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Entrevista

Andreu Claret: “Me comí un ejemplar de ‘Treball’ en el coche policial de camino a la comisaría de Via Laietana”

El periodista recuerda la Caputxinada 60 años después y explica cómo la policía de la dictadura franquista combinó una represión implacable con una ineficacia grotesca

60º aniversario de la Caputxinada: cuando estudiantes y religiosos hicieron frente común contra Franco

Andreu Claret, el pasado miércoles en el Born.

Andreu Claret, el pasado miércoles en el Born. / Pau Gracià / EPC

Toni Sust

Toni Sust

Barcelona
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Cuando tuvo lugar la Caputxinada, en marzo de 1966, usted tenía 19 años.

Estaba a punto de cumplir 20. Estudiaba Arquitectura. Hacía dos años que había llegado a Barcelona.

Su familia vivía en el exilio.

Sí. Nací en 1946 en Ax Les Thermes, junto a Andorra, adonde me fui con uno o dos años. A los ocho me fui a estudiar a Francia, cerca de Toulouse, con mis abuelos. Mis padres eran de ERC, mis abuelos, comunistas. Una familia típica de la República. Y en 1964, con 17 años, vine a Barcelona. Llegué a la Estación de Francia (la señala: la entrevista transcurre a unos 200 metros, en el Born, donde vive). Lo cuento en mi última novela, ‘La casa de les tres xemeneies’, aunque en el libro llego antes, porque me iba bien para el relato.

¿Nunca había estado en Barcelona?

Nunca. Solo conocía la Barcelona mitificada de la República de la que se hablaban los anarquistas que venían a casa, los intelectuales. Y llegué y todas estas casas, estas fachadas, eran negras. Por el humo de los coches: en la España de Franco la gasolina que se gastaba era malísima. Vi todo eso y estuve a punto de coger el tren de vuelta a Francia. Me quedé, me alquilaron una habitación en La Bonanova, en una casa de gente acomodada.

Retrato de Andreu Claret sobre l’aniversari de la Caputxinada

Claret, antes de la entrevista. / Pau Gracià / EPC

¿Por qué vino?

Es bestia, porque tenía 17 años: vine a combatir el régimen franquista. Mi hermano mayor, Joan, que ya ha fallecido, era un dirigente antifranquista, estaba en la Universidad de Toulouse, él no podía venir, le habían cogido en temas serios, de armas, y lo buscaba la policía franquista. Y cuando llegué aquí, no pasaba nada. No solo no pasaba nada, me obsesioné por el hecho de que los chicos y las chicas de mi edad no iban nunca cogidos de la mano. En Francia nos besuqueábamos, íbamos al cine a meternos mano. Me obsesioné con esto, que la gente de mi edad de Barcelona veía normal. Hice Preu (el curso preuniversitario, actual segundo de bachillerato) en la Academia Febrer y luego entré en la universidad.

"Vine de Francia a Barcelona con 17 años. No había estado nunca. Vine a combatir el régimen franquista. Llegué a la Estación de Francia, y cuando vi todos esos edificios negros casi cojo el tren de vuelta"

Se matriculó en Arquitectura.

Sí, aunque mi padre quería que estudiase Ingeniería de Caminos. Antes, en la Academia Febrer, viví otro choque: me di cuenta de que mis compañeros no sabían nada de lo que había pasado. Un día expliqué que aviones italianos bombardearon Barcelona durante la Guerra Civil y no se lo creían. Tuve que llevarlos a la plaza de Sant Felip Neri (donde una bomba mató a 42 niños en 1938 y las marcas de metralla quedaron como recuerdo de ello). Yo estaba algo acomplejado, porque hablaba catalán, era la lengua en mi casa, y francés, pero nunca había estudiado el castellano, solo sabía un poco del patio del colegio en Francia. En el Preu sufrí mucho. Después entre en la universidad, me afilié al PSUC en 1965 y entonces llego a la Caputxinada. Era delegado del primer curso de Arquitectura.

