Reunidos en París
Barcelona, Kioto y Florencia piden a la UNESCO salvar sus mercados históricos del turismo masivo
La Boqueria, San Lorenzo y Nishiki han solicitado formalmente ser reconocidos como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad
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Ambiente en La Boqueria. / Ferran Nadeu / EPC

La masificación turística y la pérdida de identidad local no es un problema exclusivo de Barcelona. Este viernes, la capital catalana, Florencia (Italia) y Kioto (Japón) se han unido para dar el último paso para proteger una pequeña parte de sus ciudades, pero no por ello menos esencial: los mercados históricos. Concretamente, los responsables de La Boqueria, el Mercado Central de San Lorenzo en Florencia y el Mercado de Nishiki han solicitado formalmente, en la sede de las Naciones Unidas en París, ser reconocidos como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, con el objetivo de preservar su carácter y garantizar su continuidad.
Estos tres mercados comparten enemigo: suelen estar abarrotados de turistas y corren el riesgo de que los comercios se dejen llevar por la corriente, ofreciendo más productos pensados para visitantes que para los vecinos, hasta convertirse en un parque temático sin alma. Para luchar contra ello, han impulsado una iniciativa mundial destinada a proteger el valor inmaterial de los mercados históricos, a la que esperan que se sumen más establecimientos similares de otros países.
Los responsables de los tres mercados —el presidente de La Boqueria, Jordi Mas; el presidente del Mercado Central de Kioto, Akira Shimizu; y el presidente del Consorcio Storico Mercato Centrale de Florencia, Massimo Manetti— han sido recibidos en París por la secretaria del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, Fumiko Ohinata, en una reunión que representa el último paso antes de que la UNESCO decida, un proceso que aún podría tardar un par de años.

Los responsables de la Boqueria (Barcelona), el mercado de San Lorenzo (Florencia) y el mercado de Nishiki (Kioto) en la sede de la UNESCO. / MERCADO DE LA BOQUERIA / Europa Press
"Tenemos el mismo desafío"
“No estamos hablando de proteger solo el edificio. Queremos asegurar la preservación de los mercados como lugares históricos, un valor inmaterial que hay que garantizar”, ha aseverado Jordi Mas, presidente de La Boqueria, quien ha acudido a París junto a la Comisionada de Promoción Económica del Ayuntamiento de Barcelona, Nadia Quevedo. La delegación se ha reunido también con el embajador de España en la UNESCO, Miquel Iceta. En su caso, la intención es que la Boquería conserve sus paradas "de toda la vida", con oferta de productos típicos catalanes, y que este espacio siga cumpliendo su función social para los vecinos del barrio.
Por su parte, Massimo Manetti ha subrayado que “a pesar de las diferencias geográficas y culturales, el desafío que tenemos es el mismo: defender la historia y la tradición que se transmiten de generación en generación”. En este sentido, el italiano ha insistido en que "protegerlos de la despersonalización y la pérdida de autenticidad significa proteger la historia viva de nuestras ciudades".
Desde Asia ha viajado expresamente el responsable del Mercado de Nishiki (Kioto, Japón), lugar también conocido como la "Cocina de Kioto" y con más de 400 años de historia. Este mercado ha estado siendo objeto de críticas por las aglomeraciones que se forman, con numerosos turistas que entorpecen el paso de los locales comiendo mientras pasean, una situación que sus compañeros catalanes e italianos conocen bien. "Al registrar el mercado como patrimonio cultural inmaterial, esperamos que los clientes tomen mayor conciencia del problema y mejoren sus modales", ha explicado uno de los responsables de este equipamiento al periódico japonés Sankei Shimbun.

Imagen de archivo del mercado de Nishiki (Kioto) / Jordi Juste
Control de productos y nueva entrada trasera en La Boqueria
Por su parte, el año pasado La Boqueria dio otro paso para evitar convertirse en una simple atracción turística ignorada por los barceloneses, con el anuncio de una normativa que obligará a que la mitad de la oferta sea de productos tradicionales. Es decir, alimentos frescos, charcutería, pescadería, panadería y restauración, como en cualquier mercado común. La medida busca limitar los productos elaborados, que suelen consumir los visitantes que están de paso.

Paradas locales de productos frescos en la Boqueria / MANU MITRU / EPC
Con el mismo objetivo, anunciaron a la vez que este verano comenzará una gran reforma que incluye la renovación de su fachada trasera. O sea, la que da a la plaza de la Gardunya y no a La Rambla. Esa entrada se quiere convertir en la nueva puerta habitual para los vecinos del Raval que acuden al mercado, en un nuevo intento de que la ciudadanía vuelva a sentir La Boqueria como propia.
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