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Del siglo XIX

Las grúas empiezan a derribar las últimas casas de los militares de la Ciutadella que quedaban en pie en Barcelona

La maquinaria pesada acude al vetusto bloque deshabitado de la calle Wellington para reducirlo a añicos y ampliar el campus de la UPF

Falta concretar qué edificios se levantarán en el solar de 3.300 m2 cuando la demolición acabe en mes y medio

De las tropas del siglo XIX a los científicos del futuro: así se convirtieron unos cuarteles en campus en Barcelona

Llegada de la maquinaria pesada a la calle Wellington para el derribo de las antiguas casas militares del campus de la UPF

Llegada de la maquinaria pesada a la calle Wellington para el derribo de las antiguas casas militares del campus de la UPF / Ferran Nadeu / EPC

Jordi Ribalaygue

Jordi Ribalaygue

Barcelona
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Las últimas viviendas del Ejército en el extinto acuartelamiento de la Ciutadella han empezado a echarse abajo este miércoles en Barcelona. Las excavadoras y las grúas han llegado durante la mañana y, tras colocar mallas de prevención, han comenzado a derribar el último vestigio en pie y sin reconvertir que queda de los cuarteles de Jaume I y Roger de Llúria.

Construidos en el último tercio del siglo XIX, los inmuebles del antiguo asentamiento militar empezaron a remodelarse tres décadas atrás para albergar un campus de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Tras medio año de labores preparatorias, la última manzana con cinco escaleras de domicilios para militares, sus familias y descendientes ya ha comenzado a desaparecer bajo la piqueta en la calle Wellington, entre el Zoo y las facultades.

El antiguo bloque de pisos para militares que se derriba en Barcelona

Mapa con la ubicación del edificio de antiguas viviendas del Ejército que se demuele para ampliar el campus de la Universitat Pompeu Fabra

La UPF promueve la demolición del bloque decimonónico, del que dispone desde 1992, al igual que el resto de instalaciones que el Ministerio de Defensa le cedió en la Ciutadella coincidiendo con el año olímpico. La institución tuvo que aguardar a que los domicilios quedaran desiertos por completo.

El último se deshabitó hace unos tres años, cuando lo abandonó la nieta de un militar, que se quedó sola en el edificio. La universidad asumió la responsabilidad de realojar a los residentes. Con esta obra, la UPF culminará la reforma de la antigua base militar, que se erigió tiempo después de que se demolieran las murallas de la ciudadela, símbolo de represión sobre la población de Barcelona tras la Guerra de Sucesión del siglo XVIII y hasta que dejó de encorsetar a la ciudad en 1868.

La universidad estudió repetir la misma operación que en otras dependencias en que las tropas se acantonaban y rehabilitar el bloque para conservarlo e integrarlo transformado con el resto del campus. Cuando menos, sopesó preservar la fachada. No obstante, descartó la posibilidad por el grave estado de degradación de la finca y la dificultad de desmontar su fragmentada distribución interior, explicó el vicerrector adjunto de la UPF, Pablo Pareja, a EL PERIÓDICO en noviembre pasado.

Un descampado por llenar

La universidad calcula que el rastro del vetusto edificio se habrá borrado en cosa de mes y medio. Por entonces, se espera que no quede más que un descampado donde los domicilios se han alzado durante más de un siglo y medio. Unos 320 sillares de las antiguas canteras de Montjuïc, con un peso de 400 toneladas, se trasladan a depósitos del Ayuntamiento de Barcelona para reutilizarlos en restauraciones de otros inmuebles de la ciudad. La piedra extraída de la montaña es la materia prima de numerosas construcciones históricas de la urbe.

Desprendiéndose del bloque, la universidad ganará terreno para ampliar su complejo. Falta por saber qué se emplazará en el solar de 3.300 metros cuadrados despejados tras reducir la manzana a cascotes. La UPF ha comentado que sopesa crear espacios que favorezcan el trabajo interdisciplinar entre sus departamentos y abiertos a la sociedad, entidades y colectivos universitarios. También se plantea proyectar instalaciones para los estudiantes de doctorando y una posible ampliación de la sede de la Fundación Pasqual Maragall. A su vez, reserva el 30% de la parcela para zonas verdes, que escasean en el campus.

En una estimación ideal, la universidad quisiera que las nuevas construcciones se finalicen en 2029. Antes, convocará un concurso arquitectónico para diseñar las futuras edificaciones. El bloque de pisos de los militares que se está haciendo añicos es colindante con la superficie del antiguo Mercat del Peix. Allí se levantarán las tres sedes de la Ciutadella del Coneixement. La UPF confía en que los centros dotados para acoger a 1.200 investigadores estén listos en el primer trimestre de 2027 y vayan ocupándose de manera progresiva.

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