Hasta el 31 de mayo
Una orquídea de Darwin, algo increíble en Barcelona, y las cattleyas de Proust toman el Hivernacle de la Ciutadella
El decano de los museos de Barcelona renace con 'La invención del tiempo', una expo que encandilaría a H.G. Wells

Visitantes de la expo fotografían ejemplares de 'Nepenthes', una de las variedades de flores carnívoras que estudió Darwin. / JORDI OTIX

Hay quien va al museo Mauritshuis de La Haya solo para contemplar ‘La joven de la perla’, de Vermeer, y al Hivernacle de la Ciutadella no sería nada extraño que de aquí al 31 de mayo se vaya para admirar un magnífico ejemplar de ‘Angraecum sesquipedale’, la orquídea de Charles Darwin, una flor de la que quizá no haya otra en toda Barcelona y en muchos kilómetros a la redonda. Tras publicar ‘El origen de las especies’, Darwin dedicó todas sus fuerzas a la botánica, convencido de que las mismas reglas que la selección natural eran aplicables al reino vegetal. Comenzó con las orquídeas y sus tretas sexuales. En 1862, el horticultor James Bateman le envió varios ejemplares de esa rarísima flor, extraña porque el néctar con el que tentaba a los polinizadores estaba escondido al fondo de un espolón de más de medio palmo. Predijo la existencia en las selvas de Madagascar, hábitat de aquella orquídea, de un insecto con una trompa de equivalentes proporciones. En 1903, cuando aquel gran naturalista hacía 13 años que criaba malvas, fue descubierto. Era una mariposa nocturna. Y no fue fotografiada y filmada en plena libación hasta principios del presente siglo.
‘’Darwin botánico’ es la tercera expo que de forma simultánea tiene en la agenda de actividades el Museu de Ciències Naturals de Barcelona. En su sede central, en el Fòrum, va como un cohete ‘Animales invisibles’, de Jordi Serrallonga, y en el Centre Martorell d’Exposicions, justo al lado del Hivernacle, es una visita muy recomendable ‘La invención del tiempo’, comisariada por Ricard Solé. La terna, lo dicho, la completa esa profunda investigación que Darwin hizo sobre las flores, para sentar las bases, si es que fuera necesario, que no eran una creación divina imperturbable al paso de los milenos, una obra divina para goce de los himanos. “Las flores no son bellas para nosotros, sino que son atractivas para los insectos y para algunos pequeños pájaros”, explica Martí Domínguez, padre de esta pequeña pero fantástica exposición.

La orquídea de Darwin, tan extraña que el naturalista predijo la existencia de un insecto entones jamás visto. / JORDI OTIX
Tan extraordinaria es la presencia de una ‘Angraecum sesquipedale’ en flor el Hivernacle que a su lado se exhibe una réplica de mentira de esa especie. Fue solo en el último instante que el museo dio con una disponible en Italia y, en una gran decisión, decidió traerla a Barcelona.
En el Mauritshuis de La Haya brilla ‘La joven de la perla’, pero es también el museo de ‘La lección de anatomía’, de Rembrandt, y de otra maravilla de Vermeer, ‘Vista de Delft’, lo que es una forma de decir que en el Hivernacle es posible disfrutar de otras obras de art de la naturaleza que en su día fueron objeto de estudio por parte de Darwin. A solo unos tiestos de distancia de la orquídea de Darwin no dejará jamás de sorprender el aspecto de la ‘Orphys fusca’, una flor ‘lista’ como pocas. Sus pétalos parecen, visto desde según qué ángulo, el abdomen de algunas especies de avispas. No solo eso. Produce una fragancia que atrae a los machos de ese insecto justo cuando los machos de este insecto están en celo. Dominados por su apetito sexual, terminan por copular con la flor. Caen en el engaño y contribuyen así a que no se detenga la rueda de la vida.

