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Memoria histórica

Barcelona repondrá la ‘stolpersteine’ destrozada de un deportado a un campo de concentración nazi

La placa en recuerdo de José Alcubierre Pérez, preso en Mauthausen, presenta desperfectos infligidos en los últimos meses, de los que el ayuntamiento dice que no consta que hayan sido resultado de un acto vandálico

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La 'stolpersteine' maltrecha de José Alcubierre Pérez, deportado y superviviente de Mauthausen.

La 'stolpersteine' maltrecha de José Alcubierre Pérez, deportado y superviviente de Mauthausen. / EL PERIÓDICO

Jordi Ribalaygue

Jordi Ribalaygue

Barcelona
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El recuerdo de José Alcubierre Pérez pervive delante del número 48 de la calle Daoiz i Velarde, en Barcelona. Allí vivió hasta que se exilió con 15 años, en los estertores de la Guerra Civil, y cayó en el primer año de la Segunda Guerra Mundial en manos de los nazis, que lo deportaron en un tren con 927 refugiados republicanos desde la Francia ocupada al campo de concentración de Mauthausen, en Austria. La filiación de Alcubierre, nacido en 1924 y originario de Tardienta (Huesca), cabe en un adoquín al pie de un portal del barrio de Sants, uno del medio centenar de ‘stolpersteine’ existentes en la capital catalana. En alemán significa "piedras de tropiezo", las ideó el artista alemán Günter Denmig y hay más de 70.000 sembradas por toda Europa para rememorar a cada una de las víctimas del nazismo. Los datos del ingreso de aquel joven en el infierno represivo de la Alemania hitleriana y su posterior liberación permanecen visibles a ras de acera, pese a los desperfectos que la baldosa presenta y que ha sufrido en los últimos meses.

El grito de alarma lo dio hace una semana la asociación de memoria histórica Francesc Boix, el nombre del fotógrafo encarcelado en Mauthausen que aportó unos negativos decisivos en el juicio de Núremberg. “¿Accidente o vandalismo?”, se preguntó la entidad en redes sociales, junto a una imagen de la placa destrozada. El colectivo memorialista destaca que Alcubierre formó parte del ‘comando Poschacher’, “el grupo de jóvenes que sacaron y escondieron fotografías de los horrores de los campos de Mauthausen”, que sirvieron como prueba para condenar a los jerarcas nazis.

Consultado por EL PERIÓDICO, el Ayuntamiento de Barcelona responde que supo en noviembre pasado del mal estado de la baldosa que vela por la memoria del prisionero, colocada en mayo de 2022 con ayuda de unos estudiantes de ESO. El consistorio responde que no tiene constancia que los daños sean consecuencia de un ataque premeditado.

A su vez, explica que, al enterarse del deterioro de la ‘stolpersteine’, "se pidió al taller de Alemania que las produce que enviase una nueva”. El ayuntamiento ya ha recibido la pieza que sustituirá a la maltrecha. “Se prevé poder reponerla en breve”, avanza el consistorio. Por ahora, la baldosa deteriorada sigue instalada en Sants.

José Alcubierre, tras ser liberado del campo de concentración de Mauthausen.

José Alcubierre, tras ser liberado del campo de concentración de Mauthausen. / EL PERIÓDICO

Uno de los últimos supervivientes

El percance con la losa invita a evocar a Alcubierre. Fue uno de los republicanos de menos edad que fue preso en Mauthausen y también uno de los últimos españoles en poder contar las atrocidades del nazismo de primera mano. Falleció en Angulema (Francia) en 2017, a los 92 años.

Tras casi cuatro años de opresión, le faltaban cuatro días para cumplir 21 años cuando tropas de Estados Unidos liberaron el campo de concentración el 5 de mayo de 1945. Los supervivientes fueron hallados en un extremo estado de decrepitud. Las secuelas acortaron la vida de algunos de ellos y los llevó a una muerte prematura, como le ocurrió a Boix, fallecido en 1951 con 30 años.

José Alcubierre y Sigfried Meir, supervivientes de los campos de concentración nazis, en un acto en Madrid en 2015.

José Alcubierre (a la izquierda) y Sigfried Meir, supervivientes de los campos de concentración nazis, en un acto en Madrid en 2015. / DAVID CASTRO

Alcubierre fue uno de los cerca de 10.000 republicanos apresados en campos de concentración, a los que el sistema carcelario del nazismo cosió el triángulo azul que reservaba a los apátridas en el pecho. El vecino de Sants resistió a Mauthausen, donde 4.427 españoles murieron por el hambre, las enfermedades, las torturas y los trabajos forzados. Uno de los fallecidos fue el padre de José, Miguel Alcubierre Panzano, caído en el subcampo de Gusen. Su familia puso una placa en su honor en el pabellón del campo de Mauthausen donde se homenajea a las víctimas. “A mi abuelo Miguel Alcubierre. Tu Cardelina nunca dejó que te olvidáramos”, reza el rótulo.

En su monumental obra ‘Els catalans als camps nazis’, Montserrat Roig cuenta que José Alcubierre y otros muchachos “eran los deportados más jóvenes”, que compartieron el trance de ver morir a sus padres, cautivos junto a ellos. “Había que salvarlos -escribió Roig-. Era necesario que no quedasen ‘tocados’ ni de cuerpo ni de espíritu y ese fue uno de los propósitos de la solidaridad de los más ‘viejos’”. Francia, donde Alcubierre ya se quedó para siempre tras la liberación, lo condecoró con la Legión de Honor un año antes de morir.

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