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El pionero

Cuando los conductores de diligencias eran sospechosos de sabotear las obras del tren Barcelona-Mataró

Miquel Biada, promotor del tren Mataró-Barcelona, murió meses antes de su inauguración, enfermo tras vigilar las obras durante noches gélidas para evitar boicots

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Efigie de Mique Badia, en una imagen de archivo.

Efigie de Mique Badia, en una imagen de archivo. / El Periódico

Toni Sust

Toni Sust

Barcelona
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Catalunya ha cerrado una semana negra, otra, en el frente ferroviario. Rodalies ha indignado un poco más, y parecía que el enfado no podía crecer, a sus usuarios y a los que no lo son. Porque la afectación ha tenido tintes de colapso, cuando normalmente se traduce en retrasos, tan cotidianos que ya casi no son noticia, pese a que influyan tanto en el día a día: no es ya que la gente llegue tarde al trabajo, es que muchos candidatos a empleos que confiesan que irán a trabajar en tren son descartados por el empleador.

Todas estas cábalas no tienen, probablemente, consuelo posible, pero cabe recordar que incluso en sus primeros pasos, el tren ya fue en parte motivo de disputa, tensión y lamentos en Catalunya, por lo menos para algunas personas. De no estar muerto hace ya 178 años, podría atestiguarlo Miquel Biada, promotor de la primera línea ferroviaria de la península, Barcelona-Mataró, inaugurada en 1848. Un hombre que tuvo que luchar contra la falta de inversores, contra el desinterés de algunos y contra el sabotaje de otros. Y que murió, en parte, por culpa del tren que logró que funcionara. Pero eso fue al final de su historia.

Mataró-Venezuela-Cuba

Biada nació en Mataró en 1789 y, tras vivir los estragos de las tropas francesas en su ciudad en el contexto de la ‘Guerra del Francès’, emigró a Venezuela, donde en 1810 ya comerciaba y donde más tarde combatió al servicio del Ejército español en la guerra de la independencia del país americano, del que tuvo que irse, arruinado, tras confirmarse la secesión. De nuevo en la capital del Maresme, volvió a dirigirse a América, esta vez a Cuba, ya casado y con hijos, y allí, ahora sí, se hizo rico y asistió, el 19 de noviembre de 1837, al viaje inaugural de la primera línea ferroviaria española, que empezó a funcionar en la entonces isla española, con un trayecto de La Habana-Güines.

Dicen que viendo ese tren, que nació de la necesidad de transportar la caña de azúcar por terrenos que se tornaban impracticables para otros vehículos cuando llovía, el hombre proclamó que conseguiría que uno igual funcionara en su Mataró natal.

La inversión y los amigos

Biada volvió a Catalunya en 1840 y quiso embarcar a amigos con posibles en la aventura ferroviaria. Al parecer, estos se mostraron entusiastas al principio y temerosos más tarde, y algunos retiraron las cantidades prometidas, lo que hizo que la obra se salvará por la inversión de capital inglés, lograda mediante la intercesión de Josep Maria Roca, otro conocido del indiano.

MATARO, MARESME, 17/7/98.-PRESENTACION DE UN CAPGROS DE MIQUEL BIADA, EN MATARO. FOTO: XAVIER SABORIDO. NEG. 185818

'Capgrós' en honor a Biada, en 1998. / El Periódico

Con todo, Biada logró que su proyecto soñado se convirtiera en realidad. Para ello tuvo que invertir gran parte de su propia fortuna y su salud. Y, cosas que pasan, no llegó a ver cómo ‘su’ tren soñado funcionaba. Murió el 2 de abril de 1848, con 58 años. El primer tren de la península hizo su primer recorrido saliendo de la capital catalana hacia Mataró seis meses después, el 28 de octubre.

Saboteadores

Durante la crisis de esta semana en Rodalies, se llegó a apuntar un posible sabotaje que no se ha demostrado. Algo muy distinto a lo que pasó en la línea Barcelona-Mataró, donde claramente tuvo lugar. Los sabotajes de las obras de la línea ferroviaria pionera se achacaron a distintos intereses y colectivos. Entre otros, fueron señalados como potenciales responsables los conductores de las diligencias que conectaban el Maresme con Barcelona, que se entiende que pudieron ver amenazado su trabajo. Pero es un extremo que no fue probado.

Lo que sí es seguro es que esos sabotajes contribuyeron a acercar al cementerio a Biada. Al parecer, el hombre quiso participar personalmente de la vigilancia de las obras, y lo hizo durante noches gélidas que le llevaron a resfriarse, a enfermar, o a agravar dolencias que ya tenía. Murió de neumonía.

El instituto y el esclavismo

El de Biada es un nombre que sigue presente en Mataró. Dio nombre a un instituto y tiene una estatua en el municipio. Y no ha pagado con un castigo a su memoria el hecho de que fuera un defensor del esclavismo, si bien no se ha comprobado que él ganará dinero en el negocio de la compra-venta de personas, como algunos catalanes ilustres.

El tren por el que tanto luchó llevó a que creciera la población en localidades del Maresme y a que se incrementara la comunicación entre territorios, además de la obvia mejora en el transporte de mercancías. Las diligencias sobrevivieron todavía unos años, y en la década de los años 60 del siglo XIX quedaron relegadas a caminos secundarios, según recuerda un texto del Museu del Ferrocarril. Pero eso es algo que Biada, como a su propio tren, no alcanzó a ver en vida.