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Trampa para viajeros

Cómo detectar un parking ilegal en el aeropuerto de Barcelona: cuatro señales de alerta

La empresa legal Aparca&Go denuncia que los aparcamientos fantasma "dañan la imagen del sector" y da consejos para evitar la estafa

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Un aparcacoches espera a que lo venga a recoger un compañero después de entregar el coche gris a unos clientes en la T2 del aeropuerto de Barcelona-El Prat.

Un aparcacoches espera a que lo venga a recoger un compañero después de entregar el coche gris a unos clientes en la T2 del aeropuerto de Barcelona-El Prat. / Ferran Nadeu / EPC

Gisela Macedo

Gisela Macedo

El Prat de Llobregat
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Durante años, quienes querían llegar en su propio coche al aeropuerto de Barcelona-El Prat solo tenían una opción: el aparcamiento oficial de Aena. Esta situación cambió hace 16 años, con la llegada del primer servicio de 'park & go', un modelo en el que una empresa se encarga de estacionar el vehículo del cliente, custodiarlo durante el viaje y trasladarlo hasta la terminal. Con ello se rompió el monopolio del parking “oficial”, cuyos precios resultaban inaccesibles para muchos usuarios.

El éxito del sistema, sin embargo, ha propiciado la proliferación de marcas irregulares que operan sin disponer siquiera de un aparcamiento real. Estas compañías se anuncian en internet con tarifas muy bajas —desde cinco euros al día—, precios que solo pueden ofrecer porque los coches no se guardan en instalaciones vigiladas: quedan estacionados en la vía pública, sin control ni personal de seguridad, pese a lo que prometen inicialmente. En algunos casos, apuntan los Mossos d'Esquadra a EL PERIÓDICO, los vehículos se devuelven con más kilómetros, suciedad o desperfectos de los que nadie se hace responsable, ya que hay falsas empresas que no cuentan con seguros.

A ello se suma que, en operativos conjuntos de Mossos d'Esquadra, Inspecció de Treball y Policía Nacional, se ha detectado que los trabajadores de aparcamientos fantasma que realizan los traslados se encuentran en condiciones de explotación laboral, y algunos ni siquiera disponen de carné de conducir ni están dados de alta en la Seguridad Social. Todo ello explica los bajos precios y genera, además, una clara desigualdad para las compañías que sí operan de forma legal.

"Dañan mucho la imagen del sector"

“Estas prácticas dañan mucho la imagen del sector y suponen una competencia desleal”, lamentan portavoces de Aparca&Go, la primera empresa de este tipo que abrió en el entorno de El Prat, en una entrevista con este diario. “Muchas ni siquiera son una sociedad, ni alquilan espacios, ni aseguran a sus empleados, ni cuentan con pólizas para cubrir daños en los vehículos. Por eso pueden ofrecer estos precios”, revelan.

Instalaciones de la empresa aparc&go en las inmediaciones del aeropuerto de El Prat. El sector reclama mayor control ante la proliferación de parkings ilegales en la zona.

Instalaciones de la empresa Aparca&Go, que opera legalmente en el entorno del aeropuerto. / Ferran Nadeu / EPC

La empresa, que sí dispone de aparcamientos propios, cerrados y vigilados, así como de una flota de minibuses con conductores con licencia, asegura que mueve más de 150.000 vehículos al año. “Tenemos recursos para asumir responsabilidades si ocurre algún incidente”, añaden.

Instalaciones de la empresa aparc&go en las inmediaciones del aeropuerto de El Prat. El sector reclama mayor control ante la proliferación de parkings ilegales en la zona.

Instalaciones de la empresa Aparca&Go, que opera legalmente. / Ferran Nadeu / EPC

Plataformas y aerolíneas, una pasarela al fraude

Una parte del problema se encuentra en las plataformas agregadoras de parkings: webs de reservas que agrupan diferentes ofertas y permiten comparar precios. Muchas de ellas, no obstante, han estado permitiendo la publicación de anuncios sin comprobar si las empresas cumplían requisitos mínimos, como disponer de un espacio físico real donde estacionar los coches. Además, según ha podido constatar este diario, incluso algunas aerolíneas 'low cost' llegan a comercializar servicios de 'park & go' subcontratados a precios igual de bajos que los ofrecidos por empresas pirata, bajo una apariencia de legalidad.

