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C/ de la Rosa

Un derrumbe deja sin actividad comercial a una calle del centro de Sabadell: "No sabemos cuándo podremos reabrir"

El núcleo del hundimiento es la antigua casa Homedes, un inmueble con unos 300 años de historia que abrió como negocio en 1980

Derrumbe parcial de una cubierta en Sabadell obliga a evacuar a dos personas

Escombros del derrumbe de la calle de la Rosa donde una persona ha resultado herida leve.

Escombros del derrumbe de la calle de la Rosa donde una persona ha resultado herida leve. / ACN / Norma Vidal

Albert Segura / ACN

Sabadell
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El derrumbe de la antigua casa Homedes, en el centro de Sabadell, ha dejado gran parte de la calle de la Rosa sin actividad comercial. "No sabemos cuándo podremos reabrir", lamenta Judit Arboç, propietaria de la Pasti, el establecimiento comercial que hay justo en frente de donde se derrumbó parte del edificio. Los hechos ocurrieron poco después de que la tienda, muy concurrida, registrara una larga cola de clientes, lo que provocó que sólo se registrara una chica con heridas, y que fue atendida en el hospital Parc Taulí. La propiedad del inmueble, con 300 años de antigüedad, deberá asumir el derribo de la parte afectada, que implicaría cubierta y fachada, a la espera de saber el estado de todo el edificio.

El derrumbe se produjo el domingo por la tarde, alrededor de las 18:30 h, en la calle Rosa, una de las primeras que configuraron los inicios de la futura ciudad de Sabadell. Se trata de una vía estrecha que conecta la calle de Gràcia con el paseo de la Plaça Major, justo a la altura del acceso a la estación de los Ferrocarrils de la Generalitat, lo que la convierte en una zona de paso muy frecuentado.

El inmueble en cuestión es la antigua casa Homedes, un inmueble que tiene unos 300 años de historia, y que en 1890 abrió como negocio, concretamente una de las mercerías con más solera de la capital vallesana, hasta que cerró hace unos 10 años. "El coste del mantenimiento era muy alto, y se ha ido dejando en el olvido, nosotros queríamos evitar que ocurriera algo así, y lo pusimos a la venta", ha explicado Josep Bermejo Homedes, uno de los integrantes de la propiedad, que destaca el alto precio que debían asumir, por ejemplo, por el IBI o todo lo relativo.

Pero la fachada estaba catalogada como patrimonio histórico, y eso ponía palos en las ruedas para su venta, porque algunos interesados veían un inconveniente en no poder tocarla. "Primeramente, no podíamos hacer absolutamente nada por construir nada nuevo ni por arreglarlo, ni siquiera hacer una obra de apoyo, de mantenimiento, para que no pasara a más, y como eso era imposible, se ha ido dejando", ha añadido Bermejo.

Una de las opciones que plantearon era cederlo al consistorio, sin coste alguno. "Si el Ayuntamiento se lo quedara, se lo regalábamos, nosotros al menos nos quitamos de encima tener los gastos", ha apuntado el propietario, destacando que el valor que les han ofrecido los compradores ha sido cada vez inferior: "Llegaría a un punto que alcanzaríamos el valor cero".

Garantizar la seguridad

El derrumbe ha obligado a realojar a parte de los vecinos del inmueble junto al siniestrado. Concretamente, el Ayuntamiento ha realojado a ocho personas de dos pisos, y hay una persona de la tercera vivienda desalojada que se ha trasladado a casa de unos familiares. Este mismo lunes han comenzado las tareas para garantizar la seguridad en torno a la casa. Los trabajos deben permitir retirar todos los escombros caídas del inmueble, y que ha cortado por completo la calle de la Rosa entre el paseo de la Plaza Mayor y la calle de la Iglesia.

Este lunes al mediodía han comenzado los trabajos para apuntalar el edificio por dentro y, una vez hecho esto, se podrá acabar la parte afectada de la fachada que cayó y retirar los elementos inestables. También se colocará un andamio de protección para poder restablecer el paso de peatones por la calle con seguridad, todo ello a cargo de la propiedad.

Alrededor del mediodía se ha desplazado hasta el lugar un camión con material para realizar los apuntalamientos, y más tarde se creará el andamio que debe servir para hacer un túnel y garantizar la seguridad del paso de peatones en la zona afectada. Al margen, será necesario que la propiedad realice labores de derribo en la parte de la fachada que se derrumbó, así como la parte de la cubierta.

"Una vez limpiada la parte de arriba, ya no habrá ningún tipo de problema que se produzca ningún accidente, además, hemos visto que hay unas vigas que no sabíamos si estaban, por tanto, es mucho más seguro de lo que parece y nos dará más tranquilidad a todos", ha destacado Bermejo.

Cuando todas estas actuaciones estén terminadas, previsiblemente a finales de esta semana, se podrán reabrir los comercios y el acceso a las viviendas afectadas. No obstante, fuentes municipales han detallado que una vez realizados los trabajos iniciales, se podrá realizar la valoración completa del estado del edificio y determinar si se puede conservar alguna parte o si es necesario derribarlo totalmente.

Trabajos toda la semana

El derrumbe obligó a desalojar a los vecinos de la finca adyacente, y a privar de acceso a los comercios y despachos que hay en el entorno más cercano. Uno de ellos es Pasti, un establecimiento especializado en repostería y pastas que suele ser un punto de atracción que genera largas colas en esta estrecha calle, sobre todo los fines de semana por la tarde.

"Estábamos trabajando, justamente ayer teníamos bastante trabajo, y teníamos bastante gente esperando fuera para entrar", explica Judit Arboç, propietaria de la tienda. La caída de los primeros fragmentos de fachada puso en alerta propietarios y clientes, que ya habían bajado de volumen en ese momento de la tarde: "Tuvimos suerte de que hizo un pequeño aviso y que la gente que estaba allí en la cola pudo echar hacia fuera o entrar dentro del local", añadió.

Justo al lado, en el mismo lado donde se encuentra el inmueble afectado, se encuentra una de las tiendas de golosinas más populares del centro, 1800, y que el domingo está cerrada. Justo encima vive su propietaria, Georgina Maimó, que estaba mirando el televisor cuando se produjo el derrumbe.

"Oí un ruido sordo, vi que el cable de la luz caía, en un principio pensé que era el balcón de encima mío, y no, salimos y vimos toda la situación", explicó. El cierre de la calle le afecta por partida doble, dado que no solo tiene el negocio, también la casa: "Cada vez que entro o salgo tengo que avisar a los agentes de policía que hay", señala.

"Deberemos hacer fiesta hoy, porque creo que nosotros deberíamos poder entrar, somos la primera puerta que hay en la calle y no llegamos a la zona que se ha derrumbado", relata Josep Vilches, propietario de la empresa constructora Vilting Inversions, que tiene despacho en la calle afectada, y que indicó que el cierre tendrá un impacto económico en el callejero.

En la Pasti se encuentran con la misma incógnita, más aún cuando su establecimiento se encuentra justo delante del edificio siniestrado: "No sabemos cuándo podremos reabrir, a ver si se arregla esto un poco y podemos reanudar la actividad", concluye su propietaria, Judit Arboç. Sin embargo, el consistorio prevé que los trabajos para garantizar la seguridad del entorno se alargarán toda esta semana, sin una fecha exacta. Una vez hechos, se podrán reabrir establecimientos y permitir la vuelta a casa de los vecinos desalojados.