Prueba piloto
Barcelona compra 1.000 pulseras contra golpes de calor para los trabajadores de Parcs i Jardins
El ayuntamiento licita el contrato para suministrar este verano los dispositivos que medirán la temperatura corporal de forma individual y alertarán si hay casos de riesgo
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Una trabajadora de Parcs i Jardins regando a pleno sol. / EPC

El verano pasado no fue precisamente fácil para el Ayuntamiento de Barcelona. La ciudad vivió en junio la peor ola de calor registrada hasta la fecha, especialmente dura para quienes trabajan a pie de calle. Una trabajadora de las brigadas de limpieza municipal murió en su casa tras una jornada laboral en Ciutat Vella que alcanzó los 35,8 grados centígrados. Aunque oficialmente se descartara que la causa única fuera un golpe de calor, el caso ha marcado un punto de inflexión. Con las temperaturas al alza y sin previsión de un verano más benigno, el ayuntamiento ha decidido curarse en salud y probar nuevas medidas para proteger a los trabajadores más expuestos. La última: la compra de pulseras para prevenir golpes de calor para los trabajadores de Parcs i Jardins.
El plan del ayuntamiento pasa por adquirir 1.000 de estos dispositivos para repartirlos antes de verano en una prueba piloto. Pero, ¿cómo funcionarán exactamente? A falta de conocer el modelo y sus características técnicas, la licitación detalla que las pulseras medirán de forma individual la temperatura corporal “profunda” de los trabajadores. Es decir, “no es un indicador de temperatura ambiente, sino de la tendencia de las constantes de la persona”, precisan fuentes municipales.
El pliego técnico, consultado por EL PERIÓDICO, insiste en que la medición debe ser independiente de la temperatura exterior y de posibles fuentes de calor radiante que puedan afectar al dispositivo de forma accidental, como la exposición directa al sol u otras fuentes térmicas. En otras palabras, la pulsera no debe confundirse por el calor ambiental, sino centrarse exclusivamente en lo que le ocurre al cuerpo del trabajador.
Se activará una alarma
Así pues, estos dispositivos medirán de forma continuada la temperatura corporal profunda de cada trabajador y activarán una alarma cuando detecten una elevación que pueda comportar riesgo de golpe de calor. El aviso se emitirá con antelación suficiente y será individual, adaptado a cada persona usuaria.

Trabajador de Parcs i Jardins. / RICARD CUGAT / EPC
El sistema combinará alertas visuales, acústicas y por vibración para garantizar que el trabajador perciba el aviso. Además, la pulsera seguirá monitorizando la temperatura una vez activada la alarma y avisará cuando los valores vuelvan a la normalidad. Según el pliego técnico, el dispositivo deberá calibrarse a diario en función de cada usuario e incorporará un indicador que avise cuando la batería esté a punto de agotarse.
Con todo, el ayuntamiento es consciente de que esta herramienta no es la panacea. La propia licitación subraya que la respuesta del organismo ante las altas temperaturas “es diferente en función de variables personales como pueden ser: el estado de la salud en general, la hidratación, el descanso o la acumulación de calor fuera de la jornada laboral”. Es por eso que las pulseras se plantean de momento como una prueba piloto y como un complemento de otras medidas preventivas vigentes.
Medidas ya existentes
A raíz del caso de la trabajadora fallecida tras su jornada laboral, la actuación del ayuntamiento ante los episodios de calor extremo quedó en el punto de mira. El consistorio defendió entonces que ya contaba con protocolos específicos para minimizar los riesgos derivados de las altas temperaturas entre los trabajadores municipales.
Parcs i Jardins asegura que existen procedimientos de trabajo adaptados a situaciones de calor intenso, que incluyen pausas adicionales dentro de cada hora de jornada, un refuerzo en el suministro de agua y la limitación de tareas cuando las condiciones térmicas son más adversas. También se prioriza la realización de los trabajos más exigentes a primera hora del día y, en algunos equipos, se instalan toldos para garantizar zonas de sombra y una mejor ventilación.
El protocolo contempla, además, mensajes continuados de refuerzo sobre protección e hidratación y un procedimiento de actuación inmediata en caso de que un trabajador presente síntomas compatibles con un golpe de calor, con atención directa por parte del servicio de salud. A estas medidas organizativas se suma el vestuario. Los trabajadores disponen de ropa de verano con tejidos que favorecen la transpiración, así como gorras refrigerantes, botellas térmicas de agua, sombreros y crema solar.
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