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Tras la muerte de un hombre que dormía en la calle

El miedo al desarraigo aleja a los sintecho de Badalona del dispositivo contra el frío: "Cada noche rezo para vivir un día más"

Personas sin hogar explican a EL PERIÓDICO a pie de calle sus dificultades para enrolarse al operativo de Servicios Sociales

CONTEXTO | Una persona sin hogar muere en la entrada de un párking de Badalona en plena ola de frío

AYUDA | El sintecho muerto en Badalona en plena ola de frío estuvo en el radar de Servicios Sociales pero rechazó la ayuda

Antonio es una persona sin hogar que vive en los alrededores el mercado Torner de Badalona.

Antonio es una persona sin hogar que vive en los alrededores el mercado Torner de Badalona. / MANU MITRU

Gerardo Santos

Gerardo Santos

Badalona
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La muerte, este Día de Reyes, de una persona que dormía en la calle en Badalona ha sacudido a la ciudad en un contexto que ya venía marcado por la polémica respecto al desalojo del instituto B9 y la posterior activación de la 'Operación Frío' a cargo del ayuntamiento liderado por el alcalde Xavier Garcia Albiol. Tanto las entidades sociales como la oposición han cargado duramente contra el dispositivo municipal por la ola de frío. Las propias personas sin hogar en la ciudad explican a EL PERIÓDICO, a pie de calle y un día después del fallecimiento, que el miedo a abandonar sus pertenencias en la calle los aleja del dispositivo contra el frío.

Es el caso de Antonio, que a 63 años de edad no acierta a recordar cuantos años hace que duerme al raso. Pernocta en las inmediaciones del mercado Torner, en el barrio del Progrés: "No puedo dejar todo esto aquí, porque me lo pueden robar", explica, señalando sus exiguas pertenencias, entre las cuales dos sillas, un colchón y multitud de mantas y cajas de fruta.

El lugar donde pernocta Antonio es la última parada de la ruta que este miércoles, como cada semana desde hace años, realiza Jaume Ventura, de la entidad Justicia i Pau y de Badalona Acull, para dar alimentos básicos a personas necesitadas de la ciudad. Le motivan para hacerlo su moral y ética cristiana, así como su compromiso para reducir el derroche de alimentos: "No dejas de recibir satisfacción por cómo lo agradecen las familias", explica Ventura.

Durante tres horas, recorre Badalona de punta a punta entregando frutas, lácteos, carnes, pan y otros alimentos ―proporcionados por la Fundación Áurea― a más de 30 familias en situación de vulnerabilidad. Algunas de ellas han sufrido sinhogarismo, muchas han sufrido desahucios y otras, como Antonio, directamente duermen por la calle. Él es una de las personas que los Servicios Sociales municipales tienen bajo su radar y, de hecho, gracias al trabajo de su asistente social, acaba de conseguir una ayuda económica que, en unos meses, podría facilitarle salir de la calle. Fue precisamente su asistente social el que le informó del dispositivo en La Colina, al que rechazó ir. De manera análoga, el sintecho que se encontró muerto el martes había sido contactado por los Servicios Sociales municipales, y "había rechazado acogerse a la ayuda municipal", asegura el Ayuntamiento de Badalona.

Un pequeño transistor ayuda a Antonio a pasar las horas en las calles de Badalona, donde vive desde hace años

Un pequeño transistor ayuda a Antonio a pasar las horas en las calles de Badalona, donde vive desde hace años / MANU MITRU

Once personas duermen en el recurso municipal

Desde la noche del domingo 4 de enero, el polideportivo de La Colina está abierto por las noches para acoger a los sintecho que, voluntariamente, se quieran desplazar hasta allí. Aquella primera noche ninguno se acercó, aunque tampoco había mantas ni camas disponibles, lo que despertó furibundas por parte de las entidades sociales y de la oposición. El lunes 5 de enero, ya con la Cruz Roja gestionando el servicio y procurando el material necesario, fueron tres las personas que pasaron allí la noche, y esta noche de martes han sido ocho, según la información facilitada por el Ayuntamiento, que a su vez ha anunciado que el pabellón estará disponible "algunos días más" pese a que "solo es obligatorio si las temperaturas bajan de los dos grados".

