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Más tensión en el bus

Joana Vila, 25 años y vecina de Ripollet: "No puedo gastar 300 euros en gasolina, desde este mes cojo el bus para Barcelona"

El aumento del precio del combustible está provocando un trasvase del coche privado al transporte público interurbano, ya de por sí saturado

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Joana Vila coge ahora tres días a la semana el autobús e4 que comunica Barcelona con Ripollet y para en la estación de Fabra i Puig.

Joana Vila coge ahora tres días a la semana el autobús e4 que comunica Barcelona con Ripollet y para en la estación de Fabra i Puig. / Jordi Otix / EPC

Glòria Ayuso

Glòria Ayuso

Barcelona
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El aumento del precio de la gasolina está provocando un trasvase de personas que se desplazan en vehículo privado hacia el autobús.

Joana Vila, de 25 años, vive en Ripollet y trabaja en Bellvitge, en L'Hospitalet. Habitualmente acudía cada día en coche a la oficina. "Tardaba 35 minutos y, en hora punta 1 hora", explica. Pero desde este mes de marzo ha cambiado en su elección de transporte. Llenaba el depósito cuando la gasolina estaba a 1,21. "La última vez, vi que el precio había escalado hasta 1,56. No puedo gastarme 300 euros al mes en gasolina. Si sube tanto no lo podré pagar", señala. Por ello, tres días a la semana -los martes, los miércoles y los jueves-, se ha pasado al autobús.

Dos euros más por atasco

Ahora, de Ripollet va hasta Fabra i Puig, donde coge la L1 de metro, que la recorre casi entera hasta Bellvitge. "Tardo una hora y media. Pero es que cada vez que vengo en coche y me paro en un atasco ya estoy pensando que eso serán dos euros más", destaca.

De poder, se pasaría al transporte público a diario, pero los lunes y los viernes dos días a la semana después del trabajo asiste a pilates y cross fit y debe llegar más rápidamente, por lo que en ese caso mantiene el coche.

En busca de coche eléctrico

El principal problema, señala, es que Ripollet no cuenta con otra alternativa de transporte que no sea el bus. Por ese mismo motivo, las colas para subirse en horas punta a este transporte colectivo son largas.

El último fin de semana, Vila se fue de concierto a Barcelona con unos amigos de Ripollet. Para organizar el viaje buscaron quién de ellos tenía coche eléctrico para evitar así pagar la gasolina. "Fuimos en el coche eléctrico de la familia de uno de mis amigos", explica.

Menos frecuencias

Pese a tener también coche propio, Ivet Sans va cada día de Barcelona a Vic, donde trabaja, en autobús. Desde el Eixample va en la línea L5 hasta Sagrera, donde sube al e12. El principal motivo es que ahorra dinero por el precio de la gasolina. El segundo, explica, es que "salir de Barcelona es un drama y los buses esquivan los atascos diarios porque van por su carril con preferencia. Me evito todo el estrés del tráfico y en el bus voy avanzando temas del trabajo".

La T-usual a Vic -en la sexta corona- cuesta 60 euros, lo que en gasolina "solo da para tres viajes a Vic". En cambio, con el bono de viaje, además de poder viajar cada día durante todo el mes, puede moverse también para ir hasta Sant Cugat, donde viven sus padres.

Pero también explica que con el aumento del precio de la gasolina, ha coincidido con que el servicio parece no ser el mismo. "Ahora no pasan tan a menudo. De 8.00 a 8.30 habitualmente pasaban cinco buses. Ahora la frecuencia se ha reducido a tres", indica. En principio, las operadoras de autobuses están sujetas a unas frecuencias y horarios determinados que no pueden variar, por lo que Sans se ha planteado poner una queja a la compañía.

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