Un ejemplar de ‘Orphys fusca’, una orquídea capaz de confundir sexualmente a las avispas. / JORDI OTIX
Con todo, la orquídea que Domínguez ha elegido para que reciba a los visitantes nada más entrar en el invernadero es otra con hábitos menos perversos, pero, desde luego, infinitamente más literaria. Es la catleya, mencionada por Darwin en sus obras botánicas y que tal vez leyó, quién sabe, Marcel Proust antes de escribir ‘En busca del tiempo perdido’. El primer capítulo de aquella obra, ‘Por el camino de Swann’, es siempre citado por los recuerdos que despierta en el protagonista el simple gesto de mojar una magdalena en una taza de té, y eso eclipsa otro momento memorable, el código floral que el personaje principal establece con Odette, que luce junto su escote una cattleya como señal de que le apetece ‘polinizar’. El nombre de la flor termina por ser una manera discreta de mencionar la cópula. Un día, ella se presenta sin flor. “Alors pas de cattleyas ce soir?”, dice Swann. “No, pas de catleyas”, responde ella.

Una cattleya, una flor, desde la perspectiva humana, de pétalos muy explícitos / JORDI OTIX
Las orquídeas fueron objeto de apasionado estudio por parte de Darwin porque, a su manera, parecen ser la cima de una rama de la evolución, pero no fueron su único interés. En la exposición, Domínguez ha reservado un notable espacio a distintas variedades de plantas carnívoras, entre otras razones por una de las más interesantes deducciones a las que llegó aquel naturalista. El hecho, por ejemplo, de que las moscas quedaran atrapadas en las sustancias pegajosas de algunas plantas se consideraba hasta entonces una treta de esas especies para que otros insectos no las molestaran, un argumento similar al de los pinchos de algunos arbustos. No se sabe si es cierto, pero se cuenta que Darwin tuvo dos ejemplares de ‘Drosera capillaris’ en la mesa de su estudio. A la primera no le prestó más atención que la simple contemplación. A la segunda, en cambio, le daba cada día migas de sus sándwiches de rosbif. Pronto despuntó en tamaño. Solo entonces comprendió que eran plantas omnívoras, con su propio sistema digestivo, el más espectacular de ellos, probablemente, el de la ‘Nepenthes villosa’, en la que se desaconseja sumergir el dedo en el fondo de sus jarras, porque contienen ácidos que descomponen la materia orgánica.
‘Darwin botánico’ llega al Hivernacle de la Ciutadella a dos semanas del inicio astronómico de la primavera y, como subraya Domínguez, será una exposición ‘work in progress’, porque algunas de las flores se marchitarán, pero otras se abrirán en busca de procrear nueva vida. Las habilidades escaladoras de algunas especies es otro de los motivos de atención de la muestra porque fue otra de las curiosidades de Darwin, y también las ingeniosas maneras en que algunas flores, como las salicarias, tratan de evitar (si así se puede decir) la consanguinidad, no sea que su historia acabe como la Casa de los Habsburgo en España.
Con esta exposición y las otras dos antes citadas en marcha, el Museu de Ciències Natural confirma que está en plena forma. Tiene en obras, además, la reforma de su antigua sede central, el Castell dels Tres Dragons. Cuando finalicen esos trabajos, el Hivernacle parecerá un simple apéndice menor al lado de los otros recintos, pero ‘Darwin botánico’ es la prueba del nueve de que el tamaño no importa.
- El juez ordena a la Guardia Civil que localice al cantante Francisco por un pleito por impago de la pensión a su hija
- La Organización Marítima Internacional avisa a EEUU que un bloqueo del estrecho de Ormuz va contra la ley internacional
- Avance quirúrgico: el Hospital de Bellvitge realiza dos doble 'by-pass' para extirpar dos cánceres de páncreas inoperables
- Una mujer de 80 años con escoliosis severa se recupera tras una intervención pionera en Barcelona: 'A los pocos días ya andaba
- Tania García, educadora, sobre las consecuencias de dormir con tus hijos: 'El cerebro infantil obtiene todo lo que necesita”
- El último truco de las estafas telefónicas: “Me ha faltado al respeto, el departamento de penalizaciones le multará con 185 euros
- Sonia Pernas, oncóloga: 'En cáncer de mama precoz muchas pacientes siempre sienten la espada de Damocles
- La Seguridad Social activa una ayuda de hasta 733 euros al mes para jóvenes que viven con sus padres