El (pos)centenario del transporte subterráneo
Cómo el metro fue decisivo para que Barcelona frenara el golpe de Estado de 1936
Dos compañías de Guardias de Asalto, fieles a la República, utilizaron los túneles del suburbano para arrebatar la plaza de Catalunya a los facciosos
19-J: la batalla de Barcelona
Las heridas de guerra de la plaza Catalunya
Un romance en tiempos de guerra
El metro cumple 100 años

Histórica fotografía de Agustí Centelles de una escena de la resistencia republicana ante el golpe de Estado, el 19 de julio de1936 en Barcelona. / AGUSTI CENTELLES

El 19 de julio de 1936, Barcelona logró doblegar a los sublevados que pretendían tomar la ciudad y apoyar así el golpe de Estado con el que parte del Ejército español se propuso derrocar al Gobierno de la República. Un golpe que provocó la Guerra Civil española y que llevó a 40 años de dictadura en España. Pero ese 19 de julio, la capital catalana resistió.
Como se ha recalcado durante los 90 años transcurridos desde entonces, no solo la dura lucha de la resistencia obrera y anarquista fue clave, también las tropas y fuerzas policiales que se mantuvieron leales al Gobierno republicano fueron decisivas para que Barcelona aguantara. Pero hay un elemento que no suele destacarse: el papel que el Metro de la ciudad jugó en este asunto.
El centenario del metro
Barcelona ha celebrado durante el 2025 el centenario del Metro de la ciudad, partiendo de la fecha de entrada en funcionamiento del Gran Metropolitano, la actual Línea 3, cuyo tramo entre las estaciones de Lesseps y plaza de Catalunya fue inaugurado el 30 de diciembre de 1924. Muchos han sido los actos que se han hecho para recordarlo, pero Ferran Armengol subraya que el del metro es “un episodio poco conocido”, que, dice, no ha recibido la atención necesaria.
Armengol es profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universitat de Barcelona y presidente de la Coordinadora pro Museu del Transport de Barcelona. Está escribiendo un libro sobre la historia del Metro de Barcelona. Afirma que en el asunto del metro fue fundamental, como lo fue en toda aquella jornada, la intervención del entonces Comissari General d’Ordre Públic de la Generalitat, Frederic Escofet.
El colmado de Bruselas
“Escofet lo explica con todo lujo de detalle. Creo que fue el remate de la situación. Si controlabas la plaza de Catalunya, controlabas Barcelona”, prosigue Armengol. En efecto, Escofet explicó paso por paso la maniobra que permitió que los leales a la República llegaran a la plaza por su subsuelo y se enfrentaran así con garantías con los sublevados.
Lo hizo en un libro publicado en 1984 por Argos Vergara, de título ‘De una derrota a una victoria. 6 de octubre de 1934-19 de julio de 1936’, obra que firmó como Federico. Escofet, un personaje extrovertido y peculiar, había vuelto en 1978 del exilio, que pasó en Bruselas, al frente de un colmado que se llamaba Costa Brava.
El plan
“Con el comandante Guarner (coronel Vicenç Guarner, exiliado en Marruecos y México después de la guerra), examiné y discutí cómo podría ser recuperada la plaza de Catalunya por las fuerzas leales del coronel Escobar (Antonio Escobar, fusilado por el régimen franquista tras la contienda siendo general tras rechazar una oferta para escapar a Portugal), explica Escofet en el libro, en el que califica de “arriesgado” invadir el espacio por la superficie, por Ronda de Sant Pere, el paseo de Gràcia y la Rambla de Catalunya, ante la presencia de tropas rebeldes.
“Se me ocurrió una idea tan original como arriesgada, que de ser factible, facilitaría eficazmente la misión encomendada al coronel Escobar”, prosiguió. “Esta idea consistía en hacer entrar un buen contingente de guardias de Seguridad o de Asalto en el Metro, que a través del túnel podía conducirles a la estación de la plaza de Catalunya”.
