Entrevista al presidente de Barcelona Comerç
Pròsper Puig: "La capitalidad del comercio de Barcelona traerá este 2026 tres actos centrales y actividades en todo el territorio"
Entidades y administraciones preparan una primera acción relevante coincidiendo con el Día de Europa y del Comercio de Proximidad, el 9 de mayo
Barcelona, elegida primera Capital Europea del Comercio de Proximidad
Barcelona arropa a los comerciantes que han logrado la capital europea del comercio local 2026

Pròsper Puig, presidente de Barcelona Comerç en el barrio de Sant Andreu. / Zowy Voeten / EPC

Barcelona fue escogida la primera Capital Europea del Comercio de Proximidad el pasado miércoles en Bruselas, lo que sitúa en el punto de mira al comercio barcelonés, sus valores, retos y promoción todo este 2026. La UE financiará con tres millones de euros el programa, que en la ciudad tendrá más de un centenar de actividades e iniciativas, un sueño cumplido para la asociación Barcelona Comerç. La entidad aglutina a 24 ejes comerciales de barrio y ya en 2018 fue instigadora de la capitalidad --a través del entonces vicepresidente de la entidad, Lluís Llanas-- y de la candidatura. El proyecto maduró progresivamente tras la pandemia, con el apoyo de las administraciones y el resto de patronales. Su presidente desde hace tres años, Pròsper Puig, avanza a EL PERIÓDICO las claves de la nueva aventura.
¿Qué supondrá la capitalidad del comercio para Barcelona en 2026?
Para la ciudad debe significar, sobre todo, una oportunidad para actualizar y enriquecer la mirada sobre qué es el comercio de proximidad hoy. No es solo un reconocimiento simbólico, sino la posibilidad de incorporar conocimiento, compartir experiencias y poner en valor buenas prácticas, compartirlas con otras ciudades europeas e incorporar las que ya funcionen en otros lugares. También para evaluar con rigor el estado del comercio local en el contexto actual, con los cambios de hábitos de compra y tendencias, de cara a identificar cuáles son los pasos necesarios para que sea viable y relevante en el futuro.
¿El pequeño comercio se verá beneficiado?
El objetivo debe ser que sí. Las entidades comerciales, y especialmente una organización como Barcelona Comerç, que agrupa una tipología muy determinada de comercio urbano, trabajamos siempre con una idea central: hacer el comercio sostenible. Y la primera clave es la sostenibilidad económica, porque al final somos empresas. Por tanto, cualquier iniciativa vinculada a la capitalidad debe ir acompañada de un impacto real sobre la actividad: dinamización, visibilidad, capacidad de atraer demanda y condiciones para que los negocios puedan trabajar mejor. Si la capitalidad sirve para activar medidas y acciones con este enfoque, el beneficio puede ser tangible.
En los próximos años veremos una cierta concentración de la oferta comercial en BCN y la entrada de nuevos formatos que competirán por espacio y demanda.
Y a nivel ciudadano, ¿la capitalidad será un atractivo para el comprador local?
Para los barceloneses el comercio de proximidad es claramente un elemento de calidad de vida. Es el comercio que encuentra junto a la puerta de casa, en los barrios, y que contribuye a 'hacer ciudad'. Aporta servicios, seguridad, relación y actividad en las calles. En este sentido, ponerlo en valor también es reforzar el vínculo entre ciudadanía y comercio. Pero el cliente principal es el vecino, por eso es tan importante la renta disponible de las familias en cada territorio. El comercio de proximidad se mantiene cuando el barrio puede sostenerlo.
¿Y para el turismo?
Barcelona tiene una realidad dual, hay zonas con comercio orientado al visitante y otras zonas donde el comercio vive sobre todo de los vecinos del barrio. La capitalidad puede ayudar a explicar mejor esta realidad y a situar el comercio de proximidad como un activo urbano. Pero el mensaje principal es que no se puede entender el comercio sin la complicidad del comprador, y eso incluye la dimensión social del comercio, no solo la económica.
La idea de crear esta capitalidad y de que Barcelona se postulase como candidata surgió ya hace unos años de Barcelona Comerç. ¿Cómo se gestó?
La idea cogió forma en plena pandemia, cuando se hizo evidente hasta qué punto el comercio de proximidad es también un servicio y, además, esencial en situaciones críticas. No solo por la economía, sino por el acompañamiento y su capacidad para contribuir a una continuidad de la vida cotidiana, incluso cuando todo se detiene. A partir de ahí, consideramos que hacía falta un reconocimiento institucional a escala europea y empezamos a trabajar la propuesta con la Oficina del Parlamento Europeo en Barcelona. Con el tiempo, la iniciativa creció, primero, con la creación de la capitalidad como concepto, y ahora con Barcelona como primera ciudad designada.