Se trata de una dinámica muy similar al descontrol que acompañó la globalización del alquiler de apartamentos turísticos, con plataformas donde se colgaron miles y miles de anuncios de pisos sin licencia. Las posteriores normativas en Barcelona, Catalunya y ahora también en España han obligado a las intermediarias a peinar su oferta y despublicar en caso de sospecha de fraude.

Cuatro claves para detectar piratas

Dada esta situación, diferenciar entre servicios legales e irregulares en el entorno del aeropuerto de El Prat no es sencillo. Aparca&Go facilita a EL PERIÓDICO cuatro recomendaciones básicas para evitar fraudes:

La empresa no debería aparecer únicamente en plataformas agregadoras. Es importante que cuente con una web propia y que en ella figuren claramente sus datos fiscales: NIF, nombre de la sociedad y un teléfono de contacto real.

Deben facilitar la ubicación concreta de sus instalaciones. Si evitan dar una dirección o solo ofrecen referencias vagas como “cerca del aeropuerto”, es una señal de alarma. La ubicación debería poder comprobarse, por ejemplo, con la función 'Street View' de Google Maps.

Este diario pudo comprobar este punto tras contactar con una empresa sospechosa: al pedirles la dirección de su supuesto parking —que en su web aseguraban que era “cubierto y vigilado 24 horas”— se mostraron reacios a facilitarla y, tras varios minutos, se limitaron a indicar que estaba “en el polígono Mas Blau”. Además, pedían “hacer primero la reserva” para dar más detalles. Toda una 'red flag'.

Instalaciones de la empresa aparc&go en las inmediaciones del aeropuerto de El Prat. El sector reclama mayor control ante la proliferación de parkings ilegales en la zona.

Instalaciones de la empresa Aparca&Go, que opera legalment. / Ferran Nadeu / EPC

Gestionar un servicio de 'park & go' implica numerosos costes: instalaciones, personal, seguros y traslados. Por eso, ofertas extremadamente baratas difícilmente serán viables sin incumplir la normativa.

“En nuestro caso, las tarifas varían según la temporada, pero el precio diario parte de unos 14 euros si el cliente deja el coche en nuestras instalaciones y utiliza el autobús lanzadera. El servicio ‘premium’, con recogida y entrega en la terminal, cuesta 29,95 euros el primer día”, explican desde Aparca&Go. “Si alguien ofrece ese mismo servicio por mucho menos, no encaja con los costes reales: o no es legal, o el coche termina aparcado en la calle”.

La paradoja es que este servicio sin traslados, que para las empresas legales es un extra, suele ser la única opción que ofrecen muchas plataformas ilegales. Al no disponer de un parking propio, solo pueden operar como “aparcacoches”: el cliente deja el vehículo en la terminal y un trabajador se lo lleva a un supuesto aparcamiento. En otros casos, quedan con el cliente en un lugar público, como un centro comercial.

Antes de reservar, conviene también buscar reseñas en internet, fuera de sus propias páginas, y comprobar qué dicen otros clientes sobre esa empresa: si han tenido problemas, si les devolvieron el coche con desperfectos o si la empresa respondió y se hizo cargo de las incidencias.

Instalaciones de la empresa aparc&go en las inmediaciones del aeropuerto de El Prat. El sector reclama mayor control ante la proliferación de parkings ilegales en la zona.

Instalaciones de la empresa Aparca&Go, que opera legalmente. / Ferran Nadeu / EPC

Llamamiento a más control

Desde Aparca&Go reclaman un refuerzo de las inspecciones policiales. “Hay decenas de falsas empresas operando ilegalmente, sobretodo en temporada alta. Necesitamos más controles”, señalan. También piden que Aena exija documentación a las compañías que trabajan en sus instalaciones y que las plataformas de reservas y aerolíneas verifiquen que sus colaboradores cumplen la normativa.

De hecho, recuerdan que, hasta hace un año, colaboraban con una conocida aerolínea 'low cost' que ofrecía sus servicios, pero que para ello no les exigió ninguna acreditación. “No nos pidieron ningún documento ni comprobaron que tuviéramos un espacio físico. Da la sensación de que no hay control”, cuentan.

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