Proyecto arquitectónico a debate
La baronesa Thyssen, abierta a cambios para que su museo en Barcelona pueda "amoldarse a la ciudad" y abrir "cuanto antes" en 2028
La baronesa se ofrece al gobierno de Jaume Collboni y a la oposición para atender sugerencias y que “aconsejen y den su parecer” sobre la reforma del cine Comèdia
Baronesa Thyssen: 'Me gustaría tener liquidez para coleccionar más arte'

El futuro Museo Carmen Thyssen de Barcelona vive días cruciales. La transformación del Palau Marcet del paseo de Gràcia, que albergó el cine Comèdia hasta hace dos años, en la sede expositiva de la colección de la baronesa Thyssen ha generado un notable debate en la ciudad. Los técnicos del Ayuntamiento de Barcelona examinan el proyecto arquitectónico entregado por los despachos OUA y Casper Mueller Kneer a principios de febrero y dialogan con ellos para elaborar una propuesta depurada capaz de lograr suficientes votos en el plenario para su aprobación definitiva.
Los promotores del museo, el fondo Stoneweg y la propia Tita Cervera, confían que el diálogo en marcha dará frutos en un mes aproximadamente. Difícilmente podían resolverse todos los flecos antes del pleno de febrero, que se celebra este viernes, por lo que trabajan con la hipótesis que gobierno y oposición podrían dar luz verde a la ampliación de la finca en la sesión del 27 de marzo. En este clima, Carmen Thyssen maximiza la prudencia y subraya la mano tendida a la ciudad.
“Todavía estamos perfilando el proyecto [arquitectónico], aún no está del todo acabado y creo que lo haremos cada vez mejor”, señala a EL PERIÓDICO. “Quiero que se amolde a la ciudad y al entorno”, asevera Cervera. “Soy la primera que creo que debemos respetar la ciudad, la belleza que tenemos en Barcelona. Igual que yo soy de la ciudad y también quiero que se me respete. Tenemos que ser consecuentes”, deja caer, en referencia a su infancia en la capital catalana.
Stoneweg mantiene al corriente de cada novedad a la baronesa, que se desplaza regularmente de Andorra a Barcelona para verse en persona con sus socios. En julio trascendió un esbozo muy preliminar, en el que se veían dos grandes volúmenes cúbicos encima del edificio histórico. Esta llamativa remonta levantó duras críticas. Finalmente, el proyecto formal entregado al consistorio prevé crecer en altura con un añadido más estilizado y retirado de la línea de fachada.

La proyecto para el museo Thyssen de Barcelona, con la volumetría añadida fuera de la línea de la fachada. / OUA / Casper Mueller Kneer Architects
La baronesa admite sin rodeos que el consistorio recibió la propuesta de ampliación con “un poco de reticencia”, una distancia que convierte rápidamente en oportunidad de mejora. “Agradezco al Ayuntamiento de Barcelona que aconseje, como debe ser, para que todos estemos muy felices con el proyecto cuando ya esté definido del todo”, valora. Es más, está abierta a escuchar también a la oposición y “la ciudad” para pulir el plan.
La aprobación requiere de cierta diplomacia política y de contactos discretos. La minoría del gobierno del PSC en el pleno obliga a que más apoyen el trámite urbanístico. En verano, Junts, PP y Vox ya facilitaron un primer beneplácito a la reforma del inmueble, imprescindible para que tenga suficientes metros cuadrados para albergar un museo competitivo. Bcomú y ERC se posicionaron en contra.
“Espero que el gobierno y la oposición comprendan que esto es bueno para todos, que es un bien para Barcelona salir al mundo a través del arte, como ha hecho históricamente Catalunya”, expresa la coleccionista. Responde que “casi todos” los partidos municipales se han interesado por el proyecto y, en aras de allanar el camino, se ofrece a atender personalmente sus sugerencias: “Estoy encantada de que muestren interés, que nos aconsejen y nos den su parecer... ¡Incluso me pueden mandar a mí notas escritas de lo que les gustaría! De verdad, estoy abierta a todo”.
La bendición municipal abriría la siguiente etapa, la de las obras. El museo pondría rumbo a la inauguración, que actualmente está prevista para el segundo semestre de 2028. Preguntada por alguna festividad o fecha simbólica con la que le gustaría que coincidiera el estreno, Cervera deja caer que nació un día de Sant Jordi y que le encanta la diada del libro, pero es muy clara sobre su prioridad: apertura “cuanto antes” y con una puesta en escena muy ambiciosa. Desea un desembarco potente en la escena cultural catalana y, de hecho, el equipo promotor ya ha empezado a debatir esta semana cómo lograr una buena primera impresión.
La memoria del Comèdia
En cambio, ven poco margen para integrar en el museo la memoria cinematográfica del edificio, muy maltrecho por dentro. Aunque la baronesa subraya que había ido al Comèdia “de pequeña a ver películas”, zanja que esta etapa terminó: “El cine ya vivió su época, se conservarán la fachada y las cubiertas, pero mantener el interior sería un atraso porque en este espacio se podrán exhibir muchas más cosas”.
Bromea que se podría “mirar un cuadro sentado en una butaca de recuerdo” del antiguo cine, pero avisa que “es complicado” que acabe sucediendo. Sin determinar su destino, los promotores han conservado los asientos que tunearon jóvenes creadores en noviembre. Y subrayan que, en cualquier caso, al futuro museo no le faltará una gran platea, porque contará con un auditorio para 450 personas y una programación de actos propia.
Restaurante y tienda
Finalmente, Cervera avanza que le hace “ilusión” que su centro expositivo en Barcelona tenga “una buena tienda-librería, con libros de arte buenos” y que los barceloneses puedan decir “Voy al Thyssen a comprar un libro que no encuentro en otros sitios”. Stoneweg le ha prometido volcarse en ello para que sea “espectacularmente atractiva”.
En paralelo, buscarán un formato de consenso para el restaurante que completa el museo. Rodeado de estrellas Michelin y tiendas de alta costura, parecería llamado a alinearse con el lujo del paseo de Gràcia. Sin embargo, Tita Cervera quiere que sea “compatible” con la filosofía de un equipamiento centrado en acercar al gran público los mejores pintores catalanes. “Tiene que ser un museo muy amable y, por lo tanto, el restaurante también debe ser accesible a todo el público”, recalca.
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