Cierre por un año
El plan para transformar La Mina hasta 2030 comienza con la reforma del reivindicativo casal del barrio
La remodelación integral del equipamiento, una conquista social para el vecindario en los años 80, abre el plan de rehabilitaciones que Illa prometió para la zona y obliga a trasladar las actividades para menores y familias tras una emotiva despedida
La Generalitat promete invertir más de 100 millones en La Mina para desencallar cambios pendientes

El equipo de la asociación Casal Infantil La Mina recogiendo las últimas pertenencias antes del cierre del equipamiento, en Sant Adrià de Besòs. / Manu Mitru / EPC

El barrio de La Mina, en Sant Adrià de Besòs, encara el inicio de la primera de las reformas del paquete de más de 100 millones de euros de inversión que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, prometió hace tres meses para el estigmatizado vecindario situado a las puertas de Barcelona. La hoja de ruta se basa ante todo en la construcción de pisos y equipamientos, también en la puesta al día de algunas dependencias existentes. Como ya ocurriera a principios de siglo, las administraciones fían a un programa fundamentalmente de obras el éxito o el fracaso de la enésima tentativa para dar un viraje al lugar, que alberga algunas de las calles más pobres el área metropolitana. En un contexto entre la expectativa y el escepticismo, este viernes cierra el Casal Cívico de La Mina, fruto de las luchas vecinales de los años 80 y el primero de los edificios en someterse a las remodelaciones que el Govern anuncia hasta 2030.
Si bien se ha incorporado al plan quinquenal, la rehabilitación del Casal está anunciada y pendiente desde 2022. Su historia va ligada a la persistente reivindicación por la dignidad del barrio, levantado en el tardofranquismo con grandes carencias y con el propósito de arrinconar a familias procedentes de los poblados de barracas y solicitantes de vivienda. “Uno de los primeros movimientos vecinales del barrio fue una acampada para reclamar servicios de calidad y dignos para la infancia y la juventud: de ahí se consiguió el compromiso de construir el Casal, por eso la gente se lo siente muy suyo, como algo muy ganado”, ilustra Jacob Muñoz, miembro de la asociación Casal Infantil La Mina, nacida en 1978, en los primeros años del polígono de viviendas.

Educadoras de la asociación Casal Infantil La Mina, con las paredes del edificio repletas de mensajes escritos antes de comenzar la reforma. / Manu Mitru / EPC
Tras varias semanas de preparativos y una sentida celebración de despedida, los responsables de la asociación son los últimos en abandonar el edificio. A falta de una fecha concreta de inicio, estará en torno a un año en obras. El techo se sustituirá para ganar altura y hacer habitable la segunda planta, ahora inoperativa por escasa altura y carente de ventilación y climatización. Se prevé que, de ese modo, la superficie construida del equipamiento se incremente en unos 650 metros cuadrados, con los que se ampliarán estancias y se creará una sala de actos, entre otros. Aparte, se montarán placas fotovoltaicas en la nueva cubierta y deben resolverse las insuficiencias que causan exceso de calor en verano, un sistema eléctrico y de calefacción deficitarios, malos olores, una sonoridad defectuosa y problemas de accesibilidad, por lo que se instalará un ascensor. La puesta al día se financia con fondos Next Generation y la Generalitat pagará 2,9 millones de euros.

Recreación del aspecto del Casal Cívico y Comunitario de La Mina tras la reforma. / CEDIDA
Actividades realojadas
Durante la reforma, el Casal Infantil emplazará sus actividades de ocio y educativas en otras ubicaciones. “Mantenemos todos nuestros proyectos, aún estamos haciendo búsqueda de recursos municipales para encajar a los dos grupos, atendemos a 50 menores de forma simultánea”, concreta Muñoz.
La asociación es parte sustancial del tejido que alivia los apuros de las familias y educa a las criaturas del barrio. En los últimos días, sus educadores se han arremangado para empaquetar y cargar material. Afirman que no han recibido ayuda de la Generalitat, que es titular del edificio del Casal, y que la entidad ha tenido que costear un trastero con fondos propios. “Nos dijeron que después de Navidad ya no podríamos entrar, sin darnos tiempo a avisar a las familias, y nos negamos”, asegura Muñoz. “Al final, hubo entendimiento por el valor simbólico y la importancia emocional que tiene la mudanza del edificio”, recalca.

Unos carteles en una ventana del Casal Cívico de La Mina, con el bloque de la calle Mart al fondo, en Sant Adrià de Besòs. / Manu Mitru / EPC
Tras cuatro décadas de servicio, la clausura temporal del equipamiento ha estado impregnada de emotividad entre los hogares que cuentan con varias generaciones que se lo han hecho suyo. Antes de que empiece una remodelación que se augura integral, mayores y pequeños han plasmado sus recuerdos y sentimientos en puertas y paredes. “Hay un padre que ha escrito que fue uno de los niños del primer grupo cuando el Casal se fundó y ahora tiene a su hija en el primer curso”, destaca Muñoz.
El trasfondo de Venus
De algún modo, los mensajes manuscritos en los muros son un desquite por que no se haya convocado un proceso participativo para consensuar el diseño del futuro inmueble. La asociación considera que los espacios que se ganarán no han tenido en cuenta las necesidades de la población. “No se ha sabido cómo recoger la voz de una comunidad cansada de promesas”, lamenta.

Una pegatina de La Mina en la puerta de una sala del Casal Cívico y Comunitario, en Sant Adrià de Besòs. / Manu Mitru / EPC
La reforma del Casal se encauza al mismo tiempo que, poco a poco, van trasladándose familias que abandonan el degradado bloque de Venus, piedra de toque de los males que requieren solución en La Mina. El primer plan de transformación, aprobado en el 2000, fracasó al encallar el desalojo que debía preceder a la demolición del edificio. El propósito ahora es que se derribe en el 2028, después de que el Consorcio de La Mina (formado por la Generalitat, la Diputación y los ayuntamientos de Barcelona y Sant Adrià) haya antepuesto la compra de pisos de segunda mano a la construcción de viviendas para realojar a los expropiados. El viraje se anunció en público sin una explicación previa a los afectados.
“Los dos primeros pasos del nuevo plan no han ido bien, estamos a tiempo de corregir”, cree Muñoz. Expone que los agentes reunidos en el Proyecto Educativo de Barrio en La Mina reclaman retomar las reuniones en las que entablaron contacto directo con la Generalitat tras unos incidentes ocurridos en 2025. Quieren que la administración haga balance del anterior plan de transformación del barrio, detallar estrategias e indicadores para evaluar la nueva hoja de ruta y que se abra un proceso de participación “con capacidad de incidencia" sobre la renovación que el Govern augura para la zona.
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