Entrevista
Custodia Moreno: "Aquel glorioso movimiento vecinal de Barcelona ha muerto"
Emblema de la lucha vecinal en el Carmel, la expresidenta de la asociación de vecinos llama a invertir en política social para integrar a la inmigración actual y combatir así las tesis de la extrema derecha
Custodia Moreno, pregonera de La Mercè: "Se olvidaron de nosotros hasta que empezamos a gritar"
Custodia Moreno: "Estudiaba por las noches, con una vela"

Custodia Moreno, el pasado jueves, cerca del local Raimon Casellas y junto a las viviendas que se levantaron donde estaban las barracas en las que vivieron ella y sus vecinos. / Zowy Voeten / EPC

Usted ha contado la escena muchas veces, pero seguro que muchos no saben cómo dejó Granada con cuatro años, con su familia, para venir a Barcelona en el tren, en el ‘Sevillano’, que iba de Andalucía a Catalunya. Fue en 1947.
Recuerdo a mi padre y mi hermano colocando los bártulos y mi madre yo en la plataforma que hay dentro del tren. Yo estoy acurrucada sobre mi madre. Nos despedíamos de mi familia, de mi tía, que murió hace dos años con 102. Al final vivía aquí conmigo.
Recibió la medalla de Oro de la ciudad en el 2009 y fue pregonera en 2021. ¿Y si alguien le hubiera dicho en aquel tren que ahora se publicaría un libro sobre su vida? ‘Custodia Moreno. Una vida de lluita al Carmel’ (Jaume Carbonell, hacer Editorial) se publicó en enero.
No me lo hubiera podido imaginar. Pero, y lo digo con toda la humildad, a medida que me hice mayor vi que tenía unas características un tanto especiales, un gen un poco raro. En el colegio ya era protagonista. A las monjas las llevaba de locura, cada día hacía una trastada diferente. Siempre he conectado mucho con la gente y tengo ese espíritu de servicio.
Usted fue la primera de su familia que estudió, salió adelante, pero la llegada no presagiaba éxito alguno.
Nos encontramos con un fraude, una estafa. Nos alquilaron un piso en Gràcia, en Torrent de l’Olla, pero al llegar resultó que lo teníamos que compartir con tres familias más. Era un piso de cuatro habitaciones y te alquilaban una habitación con derecho a cocinar. Amigos que ya estaban aquí nos buscaron otro lugar, y entonces llegó otro chasco, cuando mis padres vieron que era una zona de barracas. Entonces habría unas 20 o 30 barracas. En la primera vivíamos con otras 12 personas. No estuvimos mucho. Como había terreno, llegaron a ser 110 barracas, mis padres compraron una. ¿Quién lo vendía? Gente que no era propietaria del terreno ni nada, que actuaban como su fueran los dueños.

Moreno, este jueves. / Zowy Voeten / EPC
Si damos un salto de 80 años, hoy en día en Barcelona inmigrantes extranjeros se agolpan en habitaciones alquiladas y muchos son estafados o pagan miles de euros por entrar en un piso ocupado. ¿La miseria siempre se parece?
Eso es lo triste, ¿no? Al final de mi vida, me muero de pena, o me voy a morir de pena, de ver cómo la historia se repite, parece mentira. La gente se mueve por pura necesidad, huyendo de la guerra o huyendo de la miseria de su país.
"Se necesita inversión para la inmigración que llega a unos barrios en los que todavía no se han solucionado los problemas de la primera inmigración, como el Carmel"
Ahora habrá una regularización de extranjeros en España.
