Hasta 2027
Ruido, polvo y caída de facturación: el comercio de Muntaner maldice las obras de la L8
La única tienda oficial de la marca Gola cerrará cuando liquide el género que le queda, la óptica Cottet ha perdido un 25 % de ventas y otros locales alertan de menos afluencia
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Los vecinos de la calle Muntaner afrontan "con paciencia" el corte del tráfico durante 13 meses por las obras de la L8 de FGC
MAPA | La calle Muntaner de Barcelona inicia este domingo un corte de 13 meses por las obras de FGC

Vista de la calle Muntaner afectada por las obras de la L8, en marzo de 2026 / Naim Ait Fonollà / Naïm Ait Fonollà
Las obras de la L8 en la calle Muntaner, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi de Barcelona, han estrechado las aceras y el paso de peatones se ha reducido. En las últimas semanas, diferentes comercios consultados por EL PERIÓDICO describen el tramo central de esta arteria como una zona más difícil de transitar, con peor acceso, visibilidad reducida, más ruido y episodios recientes de polvo, debido a los productos industriales. Esta situación desemboca en menos afluencia de clientes y, en algunos casos, una caída importante de la facturación.

Acera de la calle Muntaner afectada por las obras de la L8, vista desde el 'showroom' de bulthaup Barcelona / Naïm Ait Fonollà
“Ahora es más difícil pasar y entrar, la gente no se detiene”, explica Angelica Palacios, propietaria del centro de estética y bienestar que lleva su nombre. El cambio, señala, se ha notado especialmente en los últimos días, coincidiendo con la reducción de espacio para peatones. “Aquí entraba mucha gente por impulso, y eso ahora prácticamente ha desaparecido”, lamenta. Su negocio vive sobre todo de citas agendadas, pero también de la imagen desde la calle. Lleva más de ocho años en la zona. En su caso, el mayor enemigo es el ruido, que lo califica de “tormentoso”. La dueña admite que ha mantenido a la misma clientela y que el público nuevo le llega por redes sociales. Incluso recuerda que al principio de las obras los clientes la llamaban desde el exterior para que los operarios colocaran una tabla y pudieran entrar al local.

Angelica Palacios, en su centro de estética y bienestar de la calle Muntaner durante las obras de la L8 / Naïm Ait Fonollà
Crecer en mitad de las obras
El caso de Bulthaup Barcelona, estudio de cocinas e interiorismo, subraya el problema de quien invierte para crecer y al poco tiempo se encuentra con una zanja delante. Este negocio se trasladó a finales de junio a un ‘showroom’ nuevo, más visible y con mejores expectativas, y en agosto arrancaron las obras. “Un desastre”, resume una de las interioristas.
La tienda vende proyectos que exigen atención y un entorno cuidado, justo lo contrario de lo que la rodea ahora. “Hay días que hacen muchísimo ruido y aquí atendemos a clientes”, subraya. A la incomodidad acústica se ha sumado un episodio muy reciente que ilustra hasta qué punto la obra se mete dentro del local: “Ayer estuvieron tirando un volquete y se quedó todo teñido de polvo blanco y la gente casi no podía ni pasar”.

Vista de la calle Muntaner afectada por las obras de la L8, en marzo de 2026 / Naïm Ait Fonollà
En la óptica Cottet, el impacto también se traduce en números concretos. Moisés Solsona, encargado del establecimiento, advierte de un golpe de entre “un 20% y 25% de la facturación” y lo relaciona con las dificultades de movilidad. “Antes la gente pasaba, se paraba en el escaparate y entraba en la tienda; ahora eso ya no sucede. Si vienen es por necesidad pura y dura”, sostiene. Asimismo, Solsona teme que la obra provoque un cambio de hábitos: “Si la gente del barrio encuentra otras opciones en otros sitios, recuperarla también nos va a costar”.
El único cierre confirmado
La única franquicia de la marca británica Gola en Barcelona es el comercio que más ha alzado la voz. La zapatería de la calle Muntaner ha colgado un cartel de "liquidación por las obras". Su propietaria, Marta Font, explica que decidieron hacerlo explícito por el malestar acumulado tras meses de afectación. “Entendemos que son obras importantes, pero no puede recaer todo el impacto sobre unos pocos comercios sin ningún tipo de compensación”, resume.

Tienda Gola en la calle Muntaner, con un cartel de liquidación por las obras de la L8 / Naïm Ait Fonollà
Font asegura que la facturación fue cayendo de forma progresiva, pero que el golpe más duro llegó este invierno: “En enero y febrero nos quedamos en torno al 50%”. La empresaria añade que el contraste es todavía mayor porque el año anterior el negocio estaba en crecimiento. Bajará la persiana definitivamente cuando venda las últimas existencias.

Marta Font, propietaria de la tienda Gola de la calle Muntaner / Naïm Ait Fonollà
Visión colectiva
La perspectiva colectiva la aporta Cristina Pando, agente dinamizadora de la asociación de comerciantes Barnavasi, que confirma que la obra está castigando la actividad económica. “El paso se ha reducido muchísimo” en el tramo afectado, dice, y eso “afecta directamente a la bajada de facturación”. “No se está comprando igual que hace un año”, sintetiza. Además, la pérdida coincide con un incremento de gastos por la inflación que genera la guerra de Irán. Según le trasladan comerciantes del barrio, hay mercancías que están llegando “un 30% y 40% más caras” a las tiendas.
Barnavasi ha pedido a las administraciones estudiar excepciones fiscales, como el impuesto de residuos o el IBI cuando repercuta directamente en el comerciante. La respuesta ha sido que “no hay un mecanismo oficial” para actuar al respecto. Pando describe una calle más difícil para vivir y vender, con un parking anulado, tráfico restringido y una intervención en el subsuelo que no beneficiará directamente a este tramo. A diferencia de otras reformas urbanas, como la de Balmes, el paso de la L8 bajo tierra no dejará una “calle amable a nivel visual” como compensación de las obras.

Las obras de la L8 en la calle Muntaner han dejado muy poco espacio en las aceras para el paso de peatones / Naïm Ait Fonollà
También con una mirada amplia, Ramón Segarra, propietario de Drogueria Rovira, reflexiona sobre el momento que vive la zona. Su negocio, recientemente premiado e implantado en Sant Gervasi desde 1910, sigue viendo necesaria la venta de proximidad, pero alerta del desgaste acumulado del sector. “Se han perdido muchos comercios y el comercio es la esencia de la ciudad”, concluye.
Presión de Junts al PSC
La semana pasada, el gobierno de Jaume Collboni se posicionó sobre estas quejas, a petición del grupo de Junts, que ya había pedido el pasado octubre un plan de apoyo a estos comercios. “Ya estamos trabajando en acompañamiento y dinamización”, defendió la teniente de alcaldía Raquel Gil, que mencionó un “refuerzo de iluminación”, “mejoras en la señalización y reordenación de las vallas” y “reuniones constantes con vecinos, comerciantes y responsables de obra para resolver dudas”.
Gil también sostuvo que se rebajan las tasas municipales “siempre que es posible” e invitó a los afectados a acogerse a programas ordinarios de subvención como el llamado 'Impulsem el que fas'. El concejal Damià Calvet, de Junts, consideró insuficientes estas medidas: “Da la sensación de que se pasan la pelota mutuamente”, le espetó, en referencia a la Generalitat, responsable de las obras. “Los carteles de liquidación no aparecen por casualidad, sino por las obras y por la pasividad, e incluso el menosprecio del gobierno”, zanjó.
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