Un giro de 90 grados
Un excepcional hallazgo del pavimento fundacional de Barcino redibuja el mapa de la Barcelona romana
Las obras de la Rambla dejan al descubierto un tramo de casi 50 metros de la muralla medieval del siglo XIV
Un templo girado, uno o dos acueductos... cambios y debates sobre la Barcelona antigua

Ferran Nadeu

Es uno de los hallazgos arqueológicos más emocionantes de las últimas décadas en Barcelona, primero porque ha salido a la luz una parte del primer pavimento de la Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, la ciudad que fundó el primer emperador romano, Augusto, durante su reinado. Son 42 metros cuadrados de grandes losas características de las grandes obras públicas con las que Roma edificó su dominio del mundo mediterráneo. Son 41 metros cuadrados del fórum primigenio de Barcino, algo así como una imagen real y palpable del mismísimo instante del parto de aquella colonia amurallada que, por sus características, entonces era inimaginable que algún día pudiera destronar a Tarraco. Pero el descubrimiento, en el subsuelo del (ya es casualidad) Gran Hotel Barcino de la calle Jaume I, es, además de emocionante, revolucionario, porque confirma que todos los mapas de cómo se supone que era aquella urbe hace 2.000 años están equivocados.
El fórum, epicentro de la vida cívica de toda ciudad romana, no era en Barcino una gran plaza orientada de norte a sur, siguiendo la línea del ‘cardo’, nombre de una de las dos calles principales según el diccionario urbanístico en latín’, sino que hay que imaginarlo ahora, visto lo visto, de este a oeste, en sentido del ‘decumanus’, la otra vía que definía toda gran villa. En resumen, todos los planos que hasta la fecha han servido pare recapitular la historia romana de Barcelona están mal. Hay que girar 90 grados el fórum en todas y cada una de esas recreaciones de libros, guías y postales. Esta relevante noticia arqueológica tiene algo de las peripecias de aquel cuadro de Piet Mondrian que durante 75 años, primero en Nueva York, después en Düsseldorf, estuvo colgado boca abajo y que cuando se descubrió el error se desdeñó darle la vuelta para no dañarlo. La gran diferencia en este caso es que algunos indicios de que la ciudad intramuros de Barcino era distinta a lo que oficialmente se sostenía habían sido puestos sobre la mesa como mínimo en tres ocasiones.
La primera vez fue hace más de 400 años. Lo sugirió el historiador y cronista local Jeroni Pujades en 1595. La calle Pujades lleva ese nombre en su honor, pero su tesis fue desestimada. En 1954, una autoridad intachable en la materia, Agustí Duran Sanpere, también redibujó la orientación del fórum en vertical a partir del lugar en el que habían sido hallados una cuarentena de restos arqueológicos. No le cuadraba con lo establecido. De nuevo, la teoría fue desdeñada.
En 2014, los profesores Héctor Orengo y Ada Cortés publicaron un pormenorizado estudio en el Oxford Journal of Archaeology para replantear de nuevo la cuestión y, no solo eso, el Museu d’Història de Barcelona (Muhba) prestó su sala de conferencias para que expusieran sus argumentos. El entonces director, Joan Roca, aceptó que no había una tesis oficial con cimientos inamovibles, pero el debate no fue de entrada mucho más allá. Orengo y Cortés sostenían que la orientación horizontal del fórum se basaba en unos erróneos estudios realizados en 1835 por Antoni Celles que fueron dados por buenos en su día por Josep Puig i Cadafalch, a quien nadie, en la cima de su prestigio, se atrevía a toserle sus posicionamientos políticos, artísticos y, en este caso, arqueológicos

El pavimento fundacional de Barcelona sale a luz en las obras de un hotel / FERRAN NADEU
¿Qué ha sucedido con posterioridad a ese 2014 para dar un giro tan radical? Pues que la cadena hotelera Gargallo Hotels solicitó permiso hace tres años para instalar un nuevo ascensor en la parte posterior del Gran Hotel Barcino, a la altura del número 3 de la calle Hércules. En situaciones como esta, el protocolo del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat establece que un equipo de arqueólogos debe supervisar los trabajos, sobre todo en un área tan sensible como esta. Fue así como, de forma algo inesperada, los especialistas se encontraron cara a cara con el pavimento fundacional de Barcino, losas de metro y medio de largo y 118 centímetros de anchura talladas con piedra de las canteras de Montjuïc. No había precedentes de un hallazgo de estas características. Lo que iba a ser una excavación de apenas seis metros cuadrados de superficie pasó a ser, con la inestimable colaboración del grupo hotelero, que reconsideró totalmente el proyecto, un trabajo de exploración sobre unos 60 metros cuadrados. Y así, durante tres años ha sido posible documentar el paso del tiempo en ese espacio, nada menos que 20 siglos de capas históricas. En época tardorromana y visigoda fue aquel un espacio al aire libre, quizá un mercado semanal o un establo. No fue hasta el siglo XIV que se edificó sobre aquel pavimento, a la par que se construía la iglesia de Sant Just i Pastor. Fue el hogar de la familia Recasens durante décadas y, después, de la familia Llaudé. Al siglo XX llegó como convento, hasta que el grupo hotelero lo adquirió para uno más de sus alojamientos. La sensibilidad que han mostrado con este hallazgo es digna de elogio, aunque también es cierto que eleva el valor del establecimiento. A partir de ahora, los clientes desayunarán sobre un excepcional espacio.
Durante los trabajos, por ejemplo, se han recuperado más de 50 fragmentos de mármoles de importación, de Carrara, Anatolia y Egipto, pruebas inequívocas de que aquel lugar formaba parte de un conjunto monumental levantado con materiales suntuosos. También, además de cimientos de hormigón romano (uno de los grandes hallazgos de ingeniería de aquella civilización), se han descubierto dos pozos de 2,6 metros de profundidad conectados por un sifón que regulaba el paso del agua y evitaba que esta se estancara. Y el conjunto de monedas recuperadas entre los escombros son muy evocadoras, de tiempos de Luis el Piadoso, de Siracusa, carolingias, andalusís y, tal vez la más interesante de todas, una conmemorativa de la fundación de Constantinopla, del año 330.
¿Y ahora qué? Ahora, lo mejor. El hallazgo arqueológico no ha sido estudiado y vuelto a tapar, como es común en algunas ocasiones, sino que ha sido primorosamente musealizado con cristales protectores y luces adecuadas para que sea visible y, por lo tanto, visitable, una feliz noticia, entre otras razones porque ese testigo palpable del foro fundacional de Barcino invita ahora a reconsiderar la orientación de otros restos arqueológicos, como las cuatro columnas del templo de Augusto que se conservan en la calle Paradís.
Como en Roma, donde parte del Coliseum fue empleado como cantera para literalmente edificar el cristianismo, el pavimento fundacional de Barcino fue poco a poco desarmado para dar forma a la ciudad primera ciudad medieval de Barcelona. Por eso el descubrimiento de la calle de Hércules es doblemente notable.
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