administración tendría que ser la que establezca la comunicación con la compañía de telecomunicaciones para que se haga”.
“Las inspecciones técnicas de edificios tendrían que revisar el cableado y las compañías, adquirir el compromiso de reubicarlo”, postula Carbonell. El colegio de administradores pide regular que las redes de fibra vayan empotradas y que el matenimiento sea imperativo. También quiere que las operadores costeen una licencia por instalaciones, para que el ayuntamiento las revise. “Con regulación y sanciones, las compañías no se la jugarían e, incluso, los operarios estarían más formados para hacer las instalaciones de forma correcta”, piensa Carbonell.
La respuesta de las compañías
Dos distribuidoras han respondido a EL PERIÓDICO. Digi contesta que las recomendaciones del ayuntamiento coinciden con su propio protocolo de despliegue de fibra, que incluye la contratación directa de sus instaladores. "Facilita el control y la correcta ejecución", dice la empresa, que esgrime que toda su red está en funcionamiento e identificada. Añade que prioriza canalizaciones existentes y, de tener que recurrir a las fachadas, asegura que adopta "medidas para minimizar el impacto visual, como el uso de cableado y cajas terminales de tamaño reducido, el seguimiento de líneas arquitectónicas como cornisas o molduras y trazados rectilíneos y agrupados".
Por su parte, Vodafone comenta que colabora "activamente" con otros operadores en la "reutilización de infraestructuras y cableados existentes como criterio técnico preferente". También esgrime que antepone pasar el cableado por el interior de los edificios. "Esta solución no siempre es viable por limitaciones estructurales de los inmuebles, ausencia de infraestructura común de telecomunicaciones o impedimentos de acceso por falta de permiso de las comunidades de propietarios", puntualiza.
Junts cree que la guía del ayuntamiento resulta insuficiente: "Es una decepción"
Junts presentó en diciembre pasado una proposición para modificar la ordenanza de paisaje urbano de Barcelona en seis meses e implantar así pautas para frenar la expansión anárquica del cableado de fibra óptica. Se aprobó por unanimidad y el gobierno del PSC se comprometió entonces a revisar la norma, lo que está pendiente. Para el primer grupo de la oposición, la guía de buenas prácticas lanzada por el ayuntamiento es insuficiente.
"Es un primer paso, pero se queda corto y lo vemos como una decepción", señala el portavoz adjunto de Junts per Barcelona, Damià Calvet, que observa que "la situación es preocupante". "Hay falta de control y de seguimiento por part del consistorio -critica-. Es imprescindible establecer criterios más estrictos para ordenar y reducir el impacto visual". Calvet sostiene que "el ayuntamiento dispone de competencias suficientes para intervenir". "Barcelona se merece fachadas limpias, calles ordenadas y una tecnología que no sea enemiga del patrimonio, sino aliada del buen urbanismo", postula.
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