Fase final
Las lluvias y un derrumbe bajo tierra retrasan medio año el final de las obras del colector del Poble-sec
Más de una década después de los primeros trabajos en el Paral·lel, el último tramo iniciado en 2023 para doblar la cañería subterránea concluirá entre diciembre y enero próximos
Las obras del colector del Poble-sec hunden a los negocios de la calle Vila i Vilà: "Es peor que en el covid"

Un hombre pasa por un estrecho tramo de acera en la calle Vila i Vilà, en obras en Barcelona. / Jordi Otix / EPC

Las obras del colector subterráneo del Poble-sec, iniciadas en 2013 y divididas en tres fases, han sido un engorro que perdura para los vecinos, que tendrán que resignarse a conllevar hasta finales de año. Se extenderán entre seis y siete meses más de lo que figura impreso en las lonas que se sobreponen en las vallas de la calle Vila i Vilà, cuya calzada sigue en parte abierta por una zanja que deja apenas una acera escasa para los peatones. El último capítulo para doblar el tamaño del conducto de 2,70 metros para aumentar la capacidad para drenar aguas residuales y de lluvia empezó a finales de 2023. La vicisitudes de la reforma para evitar que se repitan inundaciones como las que sufrió la zona han colmado la paciencia de los residentes, que han convivido con los trabajos a un palmo de casa. También ha hundido los ingresos en varios negocios de la vía. Algunos han echado el cierre.
El cierre definitivo de la obra comenzada hace 13 años se prevé ahora entre diciembre de 2026 y enero de 2027. Es en torno a medio año más tarde del primer pronóstico, que apuntó a que la última fase estaría completada este próximo junio. El nuevo calendario se precisó este miércoles en el consejo de barrio del Poble-sec, en el que se revelaron los tres motivos que han obligado a retrasar la finalización: unas obras en la red de agua freática en la calle Fontrodona que resultaban urgentes durante la vigencia del decreto de sequía y que demoraron los trabajos del nuevo colector en ese sector; el derrumbe de parte de la canalización preexistente -datada hace casi un siglo- y la intensa cadena de fuertes precipitaciones de los últimos meses.
“Hemos tenido un retraso por las lluvias muy importante”, aseguró el director de la obra de Vila i Vilà, Javier Solís. “El año pasado fue el más lluvioso de los últimos 15 años y no teníamos previsto esta frecuencia de lluvias -desgranó-. Cada vez que llueve de forma intensa, nos pasamos una semana recuperando el estado inicial de la obra. No perdemos un día de trabajo, sino una semana. Además, la cantidad de lodo que se forma con estos episodios es muy importante y tenemos que sacarlo a mano, nos ha pasado varias veces”.
Solís añadió que, de no haber sido por los efectos de los temporales, el funicular de Montjuïc habría reabierto antes de Semana Santa. “Pero tardaremos una semana más -explicó-. Ha llovido de forma constante en diciembre y teníamos que hacer operaciones con el funicular que no hemos podido hacer”.
Fallida y colapso
Aparte, se derrumbaron 20 metros del colector antiguo. “Hizo fallida y colapsó”, comentó Solís. “Durante la fase de construcción de Nou de la Rambla, una de las esquinas de mampostería que estaba fisurada falló y cayó la parte superior del colector”, detalló.

Una lona con la fecha de finalización de obras prevista al inicio de los trabajos en Vila i Vilà, en Barcelona. / Jordi Otix / EPC
Se trata de un tramo de la red de alcantarillado que se conservará. El responsable de la obra añadió que aún se tiene que rehacer esa parte. Se reparará cuando se haya finalizado el nuevo colector. Por él se desviarán las aguas residuales y se dejará libre la canalización centenaria para reconstruirla. “Por algún lado debemos pasarlas: las aguas fecales que pasan por Vila i Vilà superan los 1.000 litros por segundo”, cuantificó.
Además, Solís apuntó que Endesa ha tardado 11 meses en desviar un cable de alta tensión. “En vez de tardar un año en desviar servicios habremos tardado un año y medio en desviar servicios”, lamentó el director de la obra. Juzgó que la última fase aún en curso conlleva “las obras más molestas” de la remodelación, por ser “las que están más cerca de las fachadas”. “Es una obra de mucha envergadura -abudó Solís-: cuando llueva, pasarán de 40 a 49 metros cúbicos por segundo, 49 toneladas de agua”.
Aparte, los distintos tramos de la calle se reabrirán reurbanizados. Se espera que el trecho entre las calles Palaudàries y Mata vuelva a ser accesible en abril; en mayo, tiene que serlo de las calles Mata a Cabana; en junio será el turno de Mata a La Font, y se calcula que en agosto abra de La Font a Nou de la Rambla. Además, quedan obras por hacer entre Nou de la Rambla y la plaza Bella Dorita, el tramo “más pesado”, opinó Solís. “Para pasar el colector, hemos derribado la totalidad de la calle, se ha hecho por fases pero sabemos lo inmensamente molesto que ha sido para vosotros”, se disculpó el director ante los vecinos.
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