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Entrevista

Beatriz Fernández: “5.000 personas no tienen dónde dormir en Barcelona: es un problema de atención social pero también de vivienda”

La directora de Arrels recuerda que 5.000 personas no tienen dónde dormir en Barcelona y que casi 2.000 lo hacen en la calle, un 43% más que en 2023

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Beatriz Fernández, directora de la Fundació Arrels, el miércoles.

Beatriz Fernández, directora de la Fundació Arrels, el miércoles. / Sandra Roman / EPC

Toni Sust

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Barcelona
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Arrels ha afirmado siempre que el sinhogarismo es un problema que puede resolverse. Pero el número de personas que duerme en las calles de Barcelona no para de crecer. En estas últimas semanas han muerto cinco personas sin techo en la ciudad.

Si miramos las cifras, cuando Arrels empezó a contar cuánta gente dormía en la calle, en 2008, eran 658, más los que pernoctaban en dispositivos. Hoy duermen en las calles de Barcelona 1.982 personas, más las que lo hacen en las 2900 plazas de alojamientos públicos o privados disponibles.

5.000 personas no tienen dónde dormir en Barcelona.

Correcto. No es algo que invite al optimismo. No es una alarma nueva, es una tendencia al alza. Sí es cierto que el crecimiento de la cifra, que antes era sostenido, se ha disparado, es muy significativo. De algo más de 1.300 personas en 2023 hemos pasado a 1.984 en dos años.

El incremento se ha atribuido a menudo al efecto llamada, a que gente sin hogar viene a Barcelona porque sabe que contará con una atención que en otros lugares no existe.

Quiero matizar lo del efecto llamada. Es un mantra que se mantiene, que Barcelona atrae a personas sin hogar. Un momento: ¿estamos diciendo que la gente que vive en la calle en otras ciudades viene a Barcelona a vivir en la calle? De entrada es un concepto extraño. La gente viene de otras ciudades a Barcelona a buscarse la vida, no a buscar un comedor social o un albergue. Las grandes ciudades son lugares a los que se viene a buscar una vida mejor. Sí hemos detectado un efecto de derivación: municipios que le dicen a la gente que se vaya a Barcelona.

"Lo del efecto llamada es un mantra que se mantiene. ¿Estamos diciendo que la gente que vive en la calle en otras ciudades viene a Barcelona a vivir en la calle? Sí detectamos un efecto de derivación: municipios que le dicen a la gente que se vaya a Barcelona"

Arrels considera que la crisis del acceso a la vivienda es decisiva para los sinhogar.

La crisis de la vivienda es clave. No solo el acceso a la vivienda, sino mantener la que uno tiene. Alguien que está en habitaciones o espacios temporales, muy precarios, que se han quedado sin ese techo. Pasa en Barcelona y en su entorno.

¿Porqué compiten con gente que venía de situaciones mejores y acaba en habitaciones?

Es uno de los factores. Gente que pagaba un alquiler y no puede afrontarlo y tiene que buscarse la vida. Y al final puede acabar en la calle.

Las administraciones han intentado dar respuesta a esto.

Sí. No se puede negar que Barcelona es el municipio que más invierte. Pero el sinhogarismo se ha enfocado siempre con una respuesta de los servicios sociales, que dan la respuesta que pueden dar: servicios básicos, alimentación. La primera atención, totalmente indispensable, pero los años nos demuestran que así no se rebaja la cifra de atendidos.

¿Y cuál es la conclusión?

La conclusión lógica es que también tiene que intervenir el área de vivienda. Y otra pata: salud. Vemos que la gente de la calle tiene en común no tener un techo, y no todos necesitan la misma respuesta. Hay estudios que dicen que si llevas menos de seis meses en la calle puedes salir adelante con determinadas atenciones, inserción laboral, vivienda. Pero si el problema se cronifica, las respuestas se tienen que adaptar, tanto en servicios sociales como vivienda. Una persona de 30 años que lleva seis meses en la calle y que no tiene problemas relevantes de salud, que ha perdido el trabajo o ha sufrido una ruptura, tiene opciones de salir adelante. Pero para una persona de 50 años que lleva tres en la calle, que sufre una adicción, o que tiene un problema de salud mental, un albergue durante unos meses o un año o dos años, sin una continuación, sin una respuesta posterior, es un parche. Y se ha atendido desde ese parche.

"Una persona de 30 años que lleva seis meses en la calle y sin problemas relevantes de salud, que ha perdido el trabajo o ha sufrido una ruptura, tiene opciones de salir adelante. Pero para una persona de 50 años que lleva tres en la calle, un albergue durante unos meses o un año o dos años sin una respuesta posterior, es un parche"

¿La actitud de la gente hacia los sin techo ha cambiado a peor? La sensación de que todos tenemos problemas y nos cuesta mar pensar en los demás.

