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Un machete y una pistola: la enésima pelea multitudinaria frente a Draco, la discoteca que martiriza a vecinos de Gràcia

El antiguo KGB, que debía ser desahuciado hace un año, sigue abierto gracias al recurso que presentaron sus responsables

La polémica discoteca Draco, el antiguo KGB de Gràcia, tiene al fin fecha de cierre: el 31 de diciembre

El juez aplaza el desahucio de la discoteca Draco, el antiguo KGB

Un machete y una pistola en una pelea multitudinaria frente a la discoteca Draco (antiguo KGB)

EPC

Toni Sust

Toni Sust

Barcelona
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Los vecinos de la calle de Alegre de Dalt que residen cerca del número 55 llevan años deseando que la discoteca Draco, el antiguo KGB, cierre sus puertas, y el pasado domingo vivieron el enésimo episodio que refuerza su deseo. De nuevo, una pelea multitudinaria despertó de su sueño a muchos de los que comparten calle con la discoteca. Sucedió la madrugada de domingo a lunes, a las 4.30.

El relato es el de otras veces: hombres peleándose con gran violencia Alegre de Dalt arriba y abajo, si bien en esta ocasión los vecinos que grababan en vídeo los hechos desde sus balcones detectaron un par de elementos inquietantes. Uno de los participantes en la pelea llevaba un machete de grandes proporciones, tan grandes que algunos lo definen como una espada. Otro portaba una pistola. Que podría ser de fogueo o simulada, como podría ser real.

Llegada policial

No es algo que se sepa porque cuando varios vehículos de la Guardia Urbana llegaron a la calle, avisados de la pelea que tenía lugar, los participantes en los enfrentamientos se largaron toda prisa. Fuentes municipales informan de que los agentes no alcanzaron a ver al portador del machete ni al de la pistola. No hubo detenciones, como no hubo denuncias ni constan lesiones.

Lo que sí está claro es que lo sucedido reforzó las ganas que tienen los vecinos de que Draco cierre sus puertas, algo que estaba previsto el 19 de febrero de 2025, después de que su contrato de alquiler finalizara el 31 de diciembre de 2024. Ese fue el día marcado por un juez para el desahucio del local, que es propiedad de la inmobiliaria Núñez i Navarro, pero la empresa que gestiona la discoteca logró que el desalojo fuera aplazado por decisión judicial. Desde entonces ha pasado un año y un mes, y el local sigue abriendo. En domingo no suele hacerlo, pero el pasado abrió, y el resultado es el que se puede ver en los vídeos de los vecinos.

La versión de Draco

Fuentes de los responsables de Draco consultados por este diario, subrayan, como suelen hacer en casos como el registrado la madrugada del lunes, que no está en su mano impedir una pelea que no se desarrolla en el interior: "No hubo pelea ni en el local ni en frente. Como estaban saliendo temprano y eran muchos, llamamos a la patrulla y ella a su vez pidió refuerzos para que nos prestaran apoyo con el fin de desalojar rápido la calle porque nosotros no podemos movernos del frente".

Las mismas fuentes lamentan que no se haya dado una reforma legal que permita a sus responsables de seguridad intervenir en la calle, lo que, dicen, contribuiría a evitar la stiuación que se dio esta semana en Alegre de Dalt, una escena que no es nueva. También indican que el problema de la agresividad que dio pie a las imágenes grabadas por los vecinos no es algo exclusivo de Draco, y que se da en discotes de otras partes de Barcelona.

Un historial conflictivo

 La discoteca lleva años generando conflictos en esta parte de Gràcia. Antes, Draco se llamó Canela y antes llevó el nombre del histórico KGB. La discoteca era de la familia Llobet, y figuraba a nombre de la empresa Setraspa, SA, que con el tiempo la cedió a un tercero, la sociedad Trisquelcanela. En un momento dado, cuando Setraspa traspasó el local a Trisquelcanela pero no la licencia, el distrito de Gràcia precintó el local por considerar que no era lícito que lo gestionara quien no era titular del permiso.

Setraspa recuperó entonces formalmente la gestión y la actividad continuó dentro de la legalidad. Se calcula que fue entonces cuando se dejó de pagar el alquiler a Núñez i Navarro, que quiso dar por finalizado el contrato en 2019, cuando de hecho acababa, pero un recurso permitió a los propietarios prolongar cinco años la relación, hasta el 31 de diciembre de 2024.

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