Malestar en Nou Barris
Cuatro meses de apagones frecuentes hartan a la Prosperitat: “Nunca había echado tanto a faltar la luz”
Los recurrentes cortes de suministro desde que un transformador se incendió ponen en riesgo a mayores y dependientes del barrio barcelonés, como Gabriela Jiménez, que se recluye sola en casa y sin teleasistencia cuando la incidencia reaparece
MANIFESTACIÓN | Protesta por los cortes de luz en la Prosperitat

Gabriela Jiménez, alumbrada con una linterna en su piso de la Prosperitat, en Barcelona. / Manu Mitru / EPC

“Vine con 27 años aquí, cuando me casé, tengo ya 89 y nunca había echado tanto a faltar la luz”, se sincera Gabriela Jiménez, afincada desde hace 62 años en un piso en el que ahora vive sola en la Prosperitat, en Barcelona. El barrio anda indignado desde hace cuatro meses, por unos apagones tozudos en reaparecer a capricho en ocho calles, a menudo durante varias horas seguidas. Sucede desde que un transformador ubicado bajo un bloque se incendió el 22 de septiembre. “No recuerdo que algo así hubiera pasado antes -atestigua Gabriela-. Podía ser que nos quedásemos a oscuras alguna vez, quizá por una avería… Pero como ahora, nunca”.
El lunes pasado, varias decenas de vecinos se manifestaron para reclamar soluciones a los cortes frecuentes, que han sumido en la oscuridad y el frío a centenares de afectados con una frecuencia desquiciante. Además, los afectados subrayan que los reiterados fallos han puesto en riesgo a quienes dependen de aparatos que velan por la salud. Es justo lo que le ocurre a Gabriela: está lúcida de mente, pero padece de movilidad reducida y vive conectada a la teleasistencia, un hilo de protección frente a eventuales tropiezos y achaques, que se rompe cuando el fluido se desvanece.

Manifestación de vecinos de la Prosperitat que piden una solución para los cortes de luz que sufren y el traslado de un transformador que se incendió en septiembre. / Manu Mitru
“Esto vale mucho para mí”, aprecia Gabriela, sosteniendo la medalla con el botón rojo que lleva al cuello. En caso de apuro, lo aprieta para que los equipos de emergencias la socorran. “Mejor que no deba usarla, pero me va muy bien, incluso me ducho con ella y me avisa cuando se va la luz”, desgrana.
Al caer la electricidad, el dispositivo que tiene en casa emite un mensaje para advertir que la conexión con los agentes del servicio de ayuda a distancia se ha perdido por falta de suministro. El aviso se ha repetido demasiado últimamente: a lo largo de la semana pasada y al igual que otros vecinos, Gabriela se quedó sin corriente durante largos lapsos en cuatro días consecutivos. Cuenta que, en más de una ocasión, se marchó hacia el mediodía y no regresó hasta la madrugada.

Gabriela Jiménez muestra la medalla de la teleasistencia que lleva colgada. / Manu Mitru / EPC
“Pienso que, como tenga una urgencia y con lo mayor que soy, no me voy a valer”, teme la mujer. Da fe de que, cada vez que resurge la incidencia que mortifica a la Prosperitat, se queda aislada: “Ni me va el ascensor para bajar ni puedo llamar, porque también me quedo sin teléfono fijo… La verdad es que el botón es una compañía. Si estoy en el baño y me caigo o pasa lo que sea, pico y me contestan por el aparato. No ha llegado a pasar cuando la luz se ha ido, pero podría haber pasado”.
“Pienso que, como tenga una urgencia y con lo mayor que soy, no me voy a valer”
Paseos frustrados
Berta Debés es nieta de Gabriela. Tiene por costumbre ir los martes y los jueves a ver a la abuela y ayudarle a salir de casa con su silla de ruedas. “Me da un paseíto y aprovecho para ir a comprar algo”, agradece la anciana. No obstante, Gabriela ha tenido que suspender las salidas en varias ocasiones al saltar los plomos. Sin ascensor, es incapaz de bajar a la calle. Entonces no le queda otra que recluirse en el piso.
“Nos ha pasado muchas veces que no hemos podido salir”, expresa Berta. En octubre pasado, un apagón sorprendió a Gabriela al volver a casa con su hijo, que se las vio y se las deseó para subir a su madre y la silla por tres plantas y en penumbra.