"La Caputxinada no hubiera pasado a la historia si la policía no nos hubiera encerrado allí. Llegué a los capuchinos con la sensación de ir a cambiar el mundo, allí había 400 personas. Yo nunca había entrado en una iglesia"

¿Cómo se entera de que se presentará el sindicato de estudiantes, que derivó en la Caputxinada?

Es que se sabía que se haría, como contó el otro día Quim Boix. Llegué con la sensación de ir a cambiar el mundo, allí había 400 personas. Entré y pensé que nos meterían a todos en la cárcel, que estaban esperando a que llegara el último. Lo seguí todo sin protagonismo y con un gran chute de adrenalina. Conocía los Capuchinos de pasar por allí, porque vivía en Via Augusta con Anglí con mis padres, que habían vuelto en 1965, un año después que yo mí. (Andreu Claret padre ya había vuelto momentáneamente en 1962, llamado por el alcalde Porcioles, que le pidió ayuda para afrontar la gran nevada de ese año pese a ser un republicado exiliado). Pero yo era de familia agnóstica y educación francesa, laica. Yo no había entrado nunca en una iglesia.

"Al llegar a Barcelona, me obsesioné por el hecho de que los chicos y las chicas de mi edad no iban nunca cogidos de la mano, y lo veían normal. En Francia nos besuqueábamos, íbamos al cine a meternos mano"

¿Allí entraron con la idea de que a la hora de almorzar estarían en casa? Y se quedaron tres días.

Sí. Llegó Tàpies con su Mercedes y en seguida vimos a la policía que rodeaba el coche y se desplegaba.

Si  la policía no les hubiera encerrado allí aquello hubiera sido distinto.

No hubiera pasado a la historia. No de la misma manera. Lo importante fueron las consecuencias. Había gente de todo tipo, del PSUC pero también de otros partidos, como Jordi Rubió, un hombre moderadísimo. O Salvador Espriu, que estaba acojonadísimo. Era un hombre decidido pero también miedoso.

¿Los más conocidos sufrieron consecuencias?

A algunos les retiraron los pasaportes. A nosotros nos retiraron el carnet de identidad y tuvimos que ir a buscarlo. Y allí comenzó mi relación con los policías Creix y Olmedo. Yo, más con el comisario Olmedo, que era como el número dos y a mí me llamaba ‘el Andorrano’.

No le detuvieron.

Entonces, no. Después me detuvieron dos veces y una estuve dos meses en la cárcel Modelo. Me detuvieron por una estupidez. La máquina represiva franquista combinaba barbaridades como el garrote vil para Puig Antich con una gran ineficacia, como recordó Andreu Mas-Colell el lunes en el acto por la Caputxinada. Yo me fui de Arquitectura a Económicas, porque creía que era mejor para cambiar el mundo. Un día, en 1968, cantábamos canciones antifranquistas, yo salía y la policía entró en la facultad a golpes. Por la tarde fui a ver al organizador de lo de las canciones, un asturiano, a su casa, y abrió la puerta el comisario Olmedo: ‘Hombre, el Andorrano’.

Y entonces sí le detuvieron.

Fue una tontería por mi parte. Me cogió desprevenido y yo llevaba encima un ejemplar de ‘Treball’ (publicación del PSUC de la que Claret fue posteriormente director). Me lo tuve que comer. Debo de ser el único que se ha comido un ejemplar de ‘Treball’.

¿Cuántas páginas?

Dos páginas que me comí en el coche de la policía que nos llevaba a la comisaría de Via Laietana. Casi me ahogo. Todavía ahora tengo un problema de tragaderas. Nos acusaron de cantar canciones, algo absurdo, porque yo soy terrible cantando. A mi solo me cayó una hostia del comisario Olmedo por entrar en su despacho con las manos en los bolsillos: ‘¿No sabes que tienes que quitarte las manos de los bolsillos cuando entras en un despacho?’. Al estudiante asturiano, José Fariñas, que era hijo de un guardia civil, lo torturaron de una forma terrible. Lo subían por una escalera de caracol metálica que había en Via Laietana y él iba cantando ‘La Internacional’. Yo pensaba que nos fusilaban directamente. Le dieron un golpe que cayó escalera abajo. Lo volvieron a llamar otra vez y subiendo otra vez cantaba ‘La Internacional’, ya en voz más baja. Le dejaron los testículos negros de los golpes. Le cayeron dos o tres años de cárcel, porque le encontraron las canciones.