Creo que no tiene sentido generalizarlo. Con la pandemia se visibilizó mucho la gente que vive en la calle y eso llevó a una reacción de la ciudadanía, la de preocuparse por esa gente. Así nacieron muchas iniciativas en muchos de barrios de Barcelona que se mantienen. Lo notamos cuando pedimos gente para los recuentos. Para el último necesitábamos a 500 personas, y las logramos en tres días. Tuvimos que cerrar inscripciones. Lo que sí que hemos notado, quizá desde hace un año, es que se acerca el horizonte electoral de 2027, que ha llevado a que tomen fuerzas determinados discursos, en las redes sociales o en redes vecinales, que relacionan la pobreza y el sinhogarismo con la delincuencia, la inseguridad y la extranjería. Es un relato muy presente en las redes sociales.

Barcelona. 21 de enero del 2026. Retratos de Beatriz Fernández, directora de la Fundació Arrels. Fotos de Sandra Roman

Fernández, junto a la Rambla del Raval, cerca de la sede de Arrels. / Sandra Roman / EPC

Otro fenómeno que se ha perpetuado es que mucha gente que vive en la calle renuncia a acudir a algunos dispositivos. ¿Por qué pasa?

Las respuestas que se dan no han tenido hasta ahora en cuenta la necesidad de ver más allá de la emergencia, más allá de una operación Frío, que es algo necesario, pero no suficiente. Si seis meses de albergue son un parche, una operación de invierno no es ni un parche. Estos dispositivos, en Barcelona, se activan a principios de diciembre: se abren 100 plazas rotatorias que se cierran a mediados de marzo. Un espacio de pernocta, no puedes pasar el día allí. Estás un tiempo y dejas la plaza a otra persona. Si yo estuviera en la calle, si me dan 10 días eso que tengo. Pero depende de la situación. Si alguien lleva tres, cuatro o cinco años en un espacio en la ciudad, con sus cuatro cosas, los vecinos y los comerciantes le conocen, si además tienes un problema de salud mental, muy presentes en gente que vive en la calle, adicciones, y te dicen que te ofrecen 10 días pero no te ofrecen más, no sé qué haría yo, pero entiendo que haya gente que lo rechace. Y más todavía en el caso de las 78 plazas abiertas el 6 de enero en Barcelona como un extra porque el termómetro bajó a cero grados, que se cierran cuando sube la temperatura, y ya no son de meses, son de dos o tres días. El ayuntamiento ha informado de que al final mantendrá estas 78 plazas hasta marzo.

"Que alguien de fiesta beba y orine en la calle cuando tiene una casa donde hacerlo es un problema de convivencia. Cuando alguien no tiene un espacio donde pueda beber ni un lavabo al que ir, no es un problema de civismo"

Arrels no está contenta con la ordenanza de convivencia.

No. Siempre hemos reivindicado que las actividades de personas sinhogar en la calle no son un problema de convivencia, es otra cosa. Que alguien de fiesta beba y orine en la calle cuando tiene una casa donde hacerlo, eso es un problema de convivencia. Cuando alguien no tiene un espacio donde pueda beber ni un lavabo al que ir, porque en la ciudad no hay lavabos a los que ir, no es un problema de civismo, de seguridad, de limpieza. Es un problema de atención social. La nueva ordenanza sigue sancionándo esas conductas. Un reglamento todavía pendiente debe fijar alternativas a esas sanciones, aunque ni siquiera compartimos que existan. Creemos que sencillamente no debería sancionarse a los sinhogar. Algunas personas que viven en la calle tienen multas acumuladas de hasta 20.000 euros. Por orinar o beber en la calle, por dormir en un banco.

¿Seguimos evitando mirar a la gente que vive en la calle?

Se hace difícil no mirarlos.

Los niños se fijan más y no lo entienden.

Los niños te preguntan qué podemos hacer. Y les digo que algo tan sencillo como saludarles. Depende de qué adulto se frena, y dice y si me contesta mal, y si es violento.

"Los niños te preguntan qué podemos hacer con las personas que viven en la calle. Y les digo que algo tan sencillo como saludarles"

Las cifras de la labor de Arrels se incrementan como lo hace el grupo de gente a la que atiende.

Sobre todo se ha incrementado la atención en la calle y en centro abierto. Durante 2025, atendimos a 3.337 personas, 108 más que el año anterior. El 88% son hombres y el 12%, mujeres. A 1.524 personas las hemos atendido por primera vez.

La entidad funciona con aportaciones privadas y ayudas públicas.

Más privadas que públicas. El 70% de nuestros ingresos son donaciones privadas. Y es muy necesario para nosotros. Necesitamos ese compromiso de la ciudadanía.

¿Cuándo ve a esos alcaldes que defienden dificultar el empadronamiento y el acceso de inmigrantes a vivienda social, qué opina?

Que promueven una vulneración de derechos humanos y de la ley, que dice que hay que empadronar a quien demuestre que vive en una ciudad. No a quien tenga un piso o un contrato de alquiler. Imponer una estancia mínima para acceder a vivienda social va contra la ley de extranjería.

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