Patrimonio histórico
El emblemático Pont del Diable estrena su restauración después de casi 15 años del inicio de su degradación
La mítica pasarela entre el Vallés Occidental y el Baix Llobregat recupera su integridad tras once meses de intervención en su estructura bimilenaria
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La restauración del emblemático Pont del Diable que conecta Martorell y Castellbisbal ya es una realidad. Después de casi 15 años desde que saltaran las alarmas por los primeros desprendimientos de piedras, este domingo 22 de febrero la Diputación de Barcelona (DIBA) inaugura la puesta a punto definitiva del arco romano más icónico entre el Baix Llobregat y el Vallès Occidental. El acto prevé la presencia de la presidenta de la DIBA, Lluïsa Moret, y el gerente del servicio de Patrimonio Arquitectónico de la administración, Joan Closa. La obra para renovar el puente ha tenido un coste de 412.369,51 euros, a cargo del presupuesto de la DIBA.
El proceso que este domingo culmina con la placa inaugural de la restauración ha supuesto un estudio de varios años, tratándose de un monumento que ostenta el máximo nivel de protección patrimonial como Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN). La fase de diagnóstico, iniciada en 2013, representó lo que el proyecto técnico califica como un "gran reto" para el conjunto de la intervención, especialmente en lo relativo a la fijación de las piedras del hormigón romano. Durante años, el Servicio de Patrimonio Arquitectónico Local (SPAL) de la DIBA sometió al arco a una batería de pruebas de alta precisión: levantamientos con láser-escáner, estudios de estabilidad estructural, prospecciones con georadar e inspecciones mediante termografía infrarroja para localizar humedades y vacíos internos invisibles al ojo humano.
Situado en un punto estratégico donde la Vía Augusta cubre el río Llobregat, el Pont del Diable es un testigo de la historia de Catalunya. Construido entre los años 16 y 8 a.C., sus piedras llevan la marca de las legiones IV Macedónica, VI Víctrix y X Gémina. Sin embargo, el paso de los siglos y la agresividad de los fenómenos atmosféricos habían dejado el núcleo del arco, que está hecho de hormigón romano, al descubierto, provocando una degradación continua por arenización y pérdida de material.
Una intervención "más allá de la superficie"
La ejecución de las obras arrancaron el 3 de febrero de 2025 y se han prolongado durante once meses. El principal desafío técnico consistió en la fijación de las piedras del relleno romano que amenazaban con desprenderse. Para ello, se diseñó un mortero de cal específico, compatible con los materiales originales, que actúa como una nueva capa protectora sin alterar la imagen histórica del monumento.
Pero según la DIBA la intervención "fue más allá de la superficie". En las zonas del corazón del arco, donde las fracturas eran más severas, se emplearon barras de fibra de carbono para coser las grietas, inyectando posteriormente mortero fluido de cal para rellenar las cavidades internas. "Un patrón reticulado de perforaciones permitió inyectar este material en el corazón del arco, mejorando su capacidad estructural", explica el proyecto técnico de la DIBA.
En el interior del arco y en las bases de las columnas, los especialistas de la empresa Cyrespa Arquitectónico S.L. llevaron a cabo una meticulosa reintegración de las piedras. Se recuperaron piezas de calcarenita bioclástica y bloques de piedra roja (Buntsandstein), procedentes de las mismas canteras romanas que abastecieron a los ingenieros de Augusto hace dos mil años.
Uno de los aspectos más delicados de la restauración, según el informe, fue el tratamiento estético final. Para evitar que el arco pareciera "nuevo" y respetando su carácter de BCIN, aplicaron una veladura transparente con pigmentos minerales de óxidos de hierro. Esta técnica permite unificar el color de las zonas restauradas con el tono original de la piedra, manteniendo la "memoria histórica" de las texturas.
Finalmente, para atajar el problema de las filtraciones de agua, se ha instalado una cubierta de plancha de cobre en el corazón del arco. Esta protección, diseñada con cuatro vertientes y una gárgola para la evacuación pluvial, adquirirá con el tiempo una capa natural de oxidación que la hará casi imperceptible, garantizando que el interior del arco permanezca seco. Con la retirada de los andamios y la limpieza del entorno, el arco romano del Pont del Diable vuelve a alzarse sobre el congosto de Martorell.
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