Nuevo emplazamiento
"Pena" y "alegría" en los últimos días del viejo Mercat de Montserrat de Barcelona: "Ya tenemos cosquilleo en la barriga"
Ocho comerciantes se despiden del histórico equipamiento de Nou Barris antes de su traslado a un edificio nuevo, a pocos metros y con menos paradas
El nuevo Mercat de Montserrat de Barcelona abrirá el 21 de marzo con una fiesta de inauguración
El mercado de Nou Barris en Barcelona cambia por completo: todas las novedades

Maite Hernández despachando en la parada Conservas y congelados Cristina. / JORDI COTRINA / EPC
Cada mañana, como ocurre desde hace más de seis décadas, el ruido de las viejas persianas metálicas retumba en los pasillos del Mercat de Montserrat. Los comerciantes encienden las luces, colocan el género, preparan los pedidos del día y esperan a los primeros clientes del barrio. Sin embargo, estos días la rutina está siendo algo distinta. Cada jornada que pasa es un día menos para cerrar definitivamente la plaza.
El histórico mercado de Nou Barris, que prestaba servicios desde los años 60, afronta sus últimos días en el edificio actual antes del traslado al nuevo equipamiento construido a pocos metros. El nuevo, ubicado en Via Favència 241, abrirá sus puertas con 17 paradas de producto fresco, además de un supermercado ALDI y otros servicios comerciales. Una versión reducida de la actual que llegó a tener 80 paradas activas, cifra que, a medida que ha pasado el tiempo, se ha reducido considerablemente. La inauguración oficial está prevista para el 21 de marzo.

El nuevo mercado de Montserrat, en Nou Barris, una semana antes de su estreno / Jordi Cotrina
Para muchos comerciantes, el cierre supone el final de una etapa que ha atravesado generaciones. Ocho paradistas explican a EL PERIÓDICO cómo se sienten. Siete de ellos continuarán en el nuevo edificio, mientras que una de las paradas cerrará definitivamente por motivos empresariales. Los ocho testimonios han pasado décadas entre estos pasillos y viven el cambio entre la nostalgia y la expectativa de empezar de nuevo.
Décadas detrás del mostrador
En Legumbres Casanovas, los inicios del negocio se remontan a la inauguración del mercado. Los suegros de Mari Carmen Serrano abrieron la parada cuando el mercado empezó a funcionar en 1960. Ella lleva 43 años detrás del mostrador. La despedida llega con sentimientos mezclados. “Por un lado, pena”, reconoce. “Pero, por otro, también alegría, porque siempre piensas que en un sitio nuevo trabajarás mejor”, matiza.

Charcutería y cansaladería Núria, en el ‘viejo’ mercado de Montserrat en Nou Barris / JORDI COTRINA / EPC
Esta mezcla de emociones se repite entre muchos paradistas. Núria Gonzalo, de Xarcuteria i cansaladeria Núria, empezó a trabajar en el mercado con tan solo 20 años. Hoy tiene 51, lo que significa que lleva más de tres décadas entrando por la misma puerta. “Da un poco de pena”, admite. Cuando piensa en lo que se lleva al nuevo edificio, no duda: “Los recuerdos de los clientes”.

Charcutería y cansaladería Núria, en el ‘viejo’ mercado de Montserrat en Nou Barris / JORDI COTRINA / EPC
Una historia familiar
En otras paradas, la historia se mide en generaciones. La frutería y verdulería Arturo Garzón suma cuatro generaciones vinculadas al Mercat de Montserrat. Daniel Malpartida, dependiente del puesto, explica que el negocio lleva 62 años en la plaza. Para él, cada jornada empieza con la misma rutina: sacar el producto de la cámara, montar las pilas de género y atender a los primeros clientes de la mañana. Estos días los está viviendo diferente, manifiesta. Siente tristeza e incertidumbre por “dejar algo de tantos años y volver a empezar en un sitio nuevo sin saber cómo va a funcionar”.

