Desde 1888
La florista más antigua de la Rambla de Barcelona sobrevivirá a la reforma: conservará su parada y ubicación
‘Flors Carolina’ será el único quiosco que se mantendrá en pie durante las obras del tramo central del paseo
Las floristas de la Rambla de Barcelona celebrarán su último San Valentín en las paradas históricas
Las floristas de la Rambla estrenarán quioscos desmontables en plaza Catalunya después de San Valentín

Carolina Pallés, en el centro, con su hermana en su parada de la Rambla. / Jordi Otix

Desde 1888, las flores de Flors Carolina han formado parte del paisaje y de la memoria de la Rambla de Barcelona. Con más de un siglo de historia, es la parada más antigua del icónico paseo y la única que sobrevivirá a la gran reforma que obligará a las ocho floristas a trasladarse temporalmente a la plaza Catalunya durante las obras del tramo central. Dado lo que representa para los barcelones esta parada regentada por cuatro generaciones de Carolinas, el ayuntamiento ha decidido conservarla para que pueda volver a ocupar su misma ubicación y con la misma estructura cuando las floristas regresen a la Rambla.
A las puertas de la mudanza, prevista por el gobierno de Jaume Collboni para después de San Valentín, la propietaria de la parada, Carolina Pallés, que gestiona el negocio junto a su hermana, ha recibido la buena noticia de que su parada se conservará y que podrán regresar exactamente al mismo lugar cuando finalicen las obras. Antes, eso sí, el ayuntamiento se encargará de restaurarla por los daños ya sufridos -y los que pueda sufrir- durante los trabajos, ya que la estructura no se moverá del sitio mientras duren las obras.
“Mi ilusión era quedarme en mi parada, en el mismo espacio, pero nos decían que formaría parte de la memoria histórica”, explica Carolina a EL PERIÓDICO. Se refiere a que, en algún momento, el consistorio llegó a plantear la posibilidad de conservar la parada como una especie de pieza museística, sin actividad comercial. “Esa idea finalmente se ha descartado y han decidido dejar la parada como está”, celebra la florista.

La parada de Flors Carolina en la Rambla. / Jordi Otix
Reliquias en su interior
Con el optimismo que la caracteriza, Carolina admite que no hubiera tenido problema en irse a otra ubicación. Respetó en todo momento las decisiones municipales y nunca se opuso a ello. “Hay muchos barceloneses que no lo encontraron justo”, asegura. Según explica Carolina, ese malestar ciudadano llegó al alcalde, Jaume Collboni, que acabó revirtiendo la situación y Flors Carolina se queda en su sitio.
Más allá de las flores que puede ver cualquiera que pase por delante, la parada guarda en su interior auténticas reliquias. Las paredes están cubiertas de fotografías que narran su historia: Federico García Lorca, Plácido Domingo, la madre de Carolina junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, o una imagen con el doctor Fleming. “Quien viene aquí, pues también le contamos la historia”, dice.

Carolina en su parada de flores de la Rambla. / Jordi Otix / EPC
Todo ese legado se trasladará a la parada provisional de la plaza de Catalunya, ya que la original deberá someterse a una restauración. Las obras, que avanzan justo detrás de la parada, en el lado del Raval, ya están provocando un notable deterioro. “El mueble ni entra ni sale, el cristal de atrás se ha roto y nos han puesto una madera. En estas condiciones tampoco nos podemos quedar”, sotiene la florista.
En ese sentido, lamenta el impacto que las obras están teniendo en el día a día de las floristas. “La Rambla está quedando bien, pero para nosotros es pesado”. De momento, ante la mudanza, dice que de los cuatro cajones solo han limpiado uno. El trabajo se acumula en el mes que queda por delante antes de San Valentín.
Una historia familiar
La historia de Flors Carolina comienza incluso antes de que existiera la parada. La bisabuela vendía flores de manera ambulante y fue su hija quien, en 1888, levantó el puesto que aún hoy sigue en pie. Cada generación ha vivido una Rambla distinta: la abuela resistió la Guerra Civil, vio marchar a su marido al frente, se quedó viuda y sacó adelante el negocio sola. Más tarde, el matrimonio de su hija con un floricultor permitió que la floristería respirara de nuevo. A los 18 años, la siguiente generación -Carolina Pallés y su hermana- tuvieron que elegir entre estudiar o quedarse en la parada, y decidicieron continuar.
“Todos hemos formado parte del negocio, todo el mundo nos conoce”, resume Carolina. Ahora, sin relevo generacional, el futuro es incierto. Pero pase lo que pase, la historia de Flors Carolina ya es inseparable de la de la Rambla y de la propia Barcelona. “Ha sido todo muy vocacional”, dice. “Nos lo queremos mucho”.
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