Pròsper Puig, presidente de Barcelona Comerç, el pasado viernes. / Zowy Voeten / EPC
Ha sido clave el compromiso de todas las patronales e instituciones.
Sí, el proceso también evolucionó en el liderazgo. Inicialmente podía plantearse como una prueba piloto impulsada desde una entidad, pero finalmente se optó por un marco con unas bases más institucionales y el liderazgo de la Administración. En este punto, se han incorporado todas las Administraciones y entidades comerciales, y el Ayuntamiento asume la coordinación. La idea importante es que la capitalidad debe ser del conjunto del comercio, no de un subsector concreto.
El programa anual estará liderado por el ayuntamiento, pero ustedes han colaborado en el guion. ¿Qué propuestas serán las primeras en verse y las más destacadas?
Ahora mismo se está trabajando todavía en la definición de la agenda. Lo que sí parece claro es que habrá muchas actividades repartidas por el territorio y, a la vez, tres actos centrales de ciudad que ayuden a concentrar visibilidad y mensaje. Se está preparando una acción relevante coincidiendo con el Día de Europa y del Comercio de Proximidad (9 de mayo), y también para la inauguración y la clausura, pero aún están pendientes de concreción. Y a partir de ahí, las entidades contribuiremos a llenar el año de actividades en las zonas que representamos.
Aún vivimos lo que yo llamo una 'pandemia económica'. Muchos negocios aún están pagando créditos que fueron imprescindibles para subsistir tras el confinamiento
El comercio local supo recuperarse rápido de la pandemia, pero sigue teniendo que luchar frente al auge del e-commerce. ¿En qué momento vital está el sector en la ciudad?
Es cierto que demostró una gran capacidad de recuperación, pero hoy vivimos lo que yo llamo una 'pandemia económica': muchos negocios todavía arrastran consecuencias financieras de los años anteriores. Hay comercios que apenas han terminado, o están terminando, de pagar créditos que fueron imprescindibles para subsistir. Y en algunos casos se añade la complejidad de reclamaciones sobre ayudas o subvenciones, hecho que tensiona aún más la tesorería. Sobre el e-commerce, hace años parecía que debía desplazar al comercio físico, pero la realidad ha demostrado que el comercio es resiliente. Hemos superado otras oleadas, como la de las grandes superficies, y ahora conviviremos con un modelo en el que la compra online y el servicio a domicilio tienen peso. Aun así, hay un factor que sigue siendo clave: para mucha gente, comprar es también un acto social y lúdico, y la presencialidad, el consejo y la relación humana con el comerciante forman parte del valor diferencial.
¿Los ejes de barrio que ustedes abanderan tienen en la concentración su mejor arma? ¿Puede sobrevivir el comercio de calles secundarias o menos transitadas?
Los ejes comerciales son fuertes porque suman dos elementos clave: continuidad comercial y diversidad de oferta. Eso genera atractivo y facilita el tránsito de personas, que es un factor esencial para la viabilidad de muchos negocios. En cambio, en calles secundarias o con poco flujo es mucho más difícil. Un establecimiento puede tener un producto excelente o un servicio muy bueno, pero si está aislado y sin tránsito, la subsistencia se complica. Probablemente en los próximos años veremos una cierta concentración de la oferta y también la entrada de nuevos formatos que competirán por espacio y por demanda. Esto obliga a pensar políticas urbanas y comerciales con criterio de ciudad y de barrio.
Muchas capitales ven cerrar comercios históricos. ¿Comparte Barcelona el mismo diagnóstico que otras ciudades grandes de España y Europa?
Evidentemente compartimos problemáticas comunes: digitalización, costes, transformación de hábitos, presión sobre el espacio urbano. Pero Barcelona tiene una especificidad importante: el modelo catalán de comercio, y especialmente el barcelonés, que mantiene todavía una presencia muy distribuidas las tiendas y servicios en toda la ciudad, con calidad de producto y creando comunidad. Esa es una diferencia relevante respecto a otras urbes que han ido quedándose con comercio concentrado casi solo en el centro. Aquí todavía hay comercio en cada barrio y en muchos rincones.
¿Hacen falta más ayudas para mantener a flote el comercio autóctono frente a la globalización urbana?
Sí, hacen falta más ayudas y, sobre todo, una mirada más transversal. Somos un sector muy sensible a los cambios sociales y a los cambios urbanos. En los últimos años se han acumulado dificultades y también barreras de acceso a los comercios: movilidad, obras, distribución urbana, regulaciones y más. Si queremos comercio de proximidad, debemos facilitar que la gente pueda llegar a él de una manera fácil y amable. Por ello, la capitalidad no debe hablar solo de comercio, sino también de movilidad, urbanismo y sostenibilidad. El comercio no es solo una actividad económica; genera externalidades positivas y también tensiones que deben gestionarse. Si aspiramos a la 'ciudad de los 15 minutos', implica acuerdos de convivencia y corresponsabilidad entre administración, sector y ciudadanía.
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