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Obituario en el Zoológico

Muere Susi, heredera de una dinastía de matriarcas proboscidias y penúltima elefanta que hollará Barcelona

El decano de los museos de Barcelona renace con 'La invención del tiempo', una expo que encandilaría a H.G. Wells

Susi, Bully (la más narizotas) y Yoyo, en 2013, cuando ya habían consolidado una buena convivencia.

Susi, Bully (la más narizotas) y Yoyo, en 2013, cuando ya habían consolidado una buena convivencia. / RICARD CUGAT

Carles Cols

Carles Cols

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Ha muerto Susi, el penúltimo elefante que hollará las tierras de Barcelona. Era una hembra. De hecho, si algo caracteriza la historia de esta especie en la ciudad es que ha sido casi siempre un matriarcado. Incluso L’Avi (1873-1914), ejemplar siempre citado, era también una elefanta. En realidad, se llamaba Baby, pero el inglés eran una lengua demasiado extraña entonces en esta ciudad y el nombre se pronunció tantas veces mal que el pobre animal sufrió ese travestismo lingüístico. Desde entonces, han residido en el zoo local Perla, Júlia, Noia, Alícia, Guba, Baldufa, Kika…, cada una con su particular historia. La primera de esa parcial lista de siete ejemplares, por ejemplo, llegó como refugiada de Alemania cuando Hitler comenzaba a perder la guerra. La última murió dos días después de una visita de Franco. Pero si algo encarna Susi es que por su trayectoria, nacida en libertad hace unos 55 años, se ha convertido en una bandera de los grupos animalistas en su lucha por clausurar los zoológicos, una meta que parcialmente han conquistado. Con el deceso, el título de la última elefanta de Barcelona recae ahora en Bully. Suyo será, cuando corresponda, el punto final.

Sobre la causa de la muerte no hay mucho que contar. Era muy anciana. Con más de medio siglo de vida, Susi había superado con creces la longevidad habitual de esta especie en libertad. La semana pasada, sin ir más lejos, murió en Kenia Craig, un elefante que era todo un símbolo nacional y, también, toda una sorpresa, pues los responsables del Parque Nacional de Amboseli no daban crédito a que hubiera llegado a la anciana edad de 54 años.

Perla, la elefanta procedente de la Alemania nazi, es recibida con honores en Barcelona en 1944.

Perla, la elefanta procedente de la Alemania nazi, es recibida con honores en Barcelona en 1944. / Archivo

Pero esa otra historia. La de Susi fue el anverso de la moneda. Capturada en 1973, sus primeros ocho años de vida en España, en un parque temático de Benidorm, fueron de una exasperante tristeza. Era la única de especie. No podía estar más sola. Viajó a Barcelona en 2002 con el deseo de que hiciera amistad con Alícia, una elefanta que había recalado en el zoo también tras su paso por un parque de exhibición, y la agradable noticia es que congeniaron la mar de bien. El zoo comenzaba a escribir sus primeros párrafos científicos sobre el manejo adecuado de proboscidios en cautividad.

Todo se torció, sin embargo, en 2008. Fruto de esas insensateces que en ocasiones muestran los humanos, Alícia se atragantó fatalmente con unos juguetes. Hubo que practicarle la eutanasia. Según la versión de los grupos animalistas, fue dormida con dardos y, lo que es peor, para trasladar después el cadáver fue necesario primero trocearlo. Quizá exageraron. Si no es así, lo seguro es que Susi presenció aquel bestial final.

El millonario Muley Afid, tras la valla, contempla a 'Baby', la elefanta que donó a Barcelona.

El millonario Muley Afid, tras la valla, contempla a 'Baby', la elefanta que donó a Barcelona. / Archivo

Murió Alícia, pero nació una causa, la de Susi. El zoo trabajó para que no estuviera sola y, sobre todo, se empeñó en ir más allá en el correcto cuidado de este tipo de animal en ausencia de libertad. Susi pronto comenzó a socializar de nuevo y con congéneres de su especie que llegaban con una mochila de traumas notable. Llegó con heridas físicas y psíquicas Yoyo, que había pasado parte de su vida en un circo y después por Rioleón Safari (Tarragona). Y llegó Bully, con más traumas aún, pues cuando dejó la terrible disciplina de un circo mundial y le buscaron un hogar en Valencia, sufrió el rechazo del grupo. Barcelona era casi su última oportunidad y, tal y como puede acreditar el zoo, el trío de elefantas encontró, si no un santuario, sí como mínimo un hogar geriátrico de excelentes cuidados.

Eso no fue obstáculo para que en 2021 el nombre de Susi volviera a los titulares. TV3 rodó y emitió un programa de gran impacto en las redes sociales, ‘Susi, una elefanta en la habitación’. Era un disparo directo a la línea de flotación del zoo en un momento en el que se discutía muy a fondo la posibilidad incluso de desmantelar la parte de su colección, comenzando por los delfines, y reducirla básicamente a especies autóctonas. Se recogieron firmas para trasladar a las tres elefantas a un recinto de muy mayores dimensiones en el sur de Francia. La campaña no fue más allá de eso, de recoger firmas. Yoyo murió el año pasado, también con más de medio siglo de vida. Susi, este enero de 2026, con una edad que en las casas de apuestas se habría pagado para ir a comer de lujo. Solo queda Bully, salvo que mucho cambie la dinámica del planeta, la última elefanta de Barcelona.

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