"Detenidos en Laietana, al estudiante asturiano José Fariñas, hijo de un guardia civil, lo torturaron de una forma terrible. Lo subían por una escalera de caracol y él iba cantando ‘La Internacional’. Yo pensaba que nos fusilaban directamente"

¿Y a usted no le pegaron más?

No, me tomaron declaración. Que aquello también es una batallita. El policía iba diciendo mientras tecleaba la letra de la canción: “Usted cantaba: ‘La mujer de Paco Franco no cocina con carbón, que cocina con los cuernos de su marido el cabrón’. ¡¿No le da vergüenza cantar eso?!”. E iba tecleando, indignado.

imagen de un ejemplar de Treball' de 1971.

imagen de un ejemplar de Treball' de 1971. / El Periódico

Cuenta que no fue la única arbitrariedad que vivió por esa policía ineficaz.

Cuando estuve esos dos meses en la Modelo, un día me llaman al centró de la cárcel y me encuentro a dos hombres que llevaban gabardina. Me llevan a un cuarto: ‘¿Usted es Andreu Claret Serra? ¿Nació en 1946? Abra la boca’. Me miran los dientes. Y uno dice que sí, que tenía la edad que había dicho. Porque sospechaban que yo podía ser en realidad mi hermano Joan, 15 años mayor, que simulaba ser yo.

"Estuve dos meses en la cárcel Modelo. Vinieron dos hombres a verme, a mirarme los dientes, para comprobar que era yo y no mi hermano mayor, antifranquista que tenía 15 años más y vivía en Francia"

Entre los detenidos por la Caputxinada varios sufrieron represión política y física.

Sí. Sobre todo, Quim Boix. Lo torturaron de manera salvaje en Laietana. Tiene un récord: 11 veces lo detuvieron. Hubo expulsiones de la universidad. Hubo represión.

¿Por qué se dio la Caputxinada?

Pudo tener lugar por esa ineficacia de la policía, que no logró saber dónde se haría. Y porque aquello no fue una seta, ya pasaban cosas en el antifranquismo. Además, había un ambiente general de optimismo después de lo mal que se había pasado en los años 40 y 50. Los sueldos empezaban a crecer, los obreros iban de Santa Coloma a El Corte Inglés a ver escaparates. Había aquella sensación de que se vivía mal pero de que se viviría mejor. Justo al revés que ahora, cuando se vive muy bien pero nadie piensa que las cosas vayan a ir mejor, al revés.

"Hay que explicar bien lo que fue el franquismo. No se explica bien. Lo que hay que contar es que durante el franquismo los jóvenes no podían ir por la calle cogidos de la mano"

¿Qué hay que explicar a los jóvenes sobre la Caputxinada, sobre la dictadura, sobre el antifranquismo, sobre aquella Barcelona de la dictadura?

Hay que explicar bien lo que fue el franquismo. No se explica bien. Porque se explica que se fusilaba a mucha gente en el Camp de la Bota, que había mucha gente en la Modelo, pero eso, no nos engañemos, no afectaba a la mayoría de la gente. A mucha, pero no a la mayoría. Lo que hay que explicar es que durante el franquismo los jóvenes no podían ir por la calle cogidos de la mano. Que si una pareja se daba un beso por la calle, a la mujer la podían enviar al Patronato de Protección de la Mujer, una institución siniestra que se ocupaba de las mujeres caídas. Tenemos que explicar que el franquismo era algo siniestro. Una opresión cotidiana.

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