Daniel Malpartida, dependiente de Fruitería y verdulería Arturo Garzón. / JORDI COTRINA / EPC
Entre deseo y nostalgia
No todos viven el traslado de la misma manera. Carmen Serramià, propietaria de Carnisseria Carmen, lleva 14 años trabajando en la pequeña parada número 53 y espera el cambio con ganas. “Estoy deseándolo”, responde. “Este mercado ya está viejo. Hay estanterías caídas, luces que no funcionan… Como sabes que te vas a mudar, ya no reparas nada”. A sus 68 años afronta el traslado con energía e ilusión. “Soy de mercado desde que tengo uso de razón. Eso lo llevo dentro”, expresa. Además, para ella inaugurar el nuevo equipamiento supone mucho más que levantar la persiana: tuvo parada en el Mercat de la Llibertat de Gràcia años atrás y no pudo vivir la renovación de ese espacio: “Ahora quiero estrenar este sí o sí”.
En la Charcutería y tocinería Sílvia y Víctor, con 20 años de historia, el cambio se vive desde una perspectiva que mezcla nostalgia y optimismo. Sílvia García admite que la despedida empieza a notarse. “Esta semana ya empezamos a tener un poco de cosquilleo en la barriga”, reconoce. Su marido, Víctor José Ciruela, intenta compararlo: “Es como cambiar un Seat Ibiza por un Ferrari. O por lo menos con un Audi”, dice entre risas. Aunque el traslado también supone un esfuerzo económico considerable. “El gasto que tenemos que hacer es una bestialidad”, recalca. Víctor se despide del edificio con una frase: “Este mercado me lo ha dado todo”.

Antonio Baeza, presidente de los paradistas, en su parada de frutas y verduras Baeza, en el ‘viejo’ mercado de Montserrat en Nou Barris / JORDI COTRINA / EPC
La esencia del mercado
Más allá del edificio, muchos comerciantes coinciden en que lo que define este mercado son las personas. Isaac Rodríguez Amat, de Bacallaneria Amat, lleva casi tres décadas vendiendo bacalao en el Mercat de Montserrat. Reconoce que el traslado tiene ventajas, pero también supone dejar atrás la identidad del lugar anterior. “Por un lado hay nostalgia, pero a todo el mundo un caramelo nuevo siempre le gusta. El problema es que el mercado de Montserrat es este, toda su esencia se va a perder”, subraya.
Para él, el reto real está en los cambios de consumo, sobre todo en los jóvenes. “A las once de la noche puedes pedir una pizza con el móvil, los mercados no pueden competir contra eso”. Por eso defiende que el valor de las plazas sigue estando en el trato directo con el cliente. “Aquí la gente viene por el tú a tú”, explica.

Isaac Rodríguez Amat, propietario de Bacallanería Amat. / JORDI COTRINA / EPC
El único cierre
No todos los comerciantes continuarán en el nuevo edificio. Maite Hernández, heredera de Conservas y Congelados Cristina, cerrará la parada que abrió su suegra hace unos 35 años. La familia ya tiene otra parada en otro mercado y han decidido concentrar toda la actividad allí. Estos días finales los vive con tranquilidad: “Llevamos mucho tiempo esperando este momento y ya lo tengo interiorizado”. Cuando piensa en lo que significa el Mercat de Montserrat, lo resume en una palabra: “barrio”.

Entrada al Mercat de Montserrat en Nou Barris / JORDI COTRINA / EPC
Agradecidos con la clientela
En los próximos días las persianas del actual Mercat de Montserrat bajarán para siempre. Poco después volverán a levantarse a unos metros de distancia en un edificio completamente nuevo. Para muchos comerciantes, sin embargo, lo esencial también se traslada. Después de 28 años vendiendo bacalao, Isaac Rodríguez tiene claro a quién debe todos estos años. “No le doy las gracias al edificio, se las doy a la gente que ha venido a comprar durante este tiempo. Gracias a ellos hemos podido salir adelante”.
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