Bueno, hasta ahora todas las regularizaciones que he visto no llegan a lo que creo que deberían ser. Sí quiero decir algo: si queremos integrar a la gente que llega tiene que haber más inversión en política social. Es algo a lo que no damos la importancia que tiene, la izquierda debería dedicarse a esto para que no se pueda caer en el discurso fácil de la ultraderecha, el discurso de que los que vienen nos quitan lo nuestro. En Pedralbes no tienen ese problema. Se necesita inversión para la inmigración que llega a unos barrios en los que todavía no se han solucionado los problemas de la primera inmigración, como el Carmel, donde hay gente viviendo en sótanos, que tendrían que dedicarse a plantar champiñones, y no a ser utilizados como vivienda. Esos sótanos se están llenando con la gente que viene. Y me encuentro a gente que estaba en las manifestaciones pidiendo nuestros derechos y me dicen las mismas tonterías que decían de nosotros. Si quieres integrar a la gente de verdad, tienes que tener una sensibilidad social y poner más recursos. La gente de Vox se pone al lado de las escaleras mecánicas cuando se estropean a hacer su discurso. No puedes dejar que esas escaleras estén estropeadas dos meses.
"La gente de Vox se pone a hacer su discurso al lado de las escaleras mecánicas cuando se estropean. No puedes dejar que esas escaleras estén estropeadas dos meses"
Volvamos al tren que la trajo a Barcelona. ¿Hemos romantizado mucho esas llegadas? ¿Cómo les recibió la gente?
Había ese discurso parecido al de ahora, el de que veníamos a comernos el pan de los catalanes. Mi madre se puso a hacer faenas en casas, y le pagaban la hora a 2,50 pesetas. Las catalanas cobraban a tres pesetas. Pagaban menos a las de Murcia y ahora pagan menos a la peruana o la boliviana de turno: les pagan a siete euros la hora cuando antes pagaban 15 euros. Se repite la situación.
¿Lo que ha cambiado es cómo se organizaba aquella inmigración y cómo se organiza la de ahora?
Se juntan por comunidades. Aunque nosotros también nos juntábamos un poco: los de Granada, los de Jaén.
¿Sin ustedes, el movimiento vecinal barcelonés no hubiera existido?
Supongo que hubiera existido, porque los que vinimos tuvimos la suerte de coincidir con personas de partidos antifranquistas en la clandestinidad, que tuvieron mucha influencia en la lucha de los barrios.
"Mi madre se puso a hacer faenas en casas, y le pagaban la hora a 2,50 pesetas. Las catalanas cobraban a tres pesetas. Pagaban menos a las de Murcia y ahora pagan menos a la peruana o la boliviana"
¿Ahí se unieron activistas inmigrantes y catalanes que ya vivían aquí?
Estábamos mezclados. Recuerdo que había tantas siglas de partidos, LCR, Bandera Roja, que yo decía ‘viva el abecedario’ cuando empezábamos las asambleas. Pero claro que hubo diferencias, tópicos que sufríamos. Nosotros éramos barraquistas: cuando se buscaron terrenos para acogernos no pudimos ir a algunos porque no nos querían. La gente de la Vall d’Hebron no querían barraquistas del Carmel.
Y los barraquistas acabaron viviendo en edificios en la misma zona donde vivían.
Nosotros, 161 familias, conseguimos pisos aquí (Moreno se explica en el local social Raimon Casellas, a unos metros de dónde vivía en una barraca con sus padres y su hermano) y el resto se fueron a dos promociones en La Guineueta.
Usted, vecina de Can Baró, es conocida como líder vecinal del Carmel.
Porque nosotros éramos conscientes de que esto era Can Baró, pero en lo relativo a lucha hablamos del Carmel porque allí creamos la primera asociación de vecinos.
De la que usted fue presidenta. La Asociación de Vecinos del Carmel ha cerrado.
Sí, yo la he cerrado, con la ayuda de la FAVB.
¿Ha muerto el movimiento vecinal?
Sí, el de antes. El de ahora es otra cosa. Posiblemente, los de los años gloriosos del movimiento asociativo no hemos sido capaces de seguir integrando a la gente joven, a las nuevas formas de movilización. Aquel glorioso movimiento vecinal ha muerto. Es verdad que ahora la gente tiene otros medios de defenderse. Antes la asociación necesitaba un abogado, un arquitecto. Ahora la gente se busca el abogado. Al principio venía la gente a la asociación hasta a ver la tele, cuando los vecinos no tenían. En parte es progreso. Sigo siendo muy optimista.
"Es verdad que ahora la gente tiene otros medios de de defenderse. Al principio venía la gente a la asociación hasta a ver la tele, cuando los vecinos no tenían. En parte es progreso. Sigo siendo muy optimista"
¿La nueva inmigración no va a las asociaciones de vecinos?
No. Vienen con tanta necesidad vital que no están para estas cosas. Y si encima las asociaciones no hemos sabido llegar a la gente.
¿Hay una Custodia Moreno boliviana o ecuatoriana o de Bangladesh que vive hoy en Barcelona y que está empezando a estudiar de noche como puede, como cursaba usted Enfermería?
Claro. Familias enteras que viven en habitaciones. Posiblemente tiene luz eléctrica, ahora la tienes aunque sea cogiéndola de dónde sea. Y lógicamente, todo el mundo quiere mejorar. En mi caso, mi familia tenía claro que yo tenía los mismos derechos que la gente que ya podía estudiar. Yo cobraba 400 pesetas al mes en la Clínica Barraquer y la academia donde hacía el Bachillerato me costaba 425. Mis padres tenían que poner la diferencia.
Usted es ahora un símbolo, y estas memorias se han publicado casi obligándola.
Hacía tiempo que había gente que me decía, cuando yo contaba una historia, por qué no un libro. Para hablar no tengo problema, pero escribir me cuesta más. Al final me animaron. El libro es de Jaume Carbonell, y es bastante coral. Me hizo ilusión que sea recoja un poco la historia de todas estas luchas vecinales en el Carmel. Tenemos muchos documentos que estamos agrupando en el Fons Documental del Carmel.
¿Cómo organizamos a los vecinos que ahora viven en el Carmel?
Si no es uniéndonos se nos van a comer a todos en todos los niveles. Hay que buscar fórmulas para eso, y en cada época es distinta. Antes se llamaba con megáfono, ahora se hace por WhatsApp.
Carbonell empieza el libro explicando que cuando la conoció en la Asociación de Vecinos del Carmel, usted le cayó muy mal. En parte, por ser usted religiosa cuando él, escribe, era un marxista “demasiado dogmático”.
Sí, eso es buenísimo.
"Mis alcaldes favoritos son los que cumplen con la izquierda. Con quienes tuve una relación más personal, más buena, fue con Pasqual Maragall y con Josep Maria Socías. El inicio del proceso de la erradicación del barraquismo viene de la época de Socías"
Lleva usted una cruz. ¿Sigue creyendo en Dios?
Yo creo en la figura de Jesucristo. Todavía rezo. Me levanto siempre de buen humor, aunque paso noches terribles porque tengo mucho dolor, tengo artrosis degenerativa. Me levanto y me digo: ‘Este dolor lo conozco, este es nuevo’. Pero doy gracias a la vida: tengo luz, agua, cobijo. No todo el mundo lo tiene. Y mando mis mejores energías a toda la ciudad.
¿Cree en la vida después de la muerte?
No me hago ese interrogante.
¿Cree en el Ayuntamiento de Barcelona?
Creo, como organización, que tiene que ser necesaria. En los que están en ella, en función de lo que hacen.

Moreno muestra una foto en la que aparece Maragall en una comida. A la derecha, donde ella señala, Manolo Vital, activista vecinal que participó en la lucha por la llegada del autobús a Torre Baró, plasmada en la película 'El 47'. / Zowy Voeten / EPC
Empezó su lucha vecinal con Porcioles como alcalde. Después han venido muchos más. ¿Quiénes han sido sus alcaldes favoritos?
Mis alcaldes favoritos son los que cumplen con la izquierda. Tuve una relación más personal, más buena, con Pasqual Maragall. Y también buenísima con Socías [Josep Maria Socías Humbert, alcalde del tardofranquismo, de 1976 a 1979]. El inicio del proceso de la erradicación del barraquismo viene de la época de Socías.
¿Y con el actual, Jaume Collboni?
Tengo buena relación con él. Todos, también Xavier Trias, han tenido mucha consideración conmigo. He tenido el teléfono de todos para poder llamarlos.
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