Saturación del transporte público
Penas y alegrías en bus: así es el día a día para entrar y salir de Barcelona
Usuarios de los corredores de bus a la capital catalana, desde Vilassar hasta Igualada, relatan la incertidumbre diaria de su trayecto para ir a trabajar o estudiar
NOTICIA | Los buses interurbanos cierran un 2025 de récord y prevén doblar la flota en tres años

Cada día se forman largas colas en Maria Cristina de personas que regresan a casa tras la jornada laboral para intentar coger los autobuses interurbanos. Sucede lo mismo los fines de semana, cuando hay menos expediciones, aún más si tiene lugar algún evento especial, como el encendido de luces de Navidad. / Manu Mitru / EPC

Un breve trabajo de campo basta para tomar el pulso a la situación: colas interminables y autobuses que no llegan o lo hacen llenos hasta los topes marcan el día a día en los distintos municipios y los accesos a Barcelona. Con un trasvase creciente del tren al bus, los usuarios describen un servicio imprevisible, salpicado de algunas mejoras puntuales, en el que el trayecto se ha convertido para muchos en una auténtica lotería diaria para poder llegar a trabajar, estudiar y volver a casa.
Uno de los puntos donde confluyen numerosas líneas y usuarios es Maria Cristina. En este punto, a las 8:30 h de la mañana, Marian Pérez, de 36 años y vecina de toda la vida de Esparreguera, baja del e24 de Monbus. “Se debe saber: lo del bus es un gran problema. Hay largas colas, el servicio no funciona bien… llevamos mucho tiempo así. Collbató, Esparreguera, Olesa… cada vez más personas vienen a vivir a los pueblos. Se debería de tener en cuenta. Trabajamos en Barcelona porque las opciones en los pueblos son más limitadas, aquí está también la grandes empresas”.

A pie de calle se forman las colas para subir al bus interurbano de las miles de personas que cada día acuden a trabajar y estudiar a Barcelona. / Manu Mitru / EPC
Los autobuses, explica Pérez, “pasan a horas distintas y, a veces, si no pasa, pues ahí te quedas”. Las colas de salida, en la avenida Diagonal a la altura de Maria Cristina, “son un espectáculo", lamenta Pérez. La pasajera lamenta que se acabaron mezclando los que iban a Esparreguera con los del Bruc, Vilafranca, Igualada... "El bus viene y abre la puerta, la gente empieza a subir... hay quien se quiere colar, claro, no cabemos todos… El martes fuimos como marionetas de un lado a otro, cuando vino el bus se rompió la cola, y todos discutiendo quién había llegado antes. Saltó quien llevaba ya media hora esperando... al final nos pusimos todos a reír. Es que es un show. La gente no quiere esto, salimos de trabajar y estamos cansados, lo único que quieres es subirte al autobús y poder ir a tu casa”, lamenta.
Pero lo que sucede en un día laboral aún puede ser peor en fin de semana o festivo, cuando los desplazamientos son por motivos también de ocio y el bus cuenta con menos frecuencias. La situación llega a extremos en caso de que haya algún evento especial, como cuando se encendieron las luces de Navidad en el centro de la ciudad. Ese día, muchas personas que esperaban el bus a las 18 horas no llegaron hasta las diez de la noche a su casa.

La cola para subirse al bus y poder volver a casa después de la jornada de trabajo da la vuelta. Los usuarios se arman de paciencia. / Manu Mitru / EPC
"Les enseñamos su ruta"
Durante una pequeña temporada, Marian Pérez decidió trasladarse a la ciudad: “El alquiler es muy alto, el sueldo no llega, te limitas a pagar y a intentar llegar a final de mes”. Aparte de las colas, esta usuaria del autobús aqueja de que los conductores "no están bien formados". “Somos los usuarios que llevamos años cogiendo el bus los que muchas veces les indicamos cómo debe realizar la ruta. Les explicamos que deben venir a la hora exacta, porque muchas veces no pasan, o se equivocan de trayecto. Saben conducir y son amables, pero desconocen cómo realizar el servicio. La empresa no los ha formado”. Lo reafirma Alicia, que debería coger a diario el bus de las 7:50 h en Collbató (el e5 que conecta Igualada con Barcelona), pero "no pasa hasta a lo mejor las 8:15, o a veces ni pasa". Aún así, sigue optando por el autobús y se presenta en la parada por lo menos con media hora de antelación, para subirse al que aparezca, porque allí donde vive, "no hay otra alternativa".

Usuarios del bus interurbano, haciendo cola en Maria Cristina, a la espera de poder subirse y llegar a casa tras la jornada laboral y de estudios. / Manu Mitru / EPC
Los viajeros sí han notado mejoras en algunas líneas en las que desde el pasado septiembre la Generalitat ha empezado a aplicar medidas urgentes o se ha reformulado el servicio aplicando más frecuencias. Damián Pérez llega al centro con el bus procedente de Vilafranca, el e6 con doble piso, y confirma que el servicio ahora "va bien". No es el único, otros usuarios confirman que esta línea "ha mejorado mucho".

El móvil es el principal refugio de las personas que esperan el autobús durante las largas colas para volver a casa. / Manu Mitru / EPC
"He podido dormir"
Aina Plans, profesora de música de 37 años y vecina de Artés, se ha "atrevido" -como ella misma dice- a coger el bus entre Manresa y Barcelona por primera vez tras un tiempo. “Me pasé al coche porque muchas veces el bus de vuelta a Manresa no pasaba. Ahora han ampliado los horarios y me he atrevido a cogerlo de nuevo. Ha ido muy bien, he podido dormir durante el camino”, destaca, para añadir, aún con algo de desconfianza: “a ver mañana como va”.
El bus también se presenta como la opción para muchos usuarios que antes viajaban en Rodalies. Adrià Prados, estudiante de Comercio Internacional de Gelida, usaba la línea R4 del tren para desplazarse a Barcelona. Pero tras el refuerzo de frecuencias en el servicio del bus y ante los continuos problemas en el tren, ha cambiado de opción. “Antes solo había un bus cada hora, pero se han ampliado los horarios. Ha mejorado y la verdad es que el bus me ha salvado”, afirma.

La acera en la plaza Tetuan con Roger de Flor se llena cada mañana: coinciden los usuarios del bus interurbano que vienen cada día a Barcelona por trabajo o estudios con los de los buses regulares de la ciudad. / Manu Mitru / EPC
José María Domínguez, estudiante de derecho de 22 años, también explica que en Igualada "a veces el bus no se presenta o aparece una hora más tarde. Hoy ha ido bien, pero es una lotería". Luego, en la carretera, "los conductores van a toda prisa, está bien porque recortan tiempo de trayecto, pero...", afirma subiendo las cejas, dejando entrever un temor por la seguridad.
A falta de estaciones de autobús, en la ciudad son diversos los puntos en los que los buses forman largas hileras y los usuarios se acumulan en las aceras, lo que dificulta en resto de la circulación y provoca molestias en los vecinos.

Usuarios del bus interurbano que vienen cada dia a Barcelona por trabajo o estudios. A falta de estaciones de buses, bajan en la plaza Tetuan con Roger de Flor y copan la acera. Se trata de algo que se repite en diversos puntos de la ciudad y que ha provocado la queja de los vecinos. / Manu Mitru / EPC
De Tetuan hacia el Maresme
Por Maria Cristina llegan los del Baix Llobregat Nord e Igualada; y por Meridiana y Sagrera van parando los del Vallès y Osona. Otro de los diversos puntos candentes es la plaza Tetuán, por donde pasan los buses que conectan con el Maresme. Aquí los problemas se repiten. Bernat Sánchez, de 26 años y vecino de Vilassar de Dalt, explica que el servicio depende mucho de los días: “Hay gran variabilidad, algunos va bien, otros no. Vas muy apretado, con gente todo el rato de pie, es muy incómodo”.
Como antiguo usuario de la R1 de Rodalies, decidió pasarse al autobús hace “dos o tres años” por las incidencias en el tren, pero asegura que desde entonces “el bus ha empeorado mucho” porque cada vez “hay mucha más gente”. También una trabajadora de una tienda, de 43 años, lamenta que el servicio “va fatal, sobre todo los sábados”, cuando los autobuses llegan “desde plaza Catalunya ya supercargados y no podemos subir". Con el pasaje de pie, "si hay un accidente nos vamos todos al suelo”, exclama. “Nosotros estamos trabajando y somos los últimos en entrar”, se queja, y recuerda que durante las pasadas Navidades, saliendo de trabajar a las 20.30 horas, no llegaba a casa “hasta pasadas las once de la noche”.
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