Elegir la mejor vía
Escofet, que estaba en la prefectura policial de Via Laietana, 43, con el ‘president’ Lluís Companys y el diputado en el Parlament Josep Tarradellas, relata cómo no podía saber si las estaciones de la plaza estaban ocupadas por los rebeldes, pero consideró que incluso en ese caso el factor sorpresa sería favorable. El subsuelo de la plaza, recuerda el autor, estaba surcado por el Metro Transversal (actual Línea 1), los Ferrocarriles del Norte (actual Renfe), el Gran Metro (actual Línea 3) y el Ferrocarril de Sarrià (hoy Ferrocarriles de la Generalitat).. Había cuatro bocas a la calle del Metro Transversal; cuatro del Gran Metro; dos de los Ferrocarrils de Sarrià –en la calle de Bergara y en Pelai con Bergara-, y una salida conjunta del Gran Metro y Ferrocarrils de Sarrià tocando a Pelai.
Lo lógico, indica Escofet, era elegir el Metro Transversal para que los soldados llegaran más rápido a la plaza, pero eso obligaba a entrar por bocas de la plaza de Urquinaona, lo que exponía más fácilmente al fuego enemigo. Finalmente se recurrió al Gran Metro, que permitía la entrada por la boca de Via Laietana con Jonqueres, protegida de las vistas rebeldes, aunque eso supuso un trayecto “muchísimo más largo”-
El comandante Gómez
El comandante Enrique Gómez García, jefe del 16º Grupo de Asalto, dirigió a los 120 hombres –dos compañías- que se metieron en los túneles, que los recorrieron desde la boca de Jonqueres hasta la estación de Aragó y de allí hasta la plaza de Catalunya. No encontraron más oposición que la de un empleado del metro que, dice Escofet, “se puso a disposición del comandante después de unos momentos de duda”. En silencio, precedidos por algunos exploradores, las dos compañías llegaron a la plaza a la una de la tarde. Encontraron “desierta” la estación.
De algunas bocas no se encontró la llave, por lo que los 120 hombres pudieron salir a la plaza por las de Pelai, de la Rambla, una situada ante la Banca Arnús y otra en Bergara. Lo primeros en salir se toparon con una plaza de Catalunya vacía de actividad y llena de soldados, civiles y caballos muertos. Empezó entonces el enfrentamiento con los rebeldes y el resto es historia conocida.
Companys, a casa
Ganada la plaza, explica Escofet, se dirigió a Companys: “Presidente, tengo el honor de poderle anunciar que considero la rebelión militar virtualmente vencida. (…) Su presencia en este despacho ya no es necesaria”. Y entonces los tres, junto a Tarradellas, se fueron al Palau de la Generalitat.
Escofet no solo se explicó en ese libro. Fue uno de los muchos participantes en el documental ‘La vieja memoria’, en el que se aprecia el vigor que debió de regir toda su vida.
A Bruselas, al exilio, llegó dejando detrás a su familia. Se fue con la que acabó denominando su esposa, aunque fuera un amor furtivo, Carme Trilla, que murió en 1946 a resultas de las heridas que un bombardeo del Ejército alemán le causó en la cabeza. Una historia de novela que dio pie a una, ‘Después del amor’, de Sonsoles Ónega (Planeta, 2017), más centrada en Trilla que en Escofet.
Trayectoria
Hijo de Cadaqués, Escofet renunció de muy joven al destino industrial de su adinerada familia para hacerse militar. Combatió con el Ejército español en Marruecos, donde resultó herido, y con el tiempo sintió que su catalanidad le generaba contradicciones y acabó ingresando en los Mossos de Esquadra. Comissari d’Ordre Públic ya en 1934, como copartícipe de los llamados Fets del 6 d’Octubre, cuando el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó el Estado catalán dentro de la República española, fue detenido y condenado a muerte, pena que luego le fue conmutada por la cárcel, que eludió gracias a la amnistía dictada por el Gobierno central de izquierdas que salió de las urnas en febrero de 1936.
Tampoco en julio de ese año acabó muy bien. La persecución anarquista, por sus gestiones a favor de personas religiosas, acabó poniendo su vida en peligro, y Companys le mandó a Francia para protegerle. Al final, explicó Xavier Febrés, su biógrafo, dedicaba gran parte de su vida en el colmado a hablar de la guerra con quien le visitara. Murió en Barcelona en 1987 a los 88 años.
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