Gabriela Jiménez, con la pancarta que ha colgado en casa para pedir el traslado del transformador de la Prosperitat, en Barcelona. / Manu Mitru / EPC
La familia se declara intranquila porque la abuela pueda lastimarse cuando la electricidad flaquea. “Hay muchos peligros y, sin luz, se incrementa por mil que pueda caerse”, alerta Berta, a lo que suma la preocupación porque “esté tanto rato sin luz, aburrida y con frío”. La joven plasmó su inquietud en una carta que envió a EL PERIÓDICO. “Esto no es solo una incomodidad, es un riesgo real para su salud y su vida”, escribió. “¿Qué tiene que pasar para que se actúe? ¿Es necesario que ocurra una desgracia para que se garantice un suministro eléctrico digno en un barrio de Barcelona?”, se pregunta.
"¿Es necesario que ocurra una desgracia para que se garantice un suministro eléctrico digno en un barrio de Barcelona?"
Avisos por urgencias
Casi 500 personas se han unido a un grupo de whatsapp creado en la zona damnificada. “Hay gente que tiene que llamarnos porque es mayor y no funciona el ascensor, con lo que los vecinos vamos para ayudar, y también han avisado si se han quedado atrapados al irse la luz”, comenta Paco, activo en las protestas por los apagones. En su caso, duerme enganchado a una máquina porque padece apnea del sueño. No ha visto más remedio que comprar un pequeño generador para no verse en peligro si la corriente decae de noche.
Según las respuestas que los afectados comparten, la eléctrica les contesta que efectúa comprobaciones ante sus reclamaciones o, en otros casos, que podrían tener derecho a un descuento en la factura, sin compensaciones por mayores consecuencias. “Endesa no asume nada y lo tenemos que pagar nosotros”, se quejan en la calle.

Berta Debés, en primer plano, con su abuela Gabriela Jiménez al fondo. / Manu Mitru / EPC
Igual que otros, Nuri hace recuento de daños: “He tenido que tirar comida, se me ha estropeado el portátil, he perdido los archivos de la torre...”. En paralelo, los trabajadores de la farmacia se han visto en la necesidad de acudir en ocasiones a deshoras para comprobar si la nevera del establecimiento se había apagado, a riesgo de que se echaran a perder medicamentos. “Son caros y algunos se han tenido que llevar a reciclar”, señala César.
Esta semana no se han registrado apagones en el barrio, al menos que hayan sido amplios, a diferencia de días atrás. “Es que la semana pasada bajaron mucho las temperaturas y, cuando hace frío, es un caos”, afirman los miembros de la comisión vecinal que no han dejado de pintar pancartas, extendidas contra los cortes. “Cuando haya frío, volveremos a lo mismo”, sospechan.
Endesa defiende que el transformador debe sustituirse sin cambiar de ubicación, mientras los vecinos reclaman que se traslade por seguridad
Bajo un bloque
¿Pero cómo es que el fluido todavía anda renqueante casi cuatro meses después de que explotara y ardiera una estación de transformación? Endesa responde que el centro que se halla bajo un bloque debe sustituirse tras el siniestro, pero alega que la propiedad del taller por donde podría acceder para reemplazarlo no le permite la entrada.
Por su parte, los vecinos movilizados respaldan a la titular y niegan que se trate de un pulso arbitrario. “Pedimos el traslado del transformador, porque donde está no es seguro”, observa la presidenta de la Asociación de Vecinos de la Prosperitat, Meri López.
La reubicación no entra en los planes de Endesa, que defiende que el actual emplazamiento es estratégico. “No tienen acceso directo, solo uno pequeño para arreglos sencillos, ahora deberían abrir una pared para entrar, es una ilegalidad no haber previsto un paso", acusa López. "Cuando el incendio, los Bomberos no podían acceder, de ahí el miedo de los vecinos”, abunda.

Gabriela Jiménez, en su domicilio en el barrio de la Prosperitat, en Barcelona. / Manu Mitru / EPC
Mientras la disputa se dirime, Endesa empalma a los abonados perjudicados a otras instalaciones de la red convencional y asegura que proyecta más trabajos para prevenir incidencias. En cambio, la asociación de vecinos pide transformadores portátiles como remedio provisional. Por su parte, el distrito de Nou Barris dice que está mediando entre ambas partes, al tiempo que insta a la compañía a garantizar el abastecimiento y la seguridad de su red.
Gabriela da cuenta de las veces que ha tenido que lavarse a duras penas con agua fría, cenar con velas y agarrarse a la linterna que le han regalado para no dar un traspié por la noche. “Es como si viviese el día del gran apagón muchas veces”, compara su nieta. “Siendo tan mayor y tal como estoy, es muy crudo que me quede sin luz”, lamenta Gabriela.
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