Bajo el puente de la C-31
Un asentamiento de un centenar de sintecho se enquista en Badalona en plena Navidad tras el desalojo del B9: "Tenemos frío y miedo"
Algunos rechazaron ser trasladados a otras ciudades para no perder sus pertenencias o directamente por temor a ser deportados
Otras personas que duermen en la calle y que no pasaron por el viejo instituto se han sumado para guarecerse del frío y la lluvia
GALERÍA DE FOTOS | Unos 50 desalojados pasan la Nochebuena bajo un puente en Badalona tras el desalojo del antiguo instituto B9

Voluntarios de distintas entidades privadas reparten comida para la cena de Nochebuena bajo la autopista C-31, donde aún duermen decenas de personas desalojadas del antiguo instituto B9 / Zowy Voeten

Bajo el puente de la autopista C-31 en Badalona, solamente la solidaridad de las entidades sociales que reparten comida y bebida calientes a las personas que ahí malviven puede recordar remotamente que es Navidad. Esta zona de la ciudad, fronteriza con Sant Adrià de Besòs, acoge desde hace más de una semana a decenas de personas que procuran resguardarse del frío y la lluvia, tras ser desalojadas el 17 de diciembre del antiguo instituto B9. "Hace cuatro días que no puedo comprar leche para alimentar a mi hija", lamenta Ousmane, que desde que se desocupó el equipamiento municipal no puede salir a recoger chatarra por la calle, lo que supone la pérdida de lo que era su único sustento vital.
Con el paso de los días, el asentamiento ha ido creciendo, sobre todo por la llegada de otros sintecho de la ciudad que no pasaron por el B9 y que, ante las inclemencias meteorológicas y la falta de un albergue municipal para resguardarse, han decidido trasladarse también bajo el puente. Este viernes 26 de diciembre, diada festiva de Sant Esteve en Catalunya, ya son cerca de un centenar de tiendas de campaña las que resisten a duras penas los envites de las rachas de viento del temporal que azota a la costa catalana. Con temperaturas que apenas superan los 10 grados y una lluvia penetrante, las alrededor de cien personas que malviven bajo el puente luchan para no caer en la desesperación: "Suerte que nos ayudan con la comida", comenta Mamadou, un joven gambiano que duerme en esta parte de la calle desde hace una semana.

Más de 80 tiendas de campaña bajo el puente de la C-31 en Badalona, este 26 de diciembre en / EL PERIÓDICO
Doscientos bocadillos al día
En efecto, el incesante goteo de personas que llegan con bolsas de calzado, ropa, mantas o comida les ayuda a mantener la esperanza. Si bien la gran infraestructura viaria para el primer golpe de la lluvia, abundan las goteras, y el suelo, en el interior de las tiendas, está siempre mojado: "No se puede dormir así", denuncia Alfa, otro de los afectados. Entidades como Cuineres per la Pau, o la Únió per les Segones Oportunitats ―premiada por la ONU hace apenas unos meses por dar empleo y seguridad a un centenar de mujeres― se desviven para atender las necesidades básicas de los refugiados. Reparten un centenar de bocadillos para el almuerzo, y otros tantos para la cena, así como litros de café con leche caliente: "Son unas 20 barras de pan y unos seis litros de leche al día", contabiliza Yolanda Akpoli, fundadora de Unió per les Segones Oportunitats.
Colaboran también miembros de asociaciones vecinales, como es el caso de Estrella: "Tienes que tener el corazón muy duro para no tener empatía con estas personas", afirma, procurando atender en todo momento con una sonrisa a los afectados. Para hacer sus necesidades, los refugiados intentan utilizar los servicios de los bares y restaurantes más cercanos, pero muchos de ellos solo dejan entrar al lavabo a los que pagan una consumición. Poder ducharse o asearse es aún más complejo, ya que para ello se precisa de la solidaridad de personas particulares. En este sentido, el portavoz de la plataforma de entidades Badalona Acull, Carles Sagués, cifra en 16 las familias que han acogido estos días en sus casas a unos 33 de los desalojados del B9.
Entre las penosas condiciones en que pasan los días, Said encuentra espacio para una echar la vista atrás: "En el B9 no podíamos seguir más tiempo", admite este joven gambiano que pasó el último mes en el antiguo instituto. Se muestra consciente de que el asentamiento causaba muchas molestias a los vecinos, así como de que dentro del B9 había "personas que robaban, y personas que eran robadas". No entiende, sin embargo, cómo las diferentes administraciones permiten que más de una semana después sigan "durmiendo en la calle, con lluvia, con frío, con mucho miedo". Said añade una reflexión cuando se le pregunta cuál es la raíz del problema: "Culpo a los líderes políticos africanos". El joven asegura que tras el proceso de descolonización, muchos gobernantes africanos no son más que "marionetas" al servicio de los grandes intereses económicos mundiales, y les acusa de haber sumido en la pobreza a la población de países que son "ricos en recursos".
Temor a ser deportados
"Las condiciones aquí son de estricta subsistencia ―denuncia Sagués―, más allá del gesto que tuvo la Generalitat, las administraciones han dejado prácticamente toda la asistencia en manos del voluntariado". Cuando habla del "gesto" de la Generalitat, Sagués se refiere a que la noche del 23 de diciembre, tras casi una semana a la intemperie, un dispositivo organizado por el Departament de Drets Socials de la Generalitat con la colaboración de los servicios sociales municipales y las entidades sociales se desplazaron hasta el lugar para ofrecer una alternativa a las aproximadamente 140 personas que entonces se refugiaban bajo el viaducto. El operativo, asegura el portavoz de Badalona Acull, se desarrolló "aprisa y de manera improvisada". Apenas tuvieron unos minutos para explicar el operativo a los afectados, que mayoritariamente se mostraron reticentes a "entrar en un coche sin saber a dónde les llevaban".
Finalmente, unas 30 personas que se refugiaban bajo el puente fueron realojadas la noche del 23 de diciembre en otros recursos asistenciales. Entre 70 y 90 decidieron quedarse en la zona, ya fuese por el miedo a no poder cargar sus exiguas pertenencias (a menudo, carros con los que recogen chatarra), o por ir a parar a ciudades lejanas del área de Barcelona donde perderían la ya muy precaria red de contactos que sí tienen en Badalona, o temerosos de acabar en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) o directamente deportados (muchos de los que pasan la noche bajo el puente no disponen de documentación en regla). Así lo aclaran tanto desde las entidades sociales o como el propio Younouss Drame, uno de los expulsados del B9, que en las semanas previas al desalojo ofició como uno de los portavoces del colectivo: "Hay personas que ya tienen trabajo aquí, o que hacen cursos aquí, y si se los llevan a Lleida o a Girona lo pierden".
A este respecto, el alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, ha asegurado que se ha ofrecido una alternativa habitacional a unos 50 o 60 desalojados del B9 que aún quedan por realojar, pero que estos la han rechazado porque "no les ha gustado". Según sostiene el edil, los desalojados no quieren salir de su situación de calle "porque dicen que la alternativa no les gusta. Esa es la realidad de estas personas".
Al día siguiente, 24 de diciembre, tuvo lugar otro dispositivo conjunto, esta vez, de manera más discreta, explican fuentes del Departament de Drets Socials, aunque no aportan cifras exactas de cuántas personas accedieron a abandonar el lugar. Sí lo hacen las entidades que trabajan sobre el terreno: "Serían cuatro o cinco personas más, que básicamente fueron trasladadas con vehículos particulares de miembros de las asociaciones", rubrica Sagués.
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