Imagen de las pertenencias del hombre que vivía en la calle Torras y Bages de Badalona y que murió este 6 de enero

Imagen de las pertenencias del hombre que vivía en la calle Torras y Bages de Badalona y que murió este 6 de enero / MANU MITRU

Durante la ruta solidaria, Jaume conduce atento por si se cruza con personas que estén en situación de calle. Este miércoles ha ocurrido en dos ocasiones. Primero, un joven senegalés, al que se le ha ofrecido pan y fruta, y que ha aceptado con enorme gratitud y enviando bendiciones. Como suele hacer, Jaume le ha pedido su contacto, le ha explicado que cada miércoles realiza esta ruta y le ha invitado a formar parte de ella de manera regular. Más tarde, a un joven magrebí que rebuscaba en un contenedor se le han ofrecido yogures y pan: "Que Dios os lo pague, muchísimas gracias, muy feliz año", ha contestado, aceptando únicamente el pan.

Antonio se enteró de la muerte del sintecho este día de Reyes por una vecina, que este miércoles por la mañana se le ha acercado y se lo ha explicado: "Cuando me ha visto se ha puesto a llorar, porque me ha dicho que pensaba que era yo el que había muerto". A Juan Manuel, que vivió años en la calle en Badalona y a quien este medio acompañó en una ruta de concienciación por los lugares más representativos del sinhogarismo en la ciudad, la luctuosa noticia le ha "removido por dentro". "Al haber vivido en esa situación, desde ayer no puedo parar de pensar en esta persona, aunque no la conocía", admite el exsintecho, que desde hace un tiempo vive en un piso compartido gracias al trabajo de una de las entidades que forma parte de la Taula Sense Llar de Badalona, la Fundació Llegat Roca i Pi.

Vecinos y comerciantes ayudan día a día a Antonio, que duerme en las inmediaciones del mercado Torner de Badalona

Vecinos y comerciantes ayudan día a día a Antonio, que duerme en las inmediaciones del mercado Torner de Badalona / MANU MITRU

Precisamente a tenor del último recuento de personas sintecho realizado por la Taula Sense Llar, el pasado mes de mayo de 2025, se sabe que al menos 110 personas duermen en las calles de la ciudad. Debajo del puente de la C-31 aún pasan las noches unas 50 personas, muchas provenientes del desalojo del antiguo instituto B9. Pero el número de sintecho se presume aún mayor por parte de entidades como Badalona Acull, dado que muchos no están bajo el radar de los Servicios Sociales. Es por ello que las cifras de asistencia al pabellón de La Colina, "apenas el 3% de las personas que duermen en la calle" según la estimación de Jaume Ventura, preocupa a las entidades sociales. Por su parte, y preguntados por el operativo municipal, desde la Taula Sense Llar hacen constar "que no ha habido planificación ni información previa a las entidades de la Taula por parte del Ayuntamiento".

Desconocimiento del dispositivo

Centenares de metros más al sur de donde malvive Antonio, se encuentra el Pavelló Olímpic, uno de los lugares donde pasan la noche personas sintecho de la ciudad desde hace años, como fue el caso de Juan Manuel en el pasado. Ahí duerme desde hace un par de años Toni, que pasa las horas llenando de dibujos la decena de cuadernos que carga en su mochila. Explica que se vio abocado a dormir al raso tras perder la renta mínima que hasta hace unos años cobraba. Este sintecho no tenía conocimiento alguno de la posibilidad de ir a La Colina a pasar la noche: "Eso está ahí arriba, en el quinto pino, ¿no?", pregunta cuando se le informa. Asegura que esta noche no irá para allá, pese a que ayer no pudo pegar ojo: "Se me hinchaban los dedos, tiritaba", admite. Le quita hierro diciendo que "ya está acostumbrado" y que durante un tiempo pasaba las noches en un bosque cercano a Sabadell. No se fía del dispositivo, no quiere abandonar sus cosas y no quiere compañía, confiesa.

Su tocayo Antonio es muy conocido en el barrio del Progrés y dispone de una mínima red de contactos que le echan una mano. En apenas unos minutos, recibe unos cuantos saludos: "A veces me pagan un menú en el bar, o me preguntan si ya he comido y me dan alguna cosa". Alejarse del Progrés para ir hasta La Colina querría decir perder esta red. Más que el frío, a Antonio y a Toni (y a Juan Manuel, cuando vivía en la calle) lo que más les preocupa es que, durante la noche, alguien les asalte. Antonio dice que tiene un saco de dormir, pero que no se fía de meterse en él por la noche. Quizá se acerca alguien con mala intención y no tiene tiempo de reaccionar, señala: "Cada noche, cuando me tumbo para dormir, me persigno y rezo a Dios para despertarme a la mañana siguiente y vivir un día más", asegura Antonio mientras muestra su rosario. "Dormir en la calle es muy jodido, viejo", sintetiza.

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