Impacto de las obras
Cara y cruz en la Rambla de Barcelona: cierre provisional del histórico restaurante Amaya y estreno en el antiguo Casa Joan
La reforma del paseo sigue afectando a la actividad económica, tanto por la menor afluencia como por la suspensión temporal de tramos de terrazas
Mireia Torralba, del histórico restaurante Amaya de la Rambla: “No queremos cerrar, pero nos están ahogando”
La resistencia de la Rambla: pocos restaurantes y bares históricos resisten a la presión turística

El nuevo 700 milles, en el espacio que ocupó el histórico Casa Joan, en el 12 de la Rambla. / A.M.

Las obras que mantienen patas arriba sucesivamente distintos tramos de la Rambla desde el pasado mandato y que se mantendrán al menos un año más, se han convertido en una prueba de resistencia para sus comercios. Los afectados han lamentado importantes pérdidas económicas, que han llegado a suponer algunas clausuras. Uno de los más relevantes ha sido el del histórico restaurante Amaya, que aunque es un cierre provisional, no tiene asegurada la reapertura. Pese a la coyuntura, todavía hay empresarios que apuestan por debutar en estos momentos, como es el caso del nuevo 700 Milles, que ocupa el espacio que dejó el bar Casa Joan, todo un clásico de la zona y que había permanecido cerrado los últimos años, en el número 12.
El recién abierto negocio, tras una profunda reforma que recupera su arquitectura y saca partido a sus muros de ladrillo y arcadas, añadiendo mobiliario contemporáneo, se inspira en la cocina marinera y catalana, con el reto de atraer de nuevo al vial a los barceloneses con buen paladar. El espacio, con licencia de restaurante y cuyas obras finalizaron a finales del año pasado, según detalla el distrito de Ciutat Vella, empezó a funcionar hace un mes, aunque todavía está ajustando su programación y tiene la web en construcción. Una parte del inmueble se podría destinar en breve a un uso complementario.

Una de las salas del nuevo restaurante 700 Milles, en la Rambla. / A.M.
Ha devuelto la vida a un tramo de Rambla muy afectado por la ampliación de las aceras y la retirada provisional de terrazas, aunque en este emplazamiento en pocos meses las recuperarán. El local parecía gafado desde su cierre como Casa Joan en 2016, cuando los alquileres disparados impidieron la continuidad del negocio. Salió al mercado inmobiliari en un momento en que las rentas de los restaurantes disponibles ya se firmaban por hasta 40.000 euros mensuales. Finalmente, fue recuperado como Casa Lola por el grupo Costa Este, con un enfoque comercial más destinado al viajero. Pero su vida fue corta, y la pandemia no ayudó, de modo que permanació cerrado unos pocos años.
Ahora, tras ser adquirido el local por un empresario de Girona, que ha realizado una inversión millonaria, se vislumbra como un nuevo reclamo. Una buena noticia que aplauden tanto la entidad Amics de la Rambla como el Gremi de Restauració de Barcelona, que está batallando para que las condiciones de las terrazas del eje sean lo mejor posible para los operadores, tras su redistribución.
Futuro incierto
Por contra, el futuro de un histórico fundado en 1941, Casa Amaya, sigue en el aire. Tras anunciar en este diario que la caída de la facturación les llevaba a plantearse un traspaso, la familia propietaria decidió bajar la persiana provisionalmente el pasado 1 de enero. El establecimiento está en proceso de ERTO desde entonces, esperando que pase el punto álgido de obras.
La empresaria Mireia Torralba explica a EL PERIÓDICO que habían pasado largos meses "muy duros" por las obras que complicaban el acceso a los negocios. La situación era "insoportable" financieramente, y el panorama a corto plazo empeoraba, dado que su tramo de Rambla se quedará sin terraza a finales de esta primavera por las afectaciones del tramo central. Y para los empresarios los veladores son un pulmón económico. El establecimiento resistió la Navidad gracias a la clientela barcelonesa, aunque esta también se redujo por los problemas de movilidad para llegar en taxi o coche que tienen los comensales de mayor edad.

Mireia Torralba, propietaria del restaurante Amaya de la Rambla, cerrado desde principios de año, en una imagen del pasado octubre.e 84 años. AUTOR: JORDI OTIX / Jordi Otix / EPC
Torralba señala que están "aguantando la respiraración" y "cuando se pueda volver" a trabajar decidirán su futuro. Una de las opciones es que la saga familiar --que suma tres generaciones y es propietaria del local con un socio-- regrese con sus fogones de siempre, añadiendo calidad autóctona a la controvertida oferta actual. Pero tampoco descartan un traspaso. Recientemente han recibido algunas propuestas por parte de empresarios extranjeros, en la línea de los que están tomando otros negocios del vial, a golpe de talonario.
De momento, el tramo superior de la Rambla está sufriendo menos la pérdida de afluencia, porque desde la plaza Catalunya aún hay muchos visitantes que se adentran a pasear, aunque ahora pocos avanzan hasta el final, hartos de sortear vallas